jueves, 25 de junio de 2009

Garcilaso - Análisis del Soneto XIII

Soneto XIII de Garcilaso De La Vega

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
Tema

Este soneto hace referencia a un mito de la época griega. No olvidemos que ésta es una época donde vuelven a surgir los principios de la cultura antigua, y los mitos griegos y latinos son un tema recurrente.

Según el mito, Apolo y Eros discuten sobre quién es el mejor arquero. Esa discusión los lleva hasta la ofensa del otro, y Eros, toma venganza. Decide flechar a Apolo con las flechas del amor hacia Dafne, ninfa del Bosque. Con ella hace otro tanto, pero en vez de hacerlo con flechas de oro lo hace con las de plomo, que provocan en la víctima el rechazo y desprecio del ser amado. Así Apolo asedia a Dafne, y ella huye de la persecución de Apolo. Cansada de esta persecución, pide ayuda al diosa Gea, que la transforma en laurel.

En este caso, el yo lírico toma la transformación de Dafne y el dolor de Apolo, sin entrar en detalles sobre el rechazo de la primera, es más, ni siquiera habla de la voluntad de Dafne de rechazar a Apolo. De esta manera el tema del soneto queda definido como el dolor por un amor imposible. Y tan inaccesible es ese amor que ya ni siquiera pertenecen a la misma condición, uno tendrá forma humana y mientras la amada será un laurel.

Pero más cruel resulta el castigo, cuando vemos que son las lágrimas del amado las que provocan el crecimiento de esa transformación y por lo tanto el mayor alejamiento. Así cuanto más dolor, más crecimiento del motivo que los separa, según la mirada del yo lírico. Este es un amor imposible que hace inevitable la pena de Apolo, y por lo tanto el crecimiento de Dafne, que se alimenta del dolor de su amado.

Teniendo presente que Apolo es el dios protector de la poesía, y siendo justamente él quien sufre inevitablemente, podemos hacer un paralelismo entre él y el poeta. Garcilaso, casado con una mujer que no amaba y enamorado hasta la locura de una mujer casada (Isabel) que fue la musa inspiradora de todas sus obras, parece identificarse con este dolor insoportable del dios que tan relacionado está con la poesía, y esa mujer que se transforma en una condición irreversible que los separa. Las similitudes con la vida del poeta son reveladoras. Isabel, ya conociendo a Garcilaso y siendo solamente amable con él, se casa con Antonio de Fonseca, en un matrimonio arreglado por la reina. Así como Garcilaso ve que su amor imposible cambia de condición, se transforma en una mujer casada, con un hombre que tal vez no la quiera, de la misma manera, Apolo ve como Dafne se transforma en algo inaccesible para él.

Estructura externa e interna

En cuanto a la estructura externa vemos que este poema es un soneto, es decir un poema de catorce versos endecasílabos (en este caso, ya que podrían ser alejandrinos) con una rima consonante (o total), y estructurado en dos cuartetos (estrofas de cuatro versos) y dos tercetos (estrofas de tres versos).

El esquema de la rima de este poema es A-B-B-A en los cuartetos y C-D-E-C-D-E en los tercetos. Si consideramos solamente las palabras que riman vamos a ver la relación que hay entre ellas y el tema del poema. Toma las últimas palabras de cada verso y pónle una letra que identifique las coincidencias sonoras con otras palabras de final de verso usadas en el poema.

1º cuarteto 2º cuarteto 1º terceto 2º terceto

crecían A cubrían A daño C tamaño C
mostraban B estaban B hacía D día D
tornaban B hincaban B regaba E lloraba E
escurecían A volvían A

Ahora juntemos las letras que marcas esas coincidencias y formemos cinco grupos de palabras.

1º grupo       2º grupo       3º grupo       4º grupo      5º grupo

crecían         mostraban     daño             hacía           regaba
oscurecían   tornaban       tamaño           día              lloraba
cubrían         estaban
volvían        hincaban

Mirando estas palabras, la primera conclusión a sacar es que en su mayoría son verbos en pretérito imperfecto. Este tiempo verbal tiene la particularidad de continuarse hasta el presente. De esta manera, la acción de transformación de la Dafne y el dolor de Apolo se continúan en el tiempo hasta nuestros días. Nada lo detiene, nada lo alivia.

Como segundo aspecto podemos ver que los dos primeros grupos expresan claramente la transformación de Dafne desde su condición humana hasta la de árbol, y este proceso no se detiene jamás. El movimiento, característica del Renacimiento se plasma ahora en este proceso verbal.

También podemos ver la relación obvia que hay entre las palabras “tamaño/daño” y “regaba/lloraba”, ambas hacen referencia a la causa y consecuencia del amor de Apolo.

En cuanto a la estructura interna, podemos ver que los cuartetos hablan de la mujer y la describen relacionándola con la naturaleza y manteniendo un orden visual, tan preciado en el Renacimiento. Y en los tercetos vemos la pena de Apolo, y el tema del poema.

Análisis

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro oscurecían,

El soneto comienza, en el primer cuarteto con la descripción de los brazos y los cabellos, como si el yo lírico viera la transformación desde la arriba hacia abajo.

La referencia a Dafne ubica al lector en el mito griego, siendo ella una figura que identifica a la amada, al objeto amado. Esta referencia se hace a partir de un hipérbaton que es cuando se cambia el orden gramatical lógico de la oración con fines estéticos. Este recurso de estilo es muy apreciado por los poetas del Renacimiento y sobre todo por los del Barroco. Las primeras imágenes se ordenarían, tal vez así: “los brazos ya se mostraban vueltos en luengos ramos y le crecían a Dafne”. Viendo un posible orden lógico podemos descubrir como el yo lírico deja en primera instancia el nombre que ubica al mito. Luego podemos deducir el entrecruzamiento que hay entre los verbos y los sujetos de esos verbos. Los brazos no crecen, se muestran; las ramas no se muestran, sino que crecen. Sin embargo el yo lírico, a través de una enálage (atribución impropia de un verbo a un sustantivo) cambia los verbos y los asocia al sustantivo contrario. De esta manera, la transformación de ella se muestra lenta pero inexorablemente inevitable. Los brazos empiezan a confundirse con las ramas, y ya no hay diferencias entre una y otra. Aquellos bellos brazos blancos que podrían servir para abrazar, ahora se transforman en ramas largas que quedarán quietas, inmovilizadas.

En Dafne no aparece la voluntad de cambio, los brazos “le crecían”, más allá de lo que ella realmente quisiera. Y esta transformación dada por verbos (palabras que reflejan la acción) en tiempos imperfectos (que se proyectan a un presente) quedan selladas por el adverbio “ya”. Dafne no se transformó, se está transformando, y esto deja atrapado al yo lírico, y a Apolo, porque mientras esa transformación siga, el amante está imposibilitado de perder las esperanzas y por lo tanto es preso de su dolor y de su amada.

El hipérbaton y la enálage también se muestran en las siguientes imágenes como en toda la descripción de la amada. Las imágenes se ordenarían, tal vez así: “vi los cabellos que se tonaban en verdes hojas que oscurecían el oro”. En este caso, las verdes hojas quedan al principio del verso igualándose con los cabellos, lo mismo pasa con los verbos. Pero ambos verbos están cruzados, y los cabellos son los que deberían tornarse, y las hojas son las que lo oscurecen. Así la belleza del color de los cabellos se vuelve a un color natural como el verde, pero no tan preciado y bello como el oro, adquiriendo esta metáfora del oro una dimensión más preciosa, aún si pensamos que en el Renacimiento y para España, este metal es un objeto muy deseado (recordemos la conquista de América). La amada va perdiendo su belleza humana, y si bien adquiere la belleza de lo natural, esto nunca será tan apreciado como la belleza de la mujer. No olvidemos que en el Renacimiento, si bien la naturaleza es un tema recurrente, nunca estará por encima del hombre, sino que lo acompaña armoniosamente.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

El segundo cuarteto muestra las extremidades inferiores de Dafne. Por medio de la enálage la corteza y los tiernos miembros se mezclan, se amalgaman, se vuelven inseparables uno de otro.

El yo lírico agrega a esta descripción el elemento emocional a través de los adjetivos “áspera” y “tiernas”. Parecería que su sentir comienza a verse a causa de la desesperación que provoca la inexorable transformación. Los miembros, es decir sus piernas tiernas porque abrigaban el calor de la intimidad femenina, y que antes eran suaves al tacto y bellas a la vista, ahora se transforman en ásperas, no sólo por el tacto, sino por lo que niegan al amado, al volverse corteza. En la misma línea antitética (es decir contraria) de áspera/tierna, aparece el color de la corteza marrón y el blanco que sugieren sus piernas. Todo se oscurece, todo se vuelve del color de la pena de Apolo. Y es la metáfora “aún bullendo” que vuelven insoportable el dolor, porque si bulle, nunca se detiene. No puede evitarse, aunque se quiera, y hasta ese momento (¿hasta este momento?) continúa transformándose.

Algo parecido a la imagen anterior pasa con los pies y las raíces, que están presentadas por adjetivos que se oponen por lo que sugieren: blancos/torcidas. El primer adjetivo sugiere la belleza, la pureza de los pies, que ya no se existen y se vuelven deformes. Se vuelven raíces y se hincan en tierra. Esos pies que fueron un medio para trasladarse, que simbolizan la libertad, ahora quedan presos en la tierra. Si nos atenemos al mito, este es el precio que Dafne paga por su libertad. Una libertad que implica su inmovilidad, algo que para el hombre renacentista resulta inaceptable.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol que con lágrimas regaba.

En el primer terceto aparece el tema del poema, y se habla de la pena de Apolo. Esa pena que alimenta la transformación y con ella la separación del objeto amado, y como círculo vicioso, alimenta la pena de Apolo.

La utilización del pronombre “aquel” hace referencia a Apolo sin nombrarlo, pero también sugiere el dolor del mismo poeta en ese ocultamiento voluntario del nombre del dios. Si es aquel, también podría ser él, y más aún, podría ser cualquiera que se sintiera identificado con esta situación.

El yo lírico afirma que Apolo es la causa de que Dafne se transforme en árbol, y esto culpabiliza al dios, pero también se está culpabilizando él, siguiendo la línea de la identificación. La dimensión de la culpa se ve en la expresión “tal daño”, que no sólo refiere a la transformación mencionada, sino que sugiere un daño de gran tamaño como dirá en el siguiente terceto.

En el siguiente verso, el yo lírico utiliza una cesura (pausa a mitad del verso) para separar dos verbos en infinitivo: llorar/crecer. Estos versos están relacionados por la situación, pero también sugieren una forma de ver el mundo: el llanto da crecimiento al árbol, de la misma manera, el crecimiento del hombre se produce en medio de llantos. Crece el árbol regado por lágrimas, crece la pena de Apolo por las lágrimas que arroja. No es casual que el verbo regar, acá utilizado, esté asociado a la vida. Pero ambas vidas serán desgraciadas, por eso dirá “miserable estado”. Apolo pierde su amor y vivirá sufriendo, Dafne pierde su belleza humana y su libertad.

¡Oh miserable estado, o mal tamaño!
¡Que con lloralla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

El yo lírico, ahora expresa su dolor, su emoción, su identificación con la situación, con la pena de Apolo, sentenciando la condena de Apolo de no poder parar de llorar, siendo la causa y la razón la misma cosa, porque llora por la transformación de la amada, y cuanto más llora más se transforma. Este se vuelve una trampa sin salida en la que Apolo queda atrapado cada día, en un dolor que será eterno, dado que él es un dios.
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Lope de Vega - Información

Información sobre Teatro: Fuenteovejuna

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

Teatro eclesiástico y público medieval.

Luego del apogeo del teatro clásico, hay una especie de paréntesis, tanto en la Literatura como en las representaciones teatrales. Es la Iglesia quien juega un papel crucial en reconciliar el nuevo espíritu religioso con las viejas formas paganas, escribiendo dramas sagrados en un estilo más o menos clásico. Este teatro eclesiástico teatro nace en las iglesias con el fin de predicar el Evangelio, de hacer más accesible las historias bíblicas al vulgo. Éste ignora las tres unidades, ya que toma un héroe (Jesús) de niño y lo sigue a través de todas las edades, o toma un pueblo o la humanidad entera y pone en escena su historia desde la creación de Adán hasta los Apóstoles, o hasta el fin del mundo.

El teatro en la época se caracteriza por la escena múltiple. El escenario no representa un lugar, representa un universo, muchos lugares, y no uno después del otro, sino ofreciéndolos todos simultáneamente a la vista del espectador.

A medida que fue pasando el tiempo, el teatro fue saliendo de las iglesias, al alejarse lentamente de la función propuesta por ellas. Así se fue haciendo más profano, cómico, bufonesco, grotesco o abiertamente sensual. Eso lo llevo del altar al atrio y del atrio a corrales que se montaban fuera de la Iglesia para representar las diferentes escenas. Este es un teatro donde se valora el histrionismo, e incluso no es rara la obscenidad. Es un teatro que también intenta desembocar en enseñanzas prácticas y morales.

Lope de Vega

Este autor propone una nueva forma de construir las obras en su “Arte nuevo de hacer comedias”. Allí él define a las tragicomedias, como una mezcla entre las tragedias y las comedias. En su Arte, él plantea que conoce bien los preceptos de los clásicos, pero decide no seguirlos, sólo reconoce como autores clásicos que han influido en su obra a Plauto y Terencio, dos autores de comedias greco-latinas. Acepta la diferencia entre tragedia y comedia planteada por Aristóteles, que sugería la imitación de personajes “reales” en la tragedia, y plebeyos en la comedia, pero decide en sus obras, mezclarlas. Considera que por argumento, la tragedia tiene “la historia”, y la comedia el “fingimiento”. Para Lope es necesario elegir el personaje sin mirar si es rey o plebeyo.
Lo único que respeta es la unidad de acción, es decir que todo esté relacionado con una sola acción, y no sea posible desprender episodios sin que la obra se destruya. No respeta la unidad de tiempo planteada por Aristóteles, que decía que la acción ficcional debía durar un día, aunque sugiere que pase en el menos tiempo que se pueda.

Sugiere también que la conexión con el final esté planteada desde el principio pero que no se revele el final hasta el último momento. Esto difiere con el arte clásico ya que los asuntos de las obras griegas y latinas eran conocidos por todos desde siempre.

Es bueno que cada personaje hable según su condición social, pero cuando se trata de discursos que persuaden, se utilice un estilo elevado. Esto es un principio nuevo, ya que el lenguaje en el teatro griego es siempre elevado

La estructura ha de ser: primer acto se presenta el asunto, en el segundo se desarrollo, y recién en el final del tercero se sabe en que termina.

En resumen: apartándose de los preceptos de Aristóteles, Lope sabe que él no hace arte como hasta el momento se consideraba aceptable, pero que tiene a su favor que ya ha hecho muchas obras reconocidas por el público, más de las que cualquier escritor habría hecho. Recordemos que el mismo Cervantes, llamaba a Lope, el “monstruo de la naturaleza”.

Comentario general de la obra Fuenteovejuna

La obra está dividida en tres actos.

En el primer acto se presenta al Comendador Fernán Gómez como un hombre que está tramando la traición al Rey. Esta es una obra sacada de una crónica medieval, y está inmersa en las luchas por el poder entre la Beltraneja y los Reyes Católicos. Fernán Gómez, a favor de la Beltraneja mueve al Maestre de Calatrava para que lo apoye. Esta es una de las tramas importantes de la obra, porque mostrará el acercamiento de los reyes al pueblo en su final. Pero no es esta la trama principal.

En ese primer acto también aparecen los hombres del pueblo, los villanos (los que viven en la villa) sencillos, frescos, naturales, hombres y mujeres de principios. El comendador, enfermo de poder, y Señor Feudal de la villa, abusa de su poder tratando de que todos los habitantes de la villa le rindan pleitesía, y este deseo de poder se trasluce también en sus apetitos sexuales, ya que las mujeres tienen como tesoro su virginidad, una forma de demostrar su poder es que se rindan a sus deseos sexuales. Entre los personajes de la aldea están Laurencia y Frondoso. Laurencia es una mujer que defiende su honor por sobre todas las cosas, y Frondoso es el muchacho enamorado de ella. El comendador se encapricha con Laurencia, por su rebeldía a sus exigencias y se encuentra con Frondoso que se le opone y lo amenaza. Allí termina el primer acto, con la jura de la venganza del comendador a Frondoso.

Las luchas por el poder, sirven en la obra como telón de fondo, pero también para dejar clara la ambición de poder del Comendador. Pierda o gane el Comendador Ciudad Real, vendrá con deseo de imponer su poder, en el segundo caso, como confirmación de lo logrado, y en el primero como expresión de frustración.

En el segundo acto vemos al Comendador ensañado con las mujeres del pueblo, y justificando su acción con la afirmación de que el pueblo no tiene honor, porque el honor es un derecho de la nobleza. Es tan densenfrenado su deseo de afirmar su poder que no le importará si para eso entrega a Jacinta a todo el ejército y hace castigar violentamente a Mengo. Este acto termina con el casamiento de Laurencia y Frondoso, pero en el momento del casamiento, llega el Comendador que viene de perder Ciudad Real y toma a los novios por la fuerza. Encarcela a Frondoso y lleva a Laurencia para cumplir con sus apetitos carnales.

En el tercer acto, los hombres se han juntado para determinar que hacer, pero están asustados y no se animan a moverse. En eso entra Laurencia, que ha escapado del Comendador, y viene a incitar a los hombres a levantarse contra el Comendador, y está dispuesta a hacerlo ella, si es necesario, sabiendo que seguro las mujeres la apoyarán. El pueblo se levanta y mata al Comendador. Los reyes mandan un juez para que averigüe lo que ha sucedido, y éste tortura mujeres, ancianos y niños para sacarles la única verdad que obtiene “Fuenteovejuta lo hizo”. Así toda la villa se presenta delante del Rey, traída por el juez quien le informa lo sucedido y le dice que o las perdona a todos o debe matar la villa entera. Así el Rey decide perdonarlos.

Lazarillo de Tormes - Información

Lazarillo de Tormes
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

Contexto histórico

Debemos ubicar a esta novela en la España del Mercantilismo. Se llama Mercantilismo al proceso económico por el cual España se va empobreciendo a causa de su ineficacia para producir.

Luego de la conquista de América, España se ha convertido en una de las potencias mundiales. Es una de los imperios más ricos, ya ue obtiene de América el oro tan preciado. Pero al no producir ninguno de los elementos básicos para su subsistencia, debe comprárselos, fundamentalmente, a Francia e Inglaterra. Esto provoca que España parezca rica pero sea realmente pobre. Esta es la época de Carlos V, un rey que llevó a España a la expansión territorial, pero todo eso no era más que un telón escenográfico que ocultaba la realidad. España vive esa doble cara que marca este tiempo como una época hipócrita.

Novela picaresca

La novela picaresca nace como reacción a las novelas de evasión de la época. La literatura, en ese entonces era cómplice del poder, encarnado en Carlos V que lo promovió. De esta manera la literatura de evasión cumplía el propósito de crear una atmósfera para que la gente no advirtiera la realidad en que vivía y deseara formar parte de ese mundo idílico que se les presentaba.

Las novelas típicas de la época eran las de caballería y las pastoriles.

Las novelas de caballería contaban las hazañas de los caballeros pero de una manera inverosímil. Pintaban un mundo inexistente, plagado de criaturas inventadas, siendo sus personajes muy alejados de la realidad.

Las novelas pastoriles también eran inverosímiles, narraban amores de pastores que sentían, se movían, y hablaban como cortesanos y aristócratas.

Como género contrario a esto nacen las novelas picarescas. Es una novela de protesta, que busca denunciar la injusticia social, tratando de evitar la evasión. Pero esto sólo es un principio, porque a medida que pasa el tiempo, el género se va desvirtuando, se va convirtiendo también en novela de evasión, ya que el pícaro se transforma en un personaje que busca la libertad y el contacto con la naturaleza y por eso se entrega a la vida del vagabundo.

La novela picaresca se caracteriza por la figura del pícaro que es quien cuenta la historia, por eso es una novela autobiográfica en general. A su vez es episódica, porque es el pícaro quien une los epsodios que se van sucediendo. Fuera de esta figura, nada tiene importancia.

La novela picaresca es esencialmente amoral, desde el momento que el pícaro estafa, roba, miente y eso lo hace mezclando gracia y festejando el triunfo que quiere contagiar a quien lo lee. Por lo tanto presenta una atmósfera ambigua de pesimismo y burla.

El pícaro y Lázaro

Decíamos en el ítem anterior que la novela picaresca fue evolucionando y con ella también lo hizo la figura del pícaro. Esto hace difícil la definición, porque si pensamos que la novela picaresca nace con el Lazarillo en 1554, entonces veremos a un pícaro con ciertas características, pero si consideramos que el Lazarillo es un precursor y que la novela picaresca surge 50 años después, veremos que el pícaro tiene otras características. Este problema aparece con el hecho de que entre el Lazarillo y las novelas picarescas hay 50 años de silencio en el género.

Los pícaros posteriores eran vagabundo por elección. Eran jóvenes cansados del mundo, que abandonaban su vida para dedicarse a ser libres. Para ello se ponían bajo el servicio de amos a los que engañaban, estafaban para conseguir algo y luego marchaban al servicio de otro. Eran delincuentes y hasta podían llegar a matar. No les interesa el mundo, no se mueven dentro de sus leyes, sino que quieren escapar de él.

El caso de Lázaro es diferente. Él es un niño que proviene del bajo mundo, en un clima de delincuencia, como todo pícaro, pero la postura de Lázaro ante la vida es diferente. Él no elige esta vida, está determinado a ella. Es un producto de ella y no quiere eso, sino que quiere tener un lugar en la sociedad en la que poder vivir y no sobrevivir.

Lázaro es empujado a conseguir sus necesidades básicas por medio de artilugios, engaños y mentiras, pero todo es para sobrevivir. Su propósito es abrirse camino, no escapar. No es un amoral como los pícaros posteriores, es un niño abriéndose paso en el mundo, y para ello no tendrá otra alternativa que ponerse al servicio de algún amo.

El Lazarillo

Esta novela tiene el propósito de denuncia de la realidad miserable en la que se encuentra España; tanto económicamente como espiritual y religiosamente.

A nivel religioso estamos en una época de revisión de la Iglesia. La impresión de la Biblia ha puesto a este libro al alcance del mundo secular que ha obligado a la Iglesia a revisar sus principios. En algunos países aparecen las primeras reformas protestantes. En España, en la que hay aún una Inquisición muy fuerte (aparato represor de la Iglesia que tortura y quema a cualquiera que considere hereje o en pecado), aparece la figura de Erasmo de Rotherdam, un religioso que comienza criticando la pomposidad de la Iglesia. Erasmo habla de una Iglesia enriquecida que se ha olvidado lo esencial de su función, que ha olvidado la humildad y la sencillez de Cristo y que está más apegado a los bienes materiales de este mundo. El Lazarillo está plagado de huellas erasmistas.

A causa de todo esto es que el autor esconde su identidad. Sabe que puede ser castigado por estas críticas duras que hace en su novela. Este anonimato nada tiene que ver con el anonimato medieval. En la Edad Media no se firmaban las obras en su mayoría, porque no era esperable que el autor sobresaliera, ya que todo debía ser hecho para la obra de Dios. También tenemos que tener presente que la mayor parte de las creaciones literarias medievales son orales, porque no era un bien común la escritura, así que nadie era dueño de esa producción que se iba modificando de boca a boca.

Estructura

Esta novela está estructurada exteriormente, en tratados que son escritos con fines didácticos donde se diserta sobre un tema. Por lo tanto vemos que el propósito de Lázaro es enseñar sobre la vida a través de su vida. “Cada uno es producto de sus obras” parece ser una sentencia del Renacimiento; y el prólogo del Lazarillo, escrito por el personaje que asegura que es posible “con fuerza y maña” aún teniendo a la Fortuna contraria a ellos, “remando” salir “a buen puerto”. Este es el propósito del personaje al contar la novela, mientras que el propósito del autor es la denuncia.

Son siete tratados los que encontramos en ella. Casi se podría decir que en cada tratado a un amo, excepto en alguno de ellos que hala de dos amos, pero uno de ellos es tan insignificante que no se hace un tratado de él. En realidad Lázaro pasa por manos de nueve amos.

Son los tres primeros amos y tratados los que marcan su vida infantil. Los otros marcan su vida juvenil.

En los tres primeros tratados, Lázaro sólo busca alimentarse, corre una carrera contra el hambre, y es el hambre quien mueve sus pasos. En cambio en los otros cuatro tratados, el hambre parece estar resulta y ahora hay otros intereses.
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domingo, 7 de junio de 2009

Garcilaso - Soneto XIII - Poesía renacentista

SONETO XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!
Garcilaso de la Vega

Benedetti - Niñoquepiensa

Niñoquepiensa

Vino el Viejo y dijo basta cuando Mamá le contó con lujo de detalles el lío de la maceta lo dijo con la furia de costumbre y esos ojos saltones que tiene cada vez que en la oficina alguno de los malandras le arruina la digestión y después él viene y se desquita conmigo mandándome a la cama y aquí estoy despatarrado como un rey mirando las goteras del techo metiendo el dedo gordo del pie en el agujero de la sábana claro lo lamento más que nada por el flan que hizo la Vieja pero a lo mejor queda para mañana y es mucho mejor comerlo frío dijo basta como si la maceta fuera suya y era en cambio de la gorda de al lado la que tiene várices y también esa nena asquerosita que en la escuela se cree la mona sabia pero nunca se acuerda de la capital de Bolivia y yo en cambio sé todas las capitales de América primero Honduras capital Tegucigalpa después Venezuela capital Caracas después Nicaragua capital Managua donde le pusieron la tapa al Tacho total una maceta no es para tanto pero la Vieja claro tiene que adular a la gorda y llevar el cuento para que el otro chinchudo diga que soy imposible esto no puede seguir así vamos a tener que meterte pupilo como si yo fuera a tragarme esa milanesa y no supiera que la Vieja sin mí se vuelve loca por lo menos le dijo la otra noche a la tía Azucena si algo le pasa al nene yo memato memato memato pero claro ella tiene que lucirse con la gorda porque miran juntas la telenovela y lloran juntas y se desesperan y el Viejo se agarra cada luna porque en vez de hacerle la comida se pasan como una hora comentando te das cuenta qué sinvergüenza pero la institutriz tampoco es trigo limpio fíjate que el mayordomo les había dado la cana en la glorieta pero el conde es tan bueno que se lo perdonó por la hija ma qué hija grita el Viejo quiero la sopa o me van a tener esperando hasta las calandrias griegas la macana es que hoy había fútbol y yo aquí despatarrado como un rey todo por querer explicarle a Cacho cómo había sido el gol de Hohberg la maceta estaba tan a mano que la patié despacio nada más que para que entendiera el amague del penal y quién sabe cómo irán Montaño a Hohberg Hohberg a Romay Romay a Borges viene el centro saltan varios goooool la cama es una peste estoy aburrido aburrido aburrido cuando sea grande voy a quemar todas las camas y voy a comprar una pila de macetas para romperlas a patadas y ahora como anticipo podría romper la sábana haciendo fuerza con el dedo gordo pero capaz que después la Vieja ve la rotura y dice que fui yo y va con el cuento y mañana yo quiero comer flan y además tengo que ir al colegio porque van a dar cine para que después hagamos la composición sobre qué buenos son los padres jajá y la maestra que es bruta lora me sienta casi siempre con la niña Fernández pero a mí me gusta la niña Menéndez porque la niña Fernández es flor de naba y sostiene que el que copia no aprende pero ella no copia y tampoco aprende en cambio la niña Menéndez es lo más pierna y de una familia fenómena todos de la quince así que calcamos los mapas yo cuando sea grande quiero ser de la quince para tener auto gratis y que me paguen el sueldo mientras paso flor de vida en Punta del Este pero en cambio mi primo Tito dice que a él le gustaría estudiar bailes clásicos y entonces el Viejo pone rostro de arcada y yo estoy aburrido aburrido aburrido y además tendría que ir al baño y el Viejo me dejó encerrado y a oscuras ojalá venga un apagón así ellos también quedan a oscuras ojalá se les pierda la llave y queden encerrados ojalá se le rompa a la Vieja una maceta así el Viejo la mete en la cama y se pasa aburrida aburrida aburrida y no puede ver la telenovela y yo vengo y le digo a que no sabes qué dijo el conde en la glorieta y hago el ruidito de la puerta que se abre y de la pata de palo que se acerca todo para que ella rabie pero como va a estar en penitencia no va a prender la radio y tendrá que esperar a que venga la gorda y se lo cuente y cuando venga la gorda voy a hacerle fau a la nena asquerosita y Mamá esta vez no va llevarle el cuento al Viejo porque va a estar en penitencia y los que están en penitencia viven a oscuras y encerrados y recontraburridos y ya va como media hora que estoy en la cama así que sólo faltan dieciocho horas y media y voy a ponerme a contar hasta un millón o sea unodostrescuatrocincoseissieteocho ya me aburrí es mucho más divertido cantar cuartelazo de los cielos de los cielos do jamás se pone el sol ya me aburrí pero también podría buscar algo para que lo pongan en penitencia a Papá así que en cuanto tenga el teléfono a mano voy a llamar al jefe para contarle que el Viejo estuvo hablando de él y dijo que era un imbécil un tarado un ladrón y otra cosa que no me acuerdo bien pero que sonaba algo así como cornudo.

Mario Benedetti (Damocles) del libro "Mejor es meneallo"

Benedetti - Una carta de amor

Una carta de amor

Señorita: Usted y yo nunca fuimos presentados, pero tengo la esperanza de que me conozca de vista. Voy a darle un dato: yo soy ese tipo despeinado, de corbata moñita y saco a cuadros, que sube todos los días frente a Villa Dolores en el 141 que usted ya ha tomado en Rivera y Propios. ¿Me reconoce ahora? Como quizá se haya dado cuenta, hace cuatro años que la vengo mirando. Primero con envidia porque usted venía sentada y yo en cambio casi a upa de ese señor panzudo que sube en mi misma parada y que me va tosiendo en el pescuezo hasta Dieciocho y Yaguardón. Después con curiosidad, porque, claro, usted no es como las otras: es bastante más gorda. Y por último con creciente interés porque creo modestamente que usted puede ser mi solución y yo la suya. Paso a explicarme. Antes que nada, voy a pedirle encarecidamente que no se ofenda, porque así no vale. Voy a expresarme con franqueza y chau. Usted no necesita que le aclare que no soy lo que se dice un churro, así como yo no necesito que Ud. me diga que no es Miss Universo. Los dos sabemos lo que somos ¿verdad? ¡Fenómeno! Así quería empezar. Bueno, no se preocupe por eso. Si bien yo llevo la ventaja de que existe un refrán que dice: «El hombre es como el oso, cuanto más feo más hermoso» y usted en cambio la desventaja de otro, aún no oficializado, que inventó mi sobrino: «La mujer gorda en la boda, generalmente incomoda», fíjese sin embargo que mi cara de pollo mojado hubiera sido un fracaso en cualquier época y en cambio su rolliza manera de existir hubiera podido tener en otros tiempos un considerable prestigio. Pero hoy en día el mundo está regido por factores económicos, y la belleza también. Cualquier flaca perchenta se viste con menos plata que usted, y es ésta, créame, la razón de que los hombres las prefieran. Claro que también el cine tiene su influencia, ya que Hollywood ha gustado siempre de las flacas, pero ahora, con la pantalla ancha, quizá llegue una oportunidad para sus colegas. Si le voy a ser recontrafranco, le confesaré que a mí también me gustan más las delgaditas; tienen no sé qué cosa viboresca y fatigosa que a uno le pone de buen humor y en primavera lo hace relinchar. Pero, ya que estamos en tren de confidencias, le diré que las flacas me largan al medio, no les caigo bien ¿sabe? ¿Recuerda ésa peinada a lo Autrey Hepburn que sube en Bulevar, que los muchachos del ómnibus le dicen “Nacional” porque adelante no tiene nada? Bueno, a ésa le quise hablar a la altura de Sarandi y Zabala y allí mismo me encajó un codazo en el hígado que no lo arreglo con ningún colagogo. Yo sé que usted tiene un problema por el estilo: es evidente que le gustan los morochos de ojos verdes. Digo que es evidente, porque he observado con cierto detenimiento las babosas miradas de ternero mamón que usted le consagra a cierto individuo con esas características que sube frente al David. Ahora bien, él no le habrá dado ningún codazo pero yo tengo registrado que la única vez que se dio cuenta de que usted le consagraba su respetable interés, el tipo se encogió de hombros e hizo con las manos el clásico gesto de ula Marula. De modo que su situación y la mía son casi gemelas. Dicen que el que la sigue la consigue, pero usted y yo la hemos seguido y no la hemos conseguido. Así que he llegado a la conclusión de que quizá usted me convenga y viceversa. ¿No le tiene miedo a una vejez solitaria? ¿No siente pánico cuando se imagina con treinta años más de gobiernos batllistas, mirándose al espejo y reconociendo sus mismas voluminosas formas de ahora, pero mucho más fofas y esponjosas, con arruguitas aquí y allá, y acaso algún lobanillo estratégico? ¿No sería mejor que para esa época estuviéramos uno junto al otro, leyéndonos los avisos económicos o jugando a la escoba del quince? Yo creo sinceramente que a usted le conviene aprovechar su juventud, de la cual está jugando ahora el último alargue. No le ofrezco pasión, pero le prometo llevarla una vez por semana al cine de barrio para que usted no descuide esa zona de su psiquis. No le ofrezco una holgada posición económica, pero mis medios no son tan reducidos como para no permitirnos interesantes domingos en la playa o en el Parque Rodó. No le ofrezco una vasta cultura pero sí una atenta lectura de Selecciones, que hoy en día sustituye a aquélla con apreciable ventaja. Poseo además especiales conocimientos en filatelia (que es mi hobby) y en el caso de que a usted le interese este rubro, le prometo que tendremos al respecto amenísimas conversaciones. ¿Y usted qué me ofrece, además de sus kilos, que estimo en lo que valen? Me gustaría tanto saber algo de su vida interior, de sus aspiraciones. He observado que le gusta leer los suplementos femeninos, de modo que en el aspecto de su inquietud espiritual, estoy tranquilo. Pero, ¿qué más? ¿Juega a la quiniela, le agrada la fainá, le gusta Olinda Bozán? No sé por qué, pero tengo la impresión de que vamos a congeniar admirablemente. Esta carta se la dejo al guarda para que se la entregue. Si su respuesta es afirmativa, traiga puestos mañana esos clips con frutillas que le quedan tan monos. Mientras tanto, besa sus guantes su respetuoso admirador.

Mario Benedetti (Damocles) del libro "Mejor es meneallo"

Información general - Fundamentos de la religión hebrea

Literatura Bíblica

El pensamiento religioso del pueblo hebreo constituye el contenido principal de la Biblia, por lo tanto conviene esclarecer sus líneas fundamentales.

Cuatro notas caracterizan esta concepción religiosa:

a) monoteísmo;
b) alianza;
c) moral; y
d) mesianismo.

Monoteísmo: en torno a este punto se plantea el primer problema. Los partidarios del evolucionismo religioso juzgan que el pueblo hebreo fue, durante siglos, monolátrico pero no monoteísta. Yahvé no habría sido el único Dios, sino el Dios al que se adoraba con exclusión de los demás; la divinidad nacional a la que se rendía culto, pero no el solo Dios. Según esta teoría, el pueblo hebreo fue primero idólatra y politeísta, luego enólatra (culto al dios del pueblo, religión nacional) y, por último monoteísta. La historia de las religiones en su estado actual, considera el monoteísmo como forma primordial; el politeísmo y la idolatría serían degradaciones de un concepto religioso superior y más antiguo.

Mientras el evolucionismo supone un sucederse de etapas de progresivo perfeccionamiento, la crítica religiosa moderna considera que, aún las más avanzadas ideas religiosas se encuentran, como en germen, comprendidas en los más antiguos planteamientos. La voz de los Profetas y de los conductores de Israel fue, en el transcurso de la historia, desentrañando ese contenido, poniéndolo en evidencia y esclareciéndolo según las necesidades del pueblo de acuerdo a la guía de Yahvé. El advenimiento de Jesús habría sido la suprema revelación a cuya luz se iluminaría el cuadro entero, la clave para comprender el mensaje.

Alianza: si puede haber discrepancias en torno al alcance de la expresión "Yahvé, Dios de Israel", no las hay en la interpretación de la otra que le es simétrica y correspondiente: "Israel es el pueblo de Yahvé". Esta identificación descansa en la idea de pacto o alianza entre la Divinidad y el pueblo elegido por ella, cuya primera formulación encontramos en el libro del Génesis, en la historia de Abraham.

Las ideas fundamentales que este pacto encierra son:

a) de parte de Yahvé: protección y ayuda constantes, simbolizadas en la bendición, la concesión de la tierra prometida, una descendencia numerosa como las arenas del mar y las estrellas del cielo, y el señorío sobre las demás naciones;

b) de parte de Abraham: la fidelidad y el acatamiento a la voluntad de Yahvé. El rito de la circuncisión, que vierte la sangre del varón, sería la señal externa del pacto por la que cada descendiente de Abraham entra a tomar parte de su herencia y acepta su obligación frente a Yahvé. Este pacto fue formulado por segunda vez en Egipto y es la reiteración de la alianza con Abraham, que luego se explicita y ratifica solemnemente en el monte Sinaí. La sangre vertida del Cordero Pascual, con la que se tiñera el dintel de la puerta de los hebreos, fue la señal externa de la Alianza. En el correr de la historia, las grandes figuras y los más importantes acontecimientos de Israel dieron realce al pacto, esclarecieron los deberes que imponía, y afirmaron su esperanza en la fidelidad de Yahvé. Los profetas fueron los defensores de la Alianza y los campeones de los derechos de Dios. La tercera manifestación del pacto, también llamada "Nueva Alianza" porque innova sobre la Antigua, extiende los privilegios de Israel a los hombres de todos los pueblos, y se encuentra narrada en los Evangelios. Esta nueva formulación se realiza en la persona de Jesús y también se sella con la efusión de sangre, en el monte Calvario.

Moral: la moral del pueblo hebreo no es una consecuencia de la religiosidad, sino uno de sus elementos constitutivos. Yahvé es el autor del hombre y tiene derechos sobre él; además, y en virtud del pacto, los tiene especiales sobre Israel. Por eso es legislador, y su ley es santa y ordenada a la salud y la felicidad del individuo y la sociedad. No es una antojadiza y caprichosa serie de prohibiciones y amenazas; por el contrario, Dios, único conocedor de "la ciencia del bien y del mal", es decir, de la esencia de los mismos, prohibe lo que daña u obstaculiza la perfección del hombre y la felicidad del pueblo.

La ley es solemnemente proclamada en el Sinaí y consta de varios mandamientos. A través de los textos se deduce que dicha Ley no es sino una formulación ordenada de preceptos religiosos y morales conocidos desde antiguo por el pueblo, aunque no siempre respetados. Los primeros conciernen a la conducta frente a la Divinidad; los otros, a la que debe regir las relaciones del hombre consigo mismo y en la colectividad.

Después de una introducción en la que se proclama el derecho de Yahvé a legislar, se prohíbe el politeísmo, la idolatría y la vana invocación del nombre de Dios en el juramento falso, y se ordena la observancia del sábado. Se impone honrar a los padres, se prohibe matar, fornicar, robar, mentir y calumniar y, por último, codiciar los bienes ajenos, incluyendo entre estos la mujer del prójimo. Del cotejo de ambas fórmulas se ha deducido el Decálogo, los diez mandamientos o preceptos que son la base de la moral de hebreos y cristianos.

Junto con esta síntesis de los preceptos fundamentales, el pueblo recibió a través de Moisés, un completísimo código, en muchos aspectos superior al de Hammurabí, que regula todo lo referente a la vida colectiva, nacional y familiar, a la organización política y al culto religioso.

En lo que se refiere a las disposiciones atinentes a la moral, sucesivas generaciones fueron desentrañando de los antiguos preceptos un alcance de mayor perfección y desplazando las obligaciones y responsabilidades desde el plano social y al plano personal. El pecado es un delito que perjudica al pueblo, y a todo el pueblo interesa su castigo y la purificación condigna, pero cada vez se ve con mayor claridad, que religión y moral no son solamente el nexo que une a Israel con Yahvé, sino también el que une a cada hombre con Dios; así, el Pacto o Alianza se transforma en un pacto de persona a persona. Los Profetas y los Salmos, traducen claramente este concepto más elevado y perfecto del sentido moral; juzgan los actos por su valor interior, y exigen la caridad, el amor a Dios y al prójimo, como base de la conducta. La doctrina de Jesús, manifestada en el Sermón de la montaña, lleva esta moral a su más alto grado de desarrollo y perfección.

En lo concerniente a los preceptos de alcance social, político, penal, contractual, etc., el código mosaico refleja el grado de civilización y de cultura de los pueblos de la época; muchas veces, frente a mandamientos que nos parecen de despiadada barbarie, debemos recordar que ellos significaban, sin embargo, un mejoramiento, una superación de costumbres aún más bárbaras y despiadadas.

El Yahvé del Antiguo Testamento es el mismo Padre de las Misericordias del Nuevo Testamento; pero el pueblo, inmerso en la dureza y en la crueldad de los tiempos antiguos, lo fue descubriendo muy lentamente, aunque ya las más antiguas tradiciones recogidas en el Génesis, así lo mostraran.

Mesianismo: el mesianismo comprende dos creencias fundamentales:

a) la del futuro advenimiento de un Mesías;
b) el papel rector de Israel sobre los demás pueblos.

Desde muy antiguo, en las primeras formulaciones de la Alianza, se atribuye a la descendencia de Abraham ese papel mesiánico, en su doble alcance de un salvador personal y de un privilegio colectivo. Aún antes, en el tercer capítulo del Génesis, se pone en boca del Yahvé que castiga, la esperanza, la promesa de un vencedor del espíritu del mal encarnado en la serpiente.

A través de los siglos, son más abundantes y más concretos los textos, hasta el punto de mostrar que el Mesías y su advenimiento no son una consecuencia de la elección de Israel y del pacto, sino su misma finalidad, su razón de ser. La voz de los profetas perfila, desarrolla y esclarece, en etapas sucesivas, la figura del Salvador y su misión redentora que, mediante Israel, llegará a todas las naciones.

En torno a dos condiciones se agrupan los vaticinios: la de rey invencible, dominador de pueblos, y la de sacerdote y víctima, redentor de hombres. Según las vicisitudes de la historia, el acento de los profetas y de los intérpretes destacará uno u otro de esos aspectos, y el pueblo, doblegado y oprimido por fuerzas extranjeras, se forjará su propio Mesías con aquellos rasgos que más fácilmente halaguen su deseo y colmen su esperanza.

En el Nuevo Testamento, el cántico del anciano Simeón resume la esperanza mesiánica de Israel y vaticina su cumplimiento en el niño que María y José presentan en el Templo de Jerusalem. Este niño, Jesús de Nazareth, luego dividirá definitivamente a los hebreos, pues si unos lo condenan y crucifican por blasfemo, otros lo siguen y lo adoran como al anunciado Mesías.
Extraído del trabajo de Socorro Argenzio "literatura bíblica"

viernes, 5 de junio de 2009

Biblia - La historia de Abraham - AT

Génesis 12

1 EMPERO Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré;
2 Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición:
3 Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
4 Y fuése Abram, como Jehová le dijo; y fué con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.
5 Y tomó Abram á Sarai su mujer, y á Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir á tierra de Canaán; y á tierra de Canaán llegaron.
6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Sichêm, hasta el valle de Moreh: y el Cananeo estaba entonces en la tierra.
7 Y apareció Jehová á Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar á Jehová, que le había aparecido.
8 Y pasóse de allí á un monte al oriente de Bethel, y tendió su tienda, teniendo á Bethel al occidente y Hai al oriente: y edificó allí altar á Jehová é invocó el nombre de Jehová.
9 Y movió Abram de allí, caminando y yendo hacia el Mediodía.
10 Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram á Egipto para peregrinar allá; porque era grande el hambre en la tierra.
11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo á Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer hermosa de vista;
12 Y será que cuando te habrán visto los Egipcios, dirán: Su mujer es: y me matarán á mí, y á ti te reservarán la vida.
13 Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti.
14 Y aconteció que, como entró Abram en Egipto, los Egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera.
15 Viéronla también los príncipes de Faraón, y se la alabaron; y fué llevada la mujer á casa de Faraón:
16 E hizo bien á Abram por causa de ella; y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y criadas, y asnas y camellos.
17 Mas Jehová hirió á Faraón y á su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.
18 Entonces Faraón llamó á Abram y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?
19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana? poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora pues, he aquí tu mujer, tómala y vete.
20 Entonces Faraón dió orden á sus gentes acerca de Abram; y le acompañaron, y á su mujer con todo lo que tenía.

Génesis 15

1 DESPUÉS de estas cosas fué la palabra de Jehová á Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande.
2 Y respondió Abram: Señor Jehová ¿qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer?
3 Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa.
4 Y luego la palabra de Jehová fué á él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede.
5 Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora á los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente.
6 Y creyó á Jehová, y contóselo por justicia.
7 Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte á heredar esta tierra.
8 Y él respondió: Señor Jehová ¿en qué conoceré que la tengo de heredar?
9 Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
10 Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves.
11 Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram.
12 Mas á la caída del sol sobrecogió el sueño á Abram, y he aquí que el pavor de una grande obscuridad cayó sobre él.
13 Entonces dijo á Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá á los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años.
14 Mas también á la gente á quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza.
15 Y tú vendrás á tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
16 Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del Amorrheo hasta aquí.
17 Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos.
18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;
19 Los Cineos, y los Ceneceos, y los Cedmoneos,
20 Y los Hetheos, y los Pherezeos, y los Raphaitas,
21 Y los Amorrheos, y los Cananeos, y los Gergeseos, y los Jebuseos.

Génesis 16

1 Y SARAI, mujer de Abram no le paría: y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.
2 Dijo, pues, Sarai á Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril: ruégote que entres á mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al dicho de Sarai.
3 Y Sarai, mujer de Abram, tomó á Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla á Abram su marido por mujer.
4 Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vió que había concebido, miraba con desprecio á su señora.
5 Entonces Sarai dijo á Abram: Mi afrenta sea sobre ti: yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre mí y ti.
6 Y respondió Abram á Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia.
7 Y hallóla el ángel de Jehová junto á una fuente de agua en el desierto, junto á la fuente que está en el camino del Sur.
8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y á dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora.
9 Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete á tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano.
10 Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado á causa de la muchedumbre.
11 Díjole aún el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción.
12 Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará.
13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?
14 Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered.
15 Y parió Agar á Abram un hijo y llamó Abram el nombre de su hijo que le parió Agar, Ismael.
16 Y era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar á Ismael.

Génesis 17

1 Y SIENDO Abram de edad de noventa y nueve años, aparecióle Jehová, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.
2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera.
3 Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo:
4 Yo, he aquí mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de gentes:
5 Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
6 Y multiplicarte he mucho en gran manera, y te pondré en gentes, y reyes saldrán de ti.
7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu simiente después de ti en sus generaciones, por alianza perpetua, para serte á ti por Dios, y á tu simiente después de ti.
8 Y te daré á ti, y á tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.
9 Dijo de nuevo Dios á Abraham: Tú empero guardarás mi pacto, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones.
10 Este será mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.
11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros.
12 Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones: el nacido en casa, y el comprado á dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente.
13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero: y estará mi pacto en vuestra carne para alianza perpetua.
14 Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será borrada de su pueblo; ha violado mi pacto.
15 Dijo también Dios á Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.
16 Y bendecirla he, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá á ser madre de naciones; reyes de pueblos serán de ella.
17 Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿y Sara, ya de noventa años, ha de parir?
18 Y dijo Abraham á Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.
19 Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por alianza perpetua para su simiente después de él.
20 Y en cuanto á Ismael, también te he oído: he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y ponerlo he por gran gente.
21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, al cual te parirá Sara por este tiempo el año siguiente.
22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de con Abraham.
23 Entonces tomó Abraham á Ismael su hijo, y á todos los siervos nacidos en su casa, y á todos los comprados por su dinero, á todo varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le había dicho.
24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio.
25 E Ismael su hijo era de trece años cuando fué circuncidada la carne de su prepucio.
26 En el mismo día fué circuncidado Abraham é Ismael su hijo.
27 Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él.

Génesis 18

1 Y APARECIOLE Jehová en el valle de Mamre, estando él sentado á la puerta de su tienda en el calor del día.
2 Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto á él: y cuando los vió, salió corriendo de la puerta de su tienda á recibirlos, é inclinóse hacia la tierra,
3 Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo.
4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,
5 Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.
6 Entonces Abraham fué de priesa á la tienda á Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.
7 Y corrió Abraham á las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse éste priesa á aderezarlo.
8 Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto á ellos debajo del árbol; y comieron.
9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.
10 Entonces dijo: De cierto volveré á ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer. Y Sara escuchaba á la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.
11 Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: á Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres.
12 Rióse, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?
13 Entonces Jehová dijo á Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja?
14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré á ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo.
15 Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuve miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.
16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos.
17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo á Abraham lo que voy á hacer,
18 Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra?
19 Porque yo lo he conocido, sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,
21 Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he.
22 Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová.
23 Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?
24 Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él?
25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
26 Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos.
27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado á hablar á mi Señor, aunque soy polvo y ceniza:
28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco: ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
29 Y volvió á hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta.
30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.
31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar á mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte.
32 Y volvió á decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor de los diez.
33 Y fuése Jehová, luego que acabó de hablar á Abraham: y Abraham se volvió á su lugar.

Génesis 22
1 Y ACONTECIO después de estas cosas, que tentó Dios á Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y á Isaac su hijo: y cortó leña para el holocausto, y levantóse, y fué al lugar que Dios le dijo.
4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vió el lugar de lejos.
5 Entonces dijo Abraham á sus mozos: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos á vosotros.
6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y púsola sobre Isaac su hijo: y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
7 Entonces habló Isaac á Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
9 Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató á Isaac su hijo, y púsole en el altar sobre la leña.
10 Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar á su hijo.
11 Entonces el ángel de Jehová le dió voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único;
13 Entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero á sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fué Abraham, y tomó el carnero, y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.
14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
15 Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo,
16 Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único;
17 Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está á la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos:
18 En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste á mi voz.
19 Y tornóse Abraham á sus mozos, y levantáronse y se fueron juntos á Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba.
20 Y aconteció después de estas cosas, que fué dada nueva á Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha parido hijos á Nachôr tu hermano:
21 A Huz su primogénito, y á Buz su hermano, y á Kemuel padre de Aram.
22 Y á Chêsed, y á Hazo, y á Pildas, y á Jidlaph, y á Bethuel.
23 Y Bethuel engendró á Rebeca. Estos ocho parió Milca á Nachôr, hermano de Abraham.
24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, parió también á Teba, y á Gaham, y á Taas, y á Maachâ.

lunes, 1 de junio de 2009

Ray Bradbury - El Asesino

El asesino

La música se movía con él por los blancos pasillos. Pasó ante una puerta de oficina: La viuda alegre. Otra puerta: La siesta de un fauno. Una tercera: Bésame otra vez. Dobló en un corredor. La danza de las espadas lo sepultó bajo címbalos, tambores, ollas, sartenes, cuchillos, tenedores, un trueno y un relámpago de estaño, todo quedó atrás cuando llegó a una antesala donde una secretaria estaba hermosamente aturdida por la Quinta de Beethoven. Pasó ante los ojos de la muchacha como una mano; ella no lo vio.

La radio pulsera zumbó.

-¿Sí?
-Es Lee, papá. No olvides mi regalo.

-Sí, hijo, sí. Estoy ocupado.

-No quería que te olvidases, papá- dijo la radio pulsera.

Romeo y Julieta de Tchaikovsky cayó en enjambres sobre la voz y se alejó por los largos pasillos. El psiquiatra caminó en la colmena de oficinas, en la cruzada polinización de los temas, Stravinsky unido a Bach, Haydn rechazando infructuosamente a Rachmaninoff, Schubert golpeado por Duke Ellington. El psiquiatra saludó con la cabeza a las canturreantes secretarias y a los silbadores médicos que iban a iniciar el trabajo de la mañana. Llegó a su oficina, corrigió unos pocos textos con su lapicera, que cantó entre dientes, luego telefoneó otra vez al capitán de policía del piso superior. Unos pocos minutos más tarde, parpadeó una luz roja, y una voz dijo desde el cielo raso:

-El prisionero en la cámara de entrevistas número nueve.

Abrió la puerta de la cámara, entró, y oyó que la cerradura se cerraba a sus espaldas.

-Lárguese-dijo el prisionero, sonriendo.

La sonrisa sobresaltó al psiquiatra. Una sonrisa soleada y agradable, que iluminaba brillantemente el cuarto. El alba entre lomas oscuras. El mediodía a medianoche, aquella sonrisa. Los ojos azules chispearon serenamente sobre aquella confiada exhibición de dientes.

-Estoy aquí para ayudarlo- dijo el psiquiatra frunciendo el ceño.

Había algo raro en el cuarto. El médico había titubeado al entrar. Miró alrededor. El prisionero se rió.

-Si está preguntándose por qué hay aquí tanto silencio, deshice la radio a puntapiés.

Violento, pensó el doctor.

El prisionero le leyó el pensamiento, sonrió, y extendió una mano suave.

-No, sólo con las máquinas que chillan y chillan.

En la alfombra gris se veían pedazos de cable y lámparas de la radio de pared. Sintiendo sobre él aquella sonrisa como una lámpara calorífera, el psiquiatra se sentó frente a su paciente, en un silencio insólito que era como la amenaza de una tormenta.

-¿Es usted el señor Albert Brock que se llama a sí mismo El Asesino?

Brock asintió agradablemente.

-Antes de empezar.-Se movió con rapidez y sin ruido y le sacó al doctor la radio pulsera. La mordió como si fuese una nuez, y la radio crujió y estalló. Brock se la devolvió al médico como si le hubiese hecho un favor- . Es mejor así.

El psiquiatra se quedó mirando el arruinado aparato.

-Su cuenta de daños y perjuicios está creciendo.

-No me importa-sonrió el paciente-. Como dice la vieja canción: ¡No me importa lo que pasa!

El hombre tarareó.

-¿Empezamos?-dijo el psiquiatra.

-Muy bien. Mi primera víctima, o una de las primeras, fue el teléfono. Un crimen espantoso. Lo eché en el sumidero mecánico de mi cocina. Puse el aparato en punto medio. El pobre teléfono murió por estrangulación lenta. Luego maté a tiros el televisor.

-Mmm-dijo el psiquiatra.

-Le disparé seis tiros en el cátodo. Se oyó un hermoso tintineo, como una araña de luces que cae al piso.

-Linda imagen.

-Gracias, siempre soñé con ser escritor.

-¿Por qué no me dice cuando empezó a odiar el teléfono?

-Me aterrorizaba ya en la infancia. Un tío mío lo llamaba la máquina de los fantasmas. Voces sin cuerpo. Me ponía los pelos de punta. Más tarde, nunca me sentí cómodo. El teléfono me parecía un instrumento impersonal. Si a él se le ocurría, dejaba que la personalidad de no fuese por sus cables. Si no lo quería así, lo mismo le sacaba a uno la personalidad hasta que por el otro extremo salía una voz de pescado frío, toda acero, cobre, plásticos, sin calor, sin realidad. Es fácil decir alguna inconveniencia cuando se habla por teléfono; el teléfono cambia el significado de las frases. Y al fin uno se entera del hecho que se ha ganado un enemigo. Luego, por supuesto, el teléfono es algo tan conveniente. Ahí está, exigiendo que uno llame a alguien que no quiere que lo llamen. Mis amigos estaban siempre llamando, llamando, llamándome. Demonios, no me dejaban tiempo para nada. Cuando no era el teléfono, era la televisión, la radio, el fonógrafo. Cuando no era la televisión, la radio o el fonógrafo eran las películas en el cine de la esquina, películas proyectadas en nubes bajas, con publicidad. Ya no llueve más agua, llueve espuma de jabón. Cuando no eran los anuncios en nubes de alta visibilidad, era la música de Mozzek en todos los restaurantes; música y anuncios en los ómnibuses que me llevaban al trabajo. Cuando no era la música, eran los intercomunicadores de la oficina, y la cámara de horror de una radio pulsera desde donde mis amigos y mi mujer me llamaban cada cinco minutos. ¿Qué hay en esas conveniencias que las hace parecer tan tentadoramente convenientes? El hombre común piensa: Aquí estoy, dispongo de tiempo, y aquí en mi muñeca hay un teléfono pulsera. ¿Por qué no llamar al viejo Joe, eh? «¡Hola, hola!» Quiero mucho a mis amigos, a mi mujer, la humanidad. Pero cuando mi mujer me llama para preguntarme: «¿Dónde estás ahora, querido?», y un amigo me llama y dice: «¿Conoces este chiste verde? Parece que una vez un tipo...» Y un desconocido me llama y grita: «Esta es la encuesta Encuentra-Rápido. ¿Qué caramelo de goma está masticando en este instante?» ¡Bueno!

-¿Cómo se sentía durante la semana?

-Al borde del precipicio. Aquella misma mañana hice eso en la oficina.

-¿Qué fue?

-Eché un vaso de agua en el intercomunicador. El psiquiatra anotó en su libreta

-¿Y el sistema se apagó?

-¡Magníficamente! ¡El cuatro de julio en ruedas! Dios mío, las estenógrafas corrían de un lado a otro como perdidas. ¡Qué confusión!

-¿Se sintió mejor durante un tiempo, eh?

-¡Muy bien! Al mediodía se me ocurrió cerrar la radio pulsera en la calle. Una voz aguda me gritaba: «Encuesta popular número nueve. ¿Qué almuerza usted? » En ese mismo momento, ¡se acabó la radio pulsera!

-¿Se sintió mejor aún, eh?

-¡Cada vez mejor!-Brock se frotó las manos- . ¿Por qué no iniciar, pensé, una revolución solitaria, liberando al hombre de ciertas «conveniencias»? «¿Conveniente para quién?», grité. Conveniente para los amigos. «Eh, Al, te llamo desde el bar de Green Hills. Acabo de abrir una botella de whisky, Al. Hermoso día. Ahora estoy tomando unos tragos. ¡Pensé que te gustaría saberlo, Al!» Conveniente para mi oficina, de modo que cuando ando trabajando en mi coche, la radio no pierde el contacto conmigo. ¡Contacto! Palabra tímida. Contacto, demonios. ¡Estrujamiento. Manoseo, mejor. Aporreo y masajeo. Uno no puede dejar el coche sin avisar: «Me he detenido en la estación de gasolina para ir al cuarto de baño.» «Muy bien, Brock, ¡rápido!» «Brock, ¿por qué tarda tanto?» «Lo siento, señor.» «Que no se repita, Brock.» «¡No, señor!» ¿Sabe usted que hice, doctor? Compré un cuarto kilo de helado de chocolate y lo eché en el transmisor de radio del coche.

-¿Tuvo alguna razón especial para echar helado de chocolate en el aparato?

Brock pensó un momento y sonrió.

-Es mi helado favorito.

-Oh-dijo el doctor.

-Pensé, demonios, lo que es bueno para mí es bueno también para el transmisor.

-¿Y por qué echar helado en la radio?

-Hacía calor.

El doctor calló un momento.

-¿Y qué vino luego?

-Luego vino el silencio. Dios, era hermoso. Aquella radio del auto codeando todo el día. Brock, venga aquí, Brock, vaya allá, Brock, llame, Brock, escuche, muy bien, Brock, hora de almorzar, Brock, ha terminado el almuerzo, Brock, Brock, Brock, Brock. Bueno, aquel silencio fue como si me hubiese echado helado en las orejas.

-Parece que le gusta mucho el helado.

-Me paseé en el auto disfrutando del silencio. Es la franela más blanda y suave del mundo. El silencio. Una hora entera de silencio. Yo paseaba en el coche, sonriendo, sintiendo aquella franela en mis oídos. ¡Me emborraché de libertad!

-Continúe.

-Entonces se me ocurrió lo de la máquina portátil de diatermia. Alquilé una, y aquella noche subí con ella al ómnibus que me llevaría a casa. Todos los viajeros hablaban con sus mujeres por la radio pulsera diciendo: «Ahora estoy en la calle Cuarenta y tres, ahora en la Cuarenta y cuatro, aquí estoy en la Cuarenta y nueve, ahora doblamos en la Sesenta y una.» Un marido maldecía: «Bueno, sal de ese bar, maldita sea y vete a casa a preparar la cena. ¡Estoy en la Setenta!» Y una radio de transistores tocaba Cuentos de los bosques de Viena, y un canario cantaba una canción acerca de una sopa de cereales. En ese momento..., ¡encendí mi aparato de diatermia! ¡Estática! ¡Interferencia! Todas las mujeres separadas de los maridos que habían acabado una dura jornada en la oficina. ¡Todos los maridos separados de sus mujeres que acababan de ver cómo sus chicos rompían una ventana! Talé los Bosques de Viena. El canario se atragantó. ¡Silencio! Un terrible, inesperado silencio. Los pasajeros del ómnibus tuvieron que afrontar la posibilidad de conversar entre ellos. ¡El pánico! ¡Un pánico puro y animal!

-¿Se lo llevó la policía?

-El ómnibus tuvo que detenerse. Después de todo, la música había desaparecido, maridos, mujeres habían perdido contacto on la realidad. Un pandemonio, un tumulto, y un caos. ¡Ardillas que chillaban en sus jaulas! Llegó una patrulla, me descubrieron rápidamente, me endilgaron un discurso, me multaron, y me mandaron a casa, sin el aparato de diatermia, en un santiamén.

-Señor Brock, ¿puedo sugerirle que su conducta hasta ese momento no había sido muy... práctica? Si no le gustaban las radios de transistores, o las radios de oficina, o las radios de auto, ¿por qué no se unió a alguna asociación de enemigos de la radio, firmó petitorios, o luchó por normas legales y constitucionales? Al fin y al cabo, estamos en una democracia.

-Y yo-dijo Brock- estoy en lo que se llama una minoría. Me uní a asociaciones, firmé petitorios, llevé el asunto a la justicia. Protesté todos los años. Todos se rieron, todos amaban las radios y los anuncios. Yo estaba fuera de lugar.

-Entonces tenía que haberse conducido como un buen soldado, ¿no le parece? La mayoría manda.

-Pero han ido demasiado lejos. Si un poco de música y «mantenerse en contacto» es agradable, piensan que mucha música y mucho «contacto» será diez veces más agradable. ¡Me volvieron loco! Llegué a casa y encontré a mi mujer histérica. ¿Por qué? Porque había perdido todo contacto conmigo durante medio día. ¿Recuerda que bailé sobre mi radio pulsera? Bueno, aquella noche hice planes para asesinar la casa.

-¿Pero quiere que lo escriba así? ¿Está seguro?

-Es semánticamente exacto. Había que enmudecerla. Mi casa es una de esas casas que hablan, cantan, tararean, informan sobre el tiempo, leen novelas, tintinean, entonan una canción de cuna cuando uno se va a la cama. Una casa que le chilla a uno una ópera en el baño y le enseña español mientras duerme. Una de esas cavernas charlatanas con toda clase de oráculos electrónicos que lo hacen sentirse a uno poco más grande que un dedal, con cocinas que dicen: «Soy una torta de durazno, y estoy a punto» o «Soy un escogido trozo de carne asada, ¡sácame!», y otras cosas semejantes. Con camas que lo mecen a uno y lo sacuden para despertarlo. Una casa que apenas tolera a los seres humanos, se lo aseguro. Una puerta de calle que ladra: «¡Tiene los pies embarrados, señor!» Y el galgo de una válvula de vacío electrónica que lo sigue a uno olfateándolo de cuarto en cuarto, sorbiendo todo fragmento de uña o ceniza que uno deja caer. ¡Jesucristo! ¡Jesucristo!

-Cálmese-sugirió el psiquiatra.

-¿Recuerda aquella canción de Gilbert y Sullivan, Lo he anotado en mi lista, y jamás lo olvidaré? Me pasé la noche anotando quejas. A la mañana siguiente me compré una pistola. Me embarré los zapatos a propósito. Me planté ante la puerta de calle. La puerta chilló: «¡Pies sucios, pies embarrados! ¡Límpiese los pies! ¡Por favor sea aseado!» Le disparé un tiro por el ojo de la cerradura. Corrí a la cocina, donde el horno lloriqueaba: «¡Apáguenme!» En medio de una tortilla mecánica, enmudecí la cocina. O cómo siseó y gritó: «¡Un corto circuito!» Entonces sonó el teléfono, como un murciélago. Lo eché en el sumidero mecánico. Debo declarar aquí que no tengo nada contra el sumidero. Lo siento por él, un dispositivo útil sin duda, que nunca dice una palabra, ronronea como un león soñoliento la mayor parte del tiempo, y digiere nuestros restos. Lo arreglaré. Luego fui y maté el televisor, esa bestia insidiosa, esa Medusa, que petrifica a un billón de personas todas las noches con una fija mirada, esa sirena que llama y canta y promete tanto, y da, al fin y al cabo, tan poco, y yo mismo siempre volviendo a él, volviendo y esperando, hasta que... ¡pum! Como un pavo sin cabeza, mi mujer salió chillando a la calle. Vino la policía. ¡Y aquí estoy!

Brock se echó hacia atrás, feliz, y encendió un cigarrillo.

-¿Y no pensó usted, al cometer esos crímenes, que la radio pulsera, el transmisor, el teléfono, la radio del ómnibus, los intercomunicadores, eran todos alquilados, o pertenecían a algún otro?

-Lo haría otra vez, que Dios me proteja.

El psiquiatra se quedó inmóvil bajo el sol de aquella beatífica sonrisa.

-¿Y no quiere que lo ayude la Oficina de Salud Mental? ¿Está preparado a soportar las consecuencias?

-Esto es sólo el comienzo-dijo el señor Brock- . Soy la vanguardia de unos pocos cansados de ruidos y órdenes y empujones y gritos, y música en todo momento, en todo momento en contacto con alguna voz de alguna parte, haz esto, haz aquello, rápido, rápido, ahora aquí, ahora allá. Ya veremos. La rebelión comienza. ¡Mi nombre hará historia!

- Mmm.

El psiquiatra parecía pensativo.

-Llevará tiempo, por supuesto. Era tan agradable al principio. La sola idea de esas cosas, tan prácticas, era maravillosa. Eran casi juguetes con los que uno podía divertirse. Pero la gente fue demasiado lejos, y se encontró envuelta en una red de la que no podía salir, ni siquiera advertía que estaba dentro. Así que dieron a sus nervios otro nombre «La vida moderna», dijeron. «Tensión», dijeron. Pero recuérdelo, se ha echado la semilla. Me conocen en todo el mundo gracias a la TV, la radio, las películas. Es una ironía. Eso fue hace cinco días. Un billón de personas me conoce. Revise las columnas de las finanzas. Un día notará algo. Quizá hoy mismo. ¡Una alza repentina en las ventas de helado de chocolate!

-Entiendo-dijo el psiquiatra.

-¿Puedo volver a mi hermosa celda privada, donde podré estar solo y en silencio durante seis meses?

-Sí- dijo el psiquiatra en voz baja. -No se preocupe por mí- dijo el señor Brock incorporándose- . Me voy a entretener un tiempo metiéndome ese blando, suave y callado material en las orejas.

-Mmm-dijo el psiquiatra yendo hacia la puerta.

-Saludos-dijo el señor Brock.

-Sí- dijo el psiquiatra.

Apretó el botón oculto de acuerdo con la clave. La puerta se abrió, el psiquiatra salió del cuarto, la puerta se cerró. El psiquiatra atravesó oficinas y corredores. Los primeros veinte metros de su marcha fueron acompañados por El tamboril chino. Luego se oyó Tzigana, Passacaglia y fuga en algo menor, E1 paso del tigre, El amor es como un cigarrillo. Sacó la radio pulsera rota del bolsillo como una mantis religiosa muerta. Entró en su oficina. Sonó un timbre. Una voz llegó desde el cielo raso:

-¿Doctor?

-Acabo de terminar con Brock.

-¿Diagnóstico?

-Parece completamente desorientado, pero jovial. Rehusa aceptar las más simples realidades de su ambiente, y cooperar con ellas.

-¿Pronóstico?

-Indefinido. Lo dejé disfrutando con un trozo de material invisible.

Llamaron tres teléfonos. Un duplicado de su radio pulsera zumbó en un cajón del escritorio como una langosta herida. El intercomunicador lanzó una luz robada y un clic-clic. Llamaron tres teléfonos. El cajón zumbó. Entró música por la puerta abierta. El psiquiatra, tarareando entre dientes, se puso la nueva radio pulsera en la muñeca, abrió el intercomunicador, habló un momento, atendió un teléfono, habló, atendió otro teléfono, habló, atendió un tercer teléfono, habló, tocó el botón de la radio pulsera, habló serenamente y en voz baja, con una cara descansada y tranquila, mientras se oía música y las luces se apagaban y encendían, los dos teléfonos llamaban otra vez, y él movía las manos, y la radio pulsera zumbaba, y los intercomunicadores conversaban, y unas voces hablaban desde el techo. Y así siguió serenamente el resto de una larga y fresca tarde de aire acondicionado; teléfono, radio pulsera, intercomunicador, teléfono, radio pulsera, intercomunicador, teléfono, radio pulsera, intercomunicador, teléfono, radio pulsera, intercomunicador, teléfono, radio pulsera, intercomunicador, teléfono, radio pulsera...

Título Original : The Murderer © 1953.

lunes, 25 de mayo de 2009

Homero - La Ilíada - Canto VI (FRAGMENTO)

Canto VI (Fragmento - Coloquio de Héctor y Andrómaca)
237 Al pasar Héctor por la encina y las puertas Esceas, acudieron corriendo las esposas a hijas de los troyanos y preguntáronle por sus hijos, hermanos, amigos y esposos; y él les encargó que unas tras otras orasen a los dioses, porque para muchas eran inminentes las desgracias.
242 Cuando llegó al magnífico palacio de Príamo, provisto de bruñidos pórticos (en él había cincuenta cámaras de pulimentada piedra, seguidas, donde dormían los hijos de Príamo con sus legítimas esposas; y enfrente, dentro del mismo patio, otras doce construidas igualmente con sillares, continuas y techadas, donde se acostaban los yernos de Príamo y sus castas mujeres), le salió al encuentro su alma madre que iba en busca de Laódice, la más hermosa de las princesas; y, asiéndole de la mano, le dijo:
254 -¡Hijo! ¿Por qué has venido, dejando el áspero combate? Sin duda los aqueos, de aborrecido nombre, deben de estrecharnos, combatiendo alrededor de la ciudad, y tu corazón lo ha impulsado a volver con el fin de levantar desde la acrópolis las manos a Zeus. Pero, aguarda, traeré vino dulce como la miel para que primeramente lo libes al padre Zeus y a los demás inmortales, y luego te aproveche también a ti, si bebes. El vino aumenta mucho el vigor del hombre fatigado y tú lo estás de pelear por los tuyos.
263 Respondióle el gran Héctor, el de tremolante casco:
264 -No me des vino dulce como la miel, veneranda madre; no sea que me enerves y me prives del valor, y yo me olvide de mi fuerza. No me atrevo a libar el negro vino en honor de Zeus sin lavarme las manos, ni es lícito orar al Cronión, el de las sombrías nubes, cuando uno está manchado de sangre y polvo. Pero tú congrega a las matronas, llévate perfumes, y, entrando en el templo de Atenea, que impera en las batallas, pon sobre las rodillas de la deidad de hermosa cabellera el peplo mayor, más lindo y que más aprecies de cuantos haya en el palacio; y vota a la diosa sacrificar en su templo doce vacas de un año, no sujetas aún al yugo, si, apiadándose de la ciudad y de las esposas y tiernos niños de los troyanos, aparta de la sagrada Ilio al hijo de Tideo, feroz guerrero, cuya valentía causa nuestra derrota. Encamínate, pues, al templo de Atenea, que impera en las batallas, y yo iré a la casa de Paris a llamarlo, si me quiere escuchar. ¡Así la tierra se lo tragara! Criólo el Olímpico como una gran plaga para los troyanos y el magnánimo Príamo y sus hijos. Creo que, si le viera descender al Hades, mi alma se olvidaría de los enojosos pesares.
286 Así dijo. Hécuba, volviendo al palacio, llamó a las esclavas, y éstas anduvieron por la ciudad y congregaron a las matronas; bajó luego al fragante aposento donde se guardaban los peplos bordados, obra de las mujeres que se había llevado de Sidón el deiforme Alejandro en el mismo viaje por el ancho ponto en que se llevó a Helena, la de nobles padres; tomó, para ofrecerlo a Atenea, el peplo mayor y más hermoso por sus bordaduras, que resplandecía como un astro y se hallaba debajo de todos, y partió acompañada de muchas matronas.
297 Cuando llegaron a la acrópolis, abrióles las puertas del templo de Atenea Teano, la de hermosas mejillas, hija de Ciseide y esposa de Anténor, domador de caballos, a la cual habían elegido los troyanos sacerdotisa de Atenea. Todas, con lúgubres lamentos, levantaron las manos a la diosa. Teano, la de hermosas mejillas, tomó el peplo, lo puso sobre las rodillas de Atenea, la de hermosa cabellera, y orando rogó así a la hija del gran Zeus:
305 -¡Veneranda Atenea, protectora de la ciudad, divina entre las diosas! ¡Quiébrale la lanza a Diomedes y concédenos que caiga de pechos en el suelo, ante las puertas Esceas, para que to sacrifiquemos en este templo doce vacas de un año, no sujetas aún al yugo, si de este modo to apiadas de la ciudad y de las esposas y tiernos niños de los troyanos!
311 Así dijo rogando, pero Palas Atenea no accedió. Mientras invocaban de este modo a la hija del gran Zeus, Héctor se encaminó al magnífico palacio que para Alejandro había labrado él mismo con los más hábiles constructores de la fértil Troya; éstos le hicieron una cámara nupcial, una sala y un patio, en la acrópolis, cerca de los palacios de Príamo y de Héctor. A11í entró Héctor, caro a Zeus, llevando una lanza de once codos, cuya broncínea y reluciente punta estaba sujeta por áureo anillo. En la cámara halló a Alejandro que acicalaba las magníficas armas, escudo y coraza, y probaba el corvo arco; y a la argiva Helena, que, sentada entre sus esclavas, ocupábalas en primorosas labores. Y en viendo a aquél, increpólo con injuriosas palabras:
326 -¡Desgraciado! No es decoroso que guardes en el corazón ese rencor. Los hombres perecen combatiendo al pie de los altos muros de la ciudad; el bélico clamor y la lucha se encendieron por tu causa alrededor de nosotros, y tú mismo reconvendrías a quien cejara en la pelea horrenda. Ea, levántate. No sea que la ciudad llegue a ser pasto de las voraces llamas.
332 Respondióle el deiforme Alejandro:
333 -¡Héctor! Justos y no excesivos son tus baldones, y por lo mismo voy a contestarte. Atiende y óyeme. Permanecía aquí, no tanto por estar airado o resentido con los troyanos, cuanto porque deseaba entregarme al dolor. En este instante mi esposa me exhortaba con blandas palabras a volver al combate; y también a mí me parece preferible, porque la victoria tiene sus alternativas para los guerreros. Ea, pues, aguarda, y visto las marciales armas; o vete y te sigo, y creo que lograré alcanzarte.
342 Así dijo. Héctor, el de tremolante casco, nada contestó. Y Helena hablóle con dulces palabras:
3- -¡Cuñado mío, de esta perra maléfica y abominable! ¡Ojalá que, cuando mi madre me dio a luz, un viento tempestuoso se me hubiese llevado al monte o al estruendoso mar, para hacerme juguete de las olas, antes que tales hechos ocurrieran! Y ya que los dioses determinaron causar estos males, debió tocarme ser esposa de un varón más fuerte, a quien dolieran la indignación y los muchos baldones de los hombres. Éste ni tiene firmeza de ánimo ni la tendrá nunca, y creo que recogerá el debido fruto. Pero entra y siéntate en esta silla, cuñado, que la fatiga te oprime el corazón por mí, perra, y por la falta de Alejandro; a quienes Zeus nos dio mala suerte a fin de que a los venideros les sirvamos de asunto para sus cantos.
359 Respondióle el gran Héctor, el de tremolante casco:
360-No me ofrezcas asiento, Helena, aunque me aprecies, pues no lograrás persuadirme: ya mi corazón desea socorrer a los troyanos que me aguardan con impaciencia. Pero tú haz levantar a ése y él mismo se dé prisa para que me alcance dentro de la ciudad, mientras voy a mi casa y veo a los criados, a la esposa querida y al tierno niño; que ignoro si volveré de la batalla, o los dioses dispondrán que sucumba a manos de los aqueos.
369 Apenas hubo dicho estas palabras, Héctor, el de tremolante casco, se fue. Llegó en seguida a su palacio, que abundaba de gente, mas no encontró a Andrómaca, la de níveos brazos, pues con el niño y la criada de hermoso peplo estaba en la torre llorando y lamentándose. Héctor, como no hallara dentro a su excelente esposa, detúvose en el umbral y habló con las esclavas:
376 -¡Ea, esclavas, decidme la verdad! ¿Adónde ha ido Andrómaca, la de níveos brazos, desde el palacio? ¿A visitar a mis hermanas o a mis cuñadas de hermosos peplos? ¿O, acaso, al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas trenzas, aplacan a la terrible diosa?
381 Respondióle con estas palabras la fiel despensera:
382 -¡Héctor! Ya que tanto nos mandas decir la verdad, no fue a visitar a tus hermanas ni a tus cuñadas de hermosos peplos, ni al templo de Atenea, donde las troyanas, de lindas trenzas, aplacan a la terrible diosa, sino que subió a la gran torre de Ilio, porque supo que los troyanos llevaban la peor parte y era grande el ímpetu de los aqueos. Partió hacia la muralla, ansiosa, como loca, y con ella se fue la nodriza que lleva el niño.
390 Así habló la despensera, y Héctor, saliendo presuroso de la casa, desanduvo el camino por las bien trazadas calles. Tan luego como, después de atravesar la gran ciudad, llegó a las puertas Esceas -por allí había de salir al campo-, corrió a su encuentro su rica esposa Andrómaca, hija del magnánimo Eetión, que vivía bajo el boscoso Placo, en Teba bajo el Placo, y era rey de los cilicios. Hija de éste era, pues, la esposa de Héctor, de broncínea armadura, que entonces le salió al camino. Acompañábale una sirvienta llevando en brazos al tierno infante, al Hectórida amado, parecido a una hermosa estrella, a quien su padre llamaba Escamandrio y los demás Astianacte, porque sólo por Héctor se salvaba Ilio. Vio el héroe al niño y sonrió silenciosamente. Andrómaca, llorosa, se detuvo a su lado, y asiéndole de la mano le dijo:
407 -¡Desgraciado! Tu valor te perderá. No te apiadas del tierno infante ni de mí, infortunada, que pronto seré tu viuda; pues los aqueos te acometerán todos a una y acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares, que ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matólo el divino Aquiles cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Teba, la de altas puertas: dio muerte a Eetión, y sin despojarlo, por el religioso temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas monteses, hijas de Zeus, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo día; pues a todos los mató el divino Aquiles, el de los pies ligeros, entre los flexípedes bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquél con otras riquezas y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Ártemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. Héctor, tú eres ahora mi padre, mi venerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Pues, ea, sé compasivo, quédate aquí en la tome -¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!- y pon el ejército junto al cabrahígo, que por allí la ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar. Los más valientes -los dos Ayantes, el célebre Idomeneo, los Atridas y el fuerte hijo de Tideo con los suyos respectivos- ya por tres veces se han encaminado a aquel sitio para intentar el asalto: alguien que conoce los oráculos se to indicó, o su mismo arrojo los impele y anima.
440 Contestóle el gran Héctor, el de tremolante casco:
441 Todo esto me da cuidado, mujer, pero mucho me sonrojaría ante los troyanos y las troyanas de rozagantes peplos, si como un cobarde huyera del combate; y tampoco mi corazón me incita a ello, que siempre supe ser valiente y pelear en primera fila entre los troyanos, manteniendo la inmensa gloria de mi padre y de mí mismo. Bien lo conoce mi inteligencia y lo presiente mi corazón: día vendrá en que perezcan la sagrada Ilio, Príamo y el pueblo de Príamo, armad con lanzas de fresno. Pero la futura desgracia de los troyanos, de la misma Hécuba, del rey Príamo y de muchos d mis valientes hermanos que caerán en el polvo a manos d los enemigos, no me importa tanto como la que padecerá tú cuando alguno de los aqueos, de broncíneas corazas, se te lleve llorosa, privándote de libertad, y luego tejas tela e Argos, a las órdenes de otra mujer, o vayas por agua a la fuente Meseide o Hiperea, muy contrariada porque la dura necesidad pesará sobre ti. Y quizás alguien exclame, al verte derramar lágrimas: «Ésta fue la esposa de Héctor, el
guerrero que más se señalaba entre los troyanos, domadores de caballos, cuando en torno de Ilio peleaban.» Así dirán, y sentirás un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud. Pero ojalá un montón de tierra cubra mi cadáver, antes que oiga tus clamores o presencie tu rapto.
466 Así diciendo, el esclarecido Héctor tendió los brazos su hijo, y éste se recostó, gritando, en el seno de la nodriz de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: dábanle miedo el bronce y el terrible penacho crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo. Sonriéronse el padre amoroso y la veneranda madre. Héctor se apresuró a dejar el refulgente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado, y rogó así a Zeus y a los de más dioses:
476-¡Zeus y demás dioses! Concededme que este hijo mío sea, como yo, ilustre entre los troyanos a igualmente esforzado; que reine poderosamente en Ilio; que digan de él cuando vuelva de la batalla: «¡Es mucho más valiente que su padre!»; y que, cargado de cruentos despojos del enemigo quien haya muerto, regocije el alma de su madre.
482 Esto dicho, puso el niño en brazos de la esposa amada, que, al recibirlo en el perfumado seno, sonreía con el rostro todavía bañado en lágrimas. Notólo el esposo y compadecido, acaricióla con la mano y le dijo:
486 -¡Desdichada! No en demasía tu corazón se acongoje, que nadie me enviará al Hades antes de lo dispuesto por el destino; y de su suerte ningún hombre, sea cobarde o valiente, puede librarse una vez nacido. Vuelve a casa, ocúpate en las labores del telar y la rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de la guerra nos cuidaremos cuantos varones nacimos en Ilio, y yo el primero.
494 Dichas estas palabras, el preclaro Héctor se puso el yelmo adornado con crines de caballo, y la esposa amada regresó a su casa, volviendo la cabeza de cuando en cuando y vertiendo copiosas lágrimas. Pronto llegó Andrómaca al palacio, lleno de gente, de Héctor, matador de hombres; halló en él muchas esclavas, y a todas las movió a lágrimas. Lloraban en el palacio a Héctor vivo aún, porque no esperaban que volviera del combate librándose del valor y de las manos de los aqueos.
503 Paris no demoró en el alto palacio; pues, así que hubo vestido las magníficas armas de labrado bronce, atravesó presuroso la ciudad haciendo gala de sus pies ligeros. Como el corcel avezado a bañarse en la cristalina corriente de un río, cuando se ve atado en el establo, come la cebada del pesebre y rompiendo el ronzal sale trotando por la llanura, yergue orgulloso la cerviz, ondean las crines sobre su cuello, y ufano de su lozanía mueve ligero las rodillas encaminándose a los acostumbrados sitios donde los caballos pacen; de aquel modo, Paris, hijo de Príamo, cuya armadura brillaba como un sol, descendía gozoso de la excelsa Pérgamo por sus ágiles pies llevado. Alejandro alcanzó en seguida a su hermano el divino Héctor cuando éste regresaba del lugar en que había pasado el coloquio con su esposa, y fue el primero en hablar diciendo:
518 -¡Mi buen hermano! Mucho te hice esperar deteniéndote, a pesar de tu impaciencia; pues no he venido oportunamente, como ordenaste.
520 Respondióle Héctor, el de tremolante casco:
521 -¡Querido! Nadie que sea justo reprenderá tu trabajo en el combate, porque eres valiente; pero a veces te complaces en desalentarte y no quieres pelear, y mi corazón se aflige cuando oigo que te baldonan los troyanos que tantos trabajos sufren por ti. Pero. vámonos y luego lo arreglaremos todo, si Zeus nos permite ofrecer en nuestro palacio la cratera de la libertad a los celestes sempiternos dioses, por haber echado de Troya a los aqueos de hermosas grebas.

Romances medievales

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