sábado, 8 de enero de 2011

Análisis del Romance del Prisionero

En breve estaré subiendo una actualización del análisis de este romance. Si bien la fecha de publicación es la del 2011, el análisis fue realizado en el año 1994. Creo que merece una revisión. Igualmente dejaré este análisis para quienes gusten de él o lo hayan citado en alguna parte.

ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos se encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que no se cuando es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

Este es un romance típicamente lírico, donde predomina la emoción personal del cantor y es de carácter elegíaco. La Elegía es una composición poética que se caracteriza por la expresión del sentimiento de dolor y melancolía.

De la fragmentación de cantos que exaltaban el amor ("Canciones de Mayo") y de las quejas de los prisioneros que han sido poetizadas nace este romance.

La estructura formal del mismo es de dieciséis versos octosílabos de asonancia aguda (o). Puede también advertirse que algunos versos impares asonantan entre sí, como es el caso de los versos 1, 7 y 9 en a-o; y los versos 11 y 13 en i-a. El hecho de que estas existan, sumada a las rimas obligatorias para la existencia del romance, le confieren a éste una gran musicalidad.

Podríamos estructurarlo en tres parte: por un lado el mundo extramuros; por el otro, el mundo intramuros; y por último, la conclusión, la ruptura de la conexión con esos mundos y como consecuencia el aislamiento.

En la primera parte se hace una descripción detallada el mundo exterior a la cárcel. Comienza con una reiteración "Qué por mayo, era por mayo" (recurso habitual en el romancero que le da musicalidad al poema), donde se oye la voz del prisionero que nos ubica en el tiempo que transcurre la anécdota: La primavera. El tono de esta descripción es melancólico, se nos transporta al mundo de los recuerdos del prisionero. Esto puede verse en la utilización del verbo "era" y el adverbio de tiempo "cuando". Esta primavera se vuelve patética cuando sabemos que quien habla es un prisionero, es decir un ser al que la primavera le está vedada. La reiteración anafórica del adverbio “cuando” también ayudan a la musicalidad elegíaca del prisionero que al volver siempre sobre el adverbio vuelve también desgarrador su canto.

En el segundo verso se nos introduce una sensación térmica: el calor. Esta sensación es la imagen de la libido en relación con el sol, está relacionada con la maduración de un proceso biológico o espiritual. El calor connota compañía, afecto, calidez humana. La primavera se actualiza al utilizar el verbo "hace" en presente. Esta estación siempre se encuentra relacionada con el amor, lo nuevo, el alumbramiento, la creación. Sin duda es la estación para los enamorados. Otra situación que está prohibida para este prisionero, que está al margen de todo recordándolo todo.

La belleza de lo nuevo, de lo que nace se reafirma en los aspectos de la naturaleza dando mayor énfasis a lo natural que resulta este estado y sentimiento. El poeta utiliza el paralelismo sinonímico con sensaciones visuales para referirse a los elementos de la tierra ("cuando los trigos se encañan/ y están los campos en flor"). Recordemos que el paralelismo sinonímico es cuando se utiliza la misma estructura y sus expresiones son sinónimas. Y el mismo procedimiento, pero esta vez con sensaciones auditivas para referirse al canto de los pájaros (“cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor”). Hay en los trigos, los campos, la calandria y el ruiseñor, un juego erótico, amoroso o amatorio, una danza natural que invita a la concepción de la vida. De todo esto está privado nuestro prisionero. Para él la vida amatoria, el juego con el otro, el placer de la compañía no puede ser gozado en su condición.

Nótese que se va ascendiendo en la descripción, se pasa de la tierra (seres vivos pero inanimados), a los pájaros (seres vivos y animados pero inferiores al hombre), y por último al ser humano en su condición de enamorado (acorde con el paisaje que se describe). Esta jerarquización es la planteada en la Bíblia, en la Creación, que también sucede en primavera. La descripción que está haciendo el prisionero se hace gigante, cuando pensamos que está recordando a la Creación misma, de la que él parece no ser parte. Su prisión parecería dejarlo fuera de la gracia divina.

Volvamos al canto de los pájaros que describen la danza amorosa a través de su canto ya que la calandria (que puede relacionarse con lo femenino) canta y el ruiseñor (que puede asociarse con lo masculino) responde. Es interesante reparar en la utilización de los pájaros como imagen de esta metáfora. Los pájaros simbolizan el alma, por lo tanto esta unión de los enamorados no se refiere exclusivamente a la fecundidad como se sugiere con la imagen del campo, sino que también es espiritual. El amor está formado por esos aspectos: lo espiritual y lo carnal que lleva a la fecundación. En los cuentos folclóricos es común que la imagen de los pájaros sea un símbolo de expresión de los anhelos amorosos.

Los versos que terminan está primera parte concluyen con la imagen de los enamorados sirviendo al amor, en la misma línea que venía describiendo. Y este servir implica la relación de los elementos con la naturaleza. Esta es la estación para servir al amor, todo está naturalmente dispuesto para eso, y no es normal, sino contra natura cualquier situación contraria a ésta.

Precisamente en contraste con esta situación es que se encuentra el yo lírico, que comienza diciendo: "sino yo, triste, cuitado". La utilización del adversativo "sino", no sólo une este mundo de intramuros y extramuros, sino que además nos deja entrever que el cantor también es un enamorado, y por su condición de tal, debería encontrarse en el mundo exterior, disfrutando como todos los demás. El contraste del sentimiento de amor con el de la tristeza del prisionero produce un gran patetismo. Es interesante detenernos en el adjetivo "cuitado". Según el diccionario, esto significa desventurado, afligido; pero también significa "tímido, de poca resolución". Esto resulta muy interesante ya que nos permite pensar en la posibilidad de que la prisión de este prisionero tal vez no sea objetiva sino subjetiva. Si es así, él es su propio impedimento para vivir su amor, y por lo tanto su encierro sería voluntario, pero también humano. Tal vez está sea una de las razones por las que al día de hoy podemos seguirnos identificando con el prisionero de este romance o por lo pronto comprenderlo.

Más allá de esta posibilidad de análisis, tanto importa si la prisión es real o no, lo cierto es que aunque no lo fuera para el alma del prisionero existe y puede sentirse como real, e incluso puede perturbarlo al punto de no poder distinguir el pasar del tiempo.

Pero siguiendo la línea tradicional, podría decirse que luego de expresado su sentimiento se nos explica la razón del mismo: el encierro en la prisión, en el cual vive, y no sabemos cual fue la razón por la que se encuentra allí. Este encierro se nos plantea en un clima de tinieblas que se reflejan en el contraste noche-día, donde puede notarse que se habla de "día" en singular y se lo opone a "noches" en plural (“que no sé cuando es de día / ni cuando las noches son”)

Otra vez el pájaro. Una "avecilla" que también canta al amanecer. Esta ave es el único contacto con el mundo exterior. Recuérdese que los pájaros son símbolo de lo espiritual, y este en particular canta al amanecer que sin duda connota la esperanza del prisionero de que tal vez exista algún día un nuevo amanecer. El alma del prisionero y su esperanza están puestas en un pájaro que sí es capaz de salir del encierro. La utilización del diminutivo es una valoración afectiva que el prisionero hace de esta ave, pero también denota lo íntimo y personal que resulta este animal para él. También recurre al posesivo "me" para reforzar esta idea, y el destino personal que tiene este canto.

Este canto se contrasta con un inexorable silencio que corresponde a la muerte de su esperanza y de su alma. Y esta muerte ni siquiera es accidental; sino que se la matan. La utilización del verbo "matómela" en pretérito absoluto, indica el destino implacable sufrido por el ave; y el reiterado posesivo "me" lo vuelve a vincular íntimamente con la muerte de la misma. Esto resulta terriblemente desgarrador, teniendo en cuenta lo que el prisionero ve en el ave. Tan profundo es su dolor que resulta imposible contener una maldición a quien no fue capaz de reconocer la importancia que podría tener algo tan insignificante para algunos, pero tan imprescindible, vital y existencial para otros.

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

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Romance de la Cava Florinda

Romance nuevamente rehecho de la fatal desenvoltura de la Cava Florinda

Título

Este romance pertenece al conjunto de romances que cuentan la caída de España. Este es primer romance de siete. Evidentemente, su origen fueron los cantares de gesta, poemas extensos que narraban las hazañas de los héroes. A medida que fueron pasando los siglos, los cantares se fueron re-fundiendo en creaciones más breves, a las que se agregaban elementos que atraparan la atención del público. Recordemos la forma en que los romances eran presentados: en los mercados, en las plazas, en las ferias. Esta es la razón por la cual Menéndez Pidal coloca en este título, que no fue puesto por los juglares, la expresión “rehecho”.

Este título puesto muchos siglos después anuncia que este es un romance, es decir, composición épico lírica de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, y con un final trunco y un comienzo abrupto. No sólo hace referencia a la forma, sino también al contenido del romance. En el mismo se habla de la “fatal desenvoltura”. La palabra “fatal” recuerda la fatalidad, es decir, ese destino inapelable, del que el hombre no se puede escapar. Nada hace que se pueda evitar lo fatal, a lo que nos encontramos condenados. La desenvoltura de la Cava, su actitud desprejuiciada, liviana, descuidada, lleva a la fatalidad, no sólo de un hombre, sino de todo un reino. Convengamos que una mujer en la Edad Media tiene como tesoro más grande su virginidad, y como tarea, cuidarla. Una mujer desenvuelta, es una mujer desvergonzada, poco cuidadosa de lo más importante que tiene, su virginidad, que equivale a su propia vida. En este caso, equivaldrá al reino de España.

Desde el nombre del personaje podemos ver esa actitud. El nombre es la identidad de la persona. La “Cava” es el lugar donde se guardan los vinos del rey, y recordemos la función del vino. Este, ancestralmente, es visto como elixir que despierta las pasiones y llama a la locura, embeleza, pierde al hombre, embriaga los sentidos. Igual que una cava, este personaje despertará todo esto en el Rey.

El segundo nombre de “Florinda” también hará referencia a esa belleza natural que el personaje desprende. Igual que el aroma que deleita en la flores, así su presencia deleita por su belleza, su juventud y su plenitud. La flor también es asociada a la virginidad, que hace bella a una mujer en la Edad Media.

Resumen de la anécdota de los siete romances

En primer romance se presenta a la Cava bañándose y al Rey Rodrigo que la espía y queda prendado de su belleza. Este es el comienzo de la caída de España, aunque nadie se lo imagine en un principio.

En el segundo romance se narra el encuentro de la Cava y Rodrigo, en el cual él le declara su amor y le dice a la Cava que vaya a su recámara a la hora de la siesta. Ella no toma enserio su amor, sin embargo va a ir a su cuarto.

En el tercer romance la Cava entra en los aposentos de Rodrigo y allí es “violada”, según la ella. Luego de este suceso ella escribe una carta a su padre, el conde Julián contándole lo pasó.

En el cuarto romance el conde Julián hace un pacto con los moros, enemigos de España, para que venguen a su hija. A cambio de este favor él les entrega a toda España.

En el quinto romance el rey Rodrigo tiene un sueño premonitorio que anuncia la caída de España y la traición de Julián, a su vez la causa de esta traición.

En el sexto romance, Rodrigo va hasta la frontera y ve la caída de España. Esto lo llena de culpa y dolor. Se aleja buscando la penitencia que merece.

En el último romance, buscando esa penitencia halla a un pastor que le da de comer lo que él come (pan negro) y Rodrigo reflexiona sobre lo que perdió. Busca una ermita y pide un castigo. El cielo le da el castigo haciendo que se entierre vivo y que una serpiente lo pique.

Análisis

Podríamos dividir este poema en tres partes: la presentación del lugar; la presentación de Cava y el encuentro con Rodrigo; y por último, las consecuencias de ese encuentro.

El romance comienza con una ubicación espacial que nos da la pauta de la posición económica del personaje femenino. Se habla “de una torre de palacio”. La referencia a la torre sugiere la altitud. Ella proviene de lo alto, no sólo porque es noble, también porque su belleza está divinizada, parece sobrenatural por los efectos que provoca en Rodrigo. Recordemos que la torre está cerca del cielo, desde la perspectiva humana, y por lo tanto esta mujer parece venir del cielo, pero va a lo terrenal, al jardín, y actuará terrenalmente, sensualmente, se va a bañar desnuda en una piscina natural.

El palacio a su vez, no sólo refleja su nobleza, sino también las restricciones que implican vivir en la corte. Una mujer de alcurnia debía cumplir determinadas normas sociales que le permitieran ser digna del título de nobleza que llevaba. Por lo tanto el verbo “salió” nos hace referencia al deseo que ella y las doncellas tienen de escarparse de ese mundo rígido que aprisiona su naturaleza inquieta, juguetona y sensual. (“se salió por un postigo”)

No sale por cualquier lado, lo hace por un “postigo” que es una puerta falsa, escondida, es decir escapando de las miradas represoras que podrían haber surgido si supieran su voluntad de disfrutar de la naturaleza. Recordemos que en la Edad Media, todo lo carnal, todo lo sensual estaba muy mal visto. Por eso es que los romances son una trasgresión a esa mirada.

La actitud de este personaje y sus doncellas es de alegría, fiesta, regocijo. Primero se presenta a la Cava (“la Cava con sus doncellas / con gran fiesta y regocijo”) porque ella es la líder del grupo. Es la que tomará la iniciativa de transgredir las normas del decoro que impone la época. El hecho de que hable de doncellas está hablando de personas subordinadas a ella, sin embargo con una relación disfrutable, desprejuiciada que caracteriza a la escena. Esta actitud de alegría contrastará con la tristeza que provocará la fatalidad de la ligereza con que ella se desenvuelve, esta liviandad costará el dolor de todo un reino, y la muerte del mismo rey.

Este clima festivo se acompaña con el calor del verano. Buscando alivio físico, ellas deciden entrar en la libertad del jardín, donde predomina la naturaleza, la belleza, la exuberancia, la frescura de las flores. Este jardín hará un paralelismo psicocósmico con la Cava y sus doncellas (sobre todo con la primera), ya que el ambiente acompaña perfectamente a esa belleza divinizada, juvenil y natural en su forma de proceder.

Buscan el “espeso ombrío”, es decir un lugar donde estén ocultas, donde haya sombra que las proteja del calor del sol. Esta expresión tendrá un doble sentido, por un lado las resguardará, como dijimos del calor, pero también será el escenario perfecto para que el rey pueda mirarlas a escondidas, y “servirse de ese vino que la Cava encierra”. Desde su nombre, ella parece estar condenada a ser tomada por el Rey, y es así que ese lugar que podría pensarse como protección se convierte en un lugar sombrío, oscuro, tenebroso, aunque ella no lo sabrá hasta más adelante. De allí que el adjetivo que acompaña a “ombrío” sea “espeso”, porque la situación se hará espesa.

Sin embargo, ocultando este significado, el juglar que narra, presenta por medio de un paralelismo sinonímico, la belleza de este jardín, enumerando flores, y con ellas colores y aromas, que embriagan los sentidos y acompañan a la imagen de estas mujeres que recuerdan a las ninfas de los bosques. Las ninfas eran hadas mitológicas que tenían la función de cuidar los bosques, correteaban alegremente y desnudas por ellos, disfrutando de las bondades que los mismos guardaban.

Primero se habla de la vegetación, luego del agua y por último de las mujeres. La fuente, que embellece el jardín recuerda la plenitud, la vitalidad de estas damas, ya que ella derrama agua, símbolo de vida por excelencia, de la misma manera estas muchachas están derramando vitalidad. La referencia hiperbólica “por seis caños de oro fino” nos muestra la abundancia de esa vitalidad, siempre siguiendo la línea del paralelismo psicocósmico. El “oro fino” es un elemento preciosista muy usado como recurso estilístico en los romances. Todo en el ambiente hace referencia a la belleza que se desprende de este cuadro formado por jóvenes vírgenes, porque el color oro se relaciona con la virginidad. No sólo por la idea de tesoro que ellas poseen, sino porque en el texto bíblico, el oro simboliza la santidad, la pureza, lo sagrado.

Tanto es la belleza de esta fuente que acompaña a estas doncellas, que ni siquiera al agua se la menciona como tal, sino a través de una metáfora que resalta ese preciosismo “cristal y perlas sonoras”. Las gotas de agua en conjunción con la luz del sol crean el efecto del cristal, delicado, transparente, mágico, como estas mujeres. Y aún las “perlas sonoras”, una sinestesia que conjuga la belleza visual de las perlas, con el sonido del agua que corre, acompañan esta mirada preciosista, recordando también que el tiempo fluye y no se vuelve atrás, ya que el agua que corre nos recuerda que nada puede ser detenido. Tampoco se podrá volver atrás una vez que Rodrigo vea a la Cava, y no podrá volverse atrás, una vez que la Cava pierda su virginidad.

Las doncellas buscan alivio para el calor que sienten en el verano, pero el juglar, a través de un paralelismo sintético (es cuando las estructuras similares, van aportando datos necesarios que complementan a la sentencia anterior), nos dice que este calor que sienten no es solamente por el sol, no son sólo “ardores de estío”, son también “fuego de mocedad”. Es decir, no solo las quema el sol por fuera, sino que por dentro su juventud, sus deseos, sus apetitos carnales, encienden un fuego que no pueden apagar fácilmente. Algo peligroso para una mujer que debe guardarse de los deseos sensuales.

Intentando apagar ese fuego, pero con una actitud osada, es la Cava quien toma la iniciativa. Primero moja sus brazos, y eso tienta, prueba, seduce sensualmente a estas doncellas que tienen el cuerpo con “fuego de mocedad”. El contraste quinestésico frío/calor, es lo que provoca la desenvoltura, es decir el deseo desenfrenado de ir a más. El agua, elemento sensual, es quien tienta. Mirada esta situación en relación a la época, vemos que en la Edad Media, los baños eran algo que no se hacían frecuentemente porque se concebía que incitaban a los placeres sensuales, por eso los moros eran considerados pecaminosos. La Cava, según la cosmovisión de la época, está trasgrediendo la norma. Más aún si para disfrutar de esa decide desnudarse.

“En la sombreada alberca/ su cuerpo brilla tan lindo/ que al de todas las demás/ como sol ha oscurecido”. En estos cuatro versos se contempla la descripción física de la Cava, y vemos su belleza a través de los ojos del juglar. Esta belleza en relación con la naturaleza y con el resto de sus compañeras, resalta al punto de opacar todo lo demás. Es a través de este juego luz/sombra, que el juglar logra que el público preste toda su atención a ese cuerpo que será el causante de tantos males. A su vez, esta descripción quitará culpa a Rodrigo, que en realidad es víctima de tanta belleza. El juglar contrasta la “sombreada alberca” con el cuerpo brillante de la Cava. Nada puede ser más bello que ella, ni siquiera la misma naturaleza. A su vez podemos pensar en el adjetivo “sombreada” como la oscuridad a la que esta piscina natural está invitando. Su agua ha tentado a las pasiones ocultas, y serán responsables del amor de Rodrigo, porque han provocado la desnudez de la Cava. Exaltando la belleza de ella, no encuentra mejor manera de hacerlo que compararla con el sol y con las demás mujeres. Ella brilla de belleza y como el sol, potente, vital, oscurece todas las demás cosas.

La Cava se siente segura, resguardada, en intimidad y esto le permite manejarse sin prejuicios. Ese paraje, que parece estar del lado de la Cava, también será cómplice de la acción de Rodrigo. El campo se muestra como un elemento dual: amigo/enemigo. Este juego de apariencia/realidad es un tópico de los romances: las cosas nunca son lo que parecen. Así pasa también con la fuente, que parece ser parte de la naturaleza, pero que es una construcción del hombre. Y a su vez, esa fuente que parece ser un lugar solitario, es en realidad un lugar público. Y aún si miramos toda la zaga de estos romances, veremos que incluso la acción principal entre Rodrigo y la Cava es discutible: ¿Cuál es la realidad? ¿Cuál es la apariencia? El juglar no toma partido, y esto despierta más aún la discusión.

Justamente, el juglar le concede a la “ventura” la responsabilidad de los hechos, como si estos hechos no pertenecieran a la órbita de la voluntad. Esa ventura es la fatalidad, un destino inexorable, que tendrá un final muy caro. Ambos pierden el honor y el tesoro más preciado, porque para el hombre el honor, la tierra y la vida están en un mismo nivel, y prácticamente son sinónimos; y para ella la virginidad equivale a la vida y al honor. Por eso a la pérdida de la virginidad de la Cava equivale la pérdida del reino.

Todo esto comienza con una simple mirada. Hay también, en el rey una suerte de trasgresión, porque así como la Cava trasgrede las normas del decoro al dejarse llevar por los “fuego de la mocedad” y desnudarse, aunque parezca ese lugar seguro; el rey hace otro tanto al estar espiando la intimidad de una dama. Este episodio es una intertextualidad, (es decir, se puede rastrear una historia parecida en otro texto) en la historia bíblica del rey David y Betsabé. En esa historia, el rey David, que debía estar en la guerra, se encuentra en el palacio y desde la torre ve a Betsabé, la esposa de un guerrero de sus huestes, bañándose. El rey se enamora y hace un artilugio para poseerla.

No sólo la ventura determina los sucesos, también hay una fuerza que se apodera del rey Rodrigo. Esta fuerza es el “fuego”. Parecería que el mismo “fuego de mocedad” que poseían las doncellas, ahora pasara a la órbita de Rodrigo, como si este se hubiera contagiado de esa sensualidad y deseo. Este deseo se apodera del corazón de Rodrigo, es decir de lo más profundo de él, del lugar donde los afectos imperan, del lugar donde la razón no tiene cabida, y por lo tanto no hay lugar para el control. Este corazón tiene un mal que parte de su función de rey: es altivo. Ese fuego en combinación con la altivez hacen una mezcla mortal: ¿quién puede negarse a los deseos de un rey?

El amor “abrasólo” a Rodrigo, es decir lo quemó de pasión, porque está hablando de la brasa del fuego que consume la vida del ser que ama. A su vez este amor tiene alas como si fuera un ser divino. Llega de improviso, sorprende, vuela libre y toma al ser que ama, y este se transforma en juguete en sus manos. Aquí el amor, aunque está en minúscula, parecería hacer referencia a Cupido, el dios griego, travieso y causante de tantos males. A pesar de que estamos en la Edad Media, y la cultura greco-latina aún no ha salido a la luz, es preciso pensar que esta época ha conservado en la mayor admiración y estima a todos los aspectos de la antigüedad.

Sabemos que esta mirada trae consecuencias insospechada, y tan sorprendentes como el amor que Rodrigo siente. Cuando se habla de la pérdida de España hay una prolepsis, es decir una anticipación de lo que va a pasar. Esto atrapa al público que está escuchando y lo prepara para lo peor.

A través de un paralelismo sintético (es cuando dos estructuras similares se complementan aportando datos nuevos) el juglar coloca a Rodrigo y la Cava en mismo pie de igualdad y los enfrenta a que el público delibere este dilema (“una mujer sin ventura/ y un hombre de amor rendido”). El mismo juglar empieza por lo general, por lo más grave, y lo equipara a lo individual que también es tan grave como lo colectivo. La batalla contra el amor está perdida (“amor rendido”) desde antes de empezar, y la fatalidad está determinada desde su nombre. Por eso, utilizando una polipote (es cuando se utilizan derivados de la misma palabra como por ejemplo Florinda/flor) el juglar muestra como la Cava pierde hasta su propia identidad, su nombre, al perder su virginidad. Pierde su flor, su juventud, su inocencia, su dignidad. Sin embargo el rey no queda impune, también pierde todo lo que para el preciado, su reino, su tierra, su poder, su amor, su vida. Todo por una mirada descontroladamente apasionada.

Este carácter controversial del romance se ve en las justificaciones que ambos ponen. Ella dice que es a l a fuerza y él porque ella quiso. Ambos tienen argumentos sólidos para afirmarlo, aunque el juglar opta por la fatalidad, la ventura, sin tomar partido. Este decir personal de los personajes protagónicos, se convierte en la doxa, es decir en la opinión pública, y la controversia se transforma en una cuestión de género: las mujeres afirman una cosa a favor de su condición femenina y el hombre hace lo propio. De esta manera el romance deja de ser una simple anécdota, para transformarse en una dialéctica didáctica.

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
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Cervantes - Información sobre el Quijote

INFORMACIÓN SOBRE EL QUIJOTE

EL BARROCO

Se llama Barroco al período que sucede al Renacimiento en el siglo XVII.

En el Renacimiento el hombre es el centro del mundo, sin dejar de sentir que es la obra maestra de Dios. En este período renace la cultura grecolatina, por eso se imitan a los clásicos porque ellos encarnan la belleza suprema. El arte debe agradar, procurar un placer. Esto se consigue con la sencillez, la claridad, el equilibrio. El Renacimiento coincide con los grandes descubrimientos y con la Reforma Protestante.

La palabra Barroco tiene dos posibles orígenes: uno es el de una forma de silogismo. El silogismo es la disciplina del razonamiento que sistematizó Aristóteles. La forma que se presume puede haber surgido este nombre era la más complicada. Otro posible origen es “baroco”, esta es una perla de agua fría que mantiene una forma irregular. De alguna forma esta figura de la perla irregular bien se condice con este período en el que el preciosismo se hace costumbre, y todo se recarga de rebusques trantando de que no existan espacios vacíos, sin importar cuan regular quede la figura. Esta es una época de desequilibrio.

El Barroco sigue creyendo en el hombre, pero ya no es solamente obra maestra de Dios. Ahora en el hombre se agitan el Cielo y el Infierno. Por eso el espacio en las obras barrocas se expande, ahora ya no hay plano, sino posibilidades de representar otras dimensiones, como por ejemplo los espejos, o las escaleras, o ficciones dentro de ficciones que multipliquen los espacios, haciendo espacios infinitos. El hombre Barroco siente el desengaño del mundo, percibe el vacío interior de un hombre que se siente más cerca de la muerte que de la vida. En el arte está lejos de la simplicidad, se vuelve extremadamente complejo, se vuelve sobre sí mismo, tiende al contraste, al dinamismo, a la exageración, a la riqueza de figuras y al desborde ornamental, a la artificiosidad desbordada.

Tanto el conceptismo como el culteranismo han sido movimientos barrocos complejos que surgieron en la época. El conceptismo fue manejado por Quevedo. Se trataba de llegar al concepto de las cosas a partir de figuras sobrias pero profundas, esenciales y condensadas. Si bien había complejidad en la figura, esta estaba en función de un concepto que era esencial. Mientras que el culteranismo, apoyado por Góngora, se deleita en los elementos artificiosos y preciosistas. No se trata de hacer poesía para el vulgo, sino de llenarla de elementos cultos, con expresiones o mitos extranjeros, si fueran latín, mejor que no fuera accesible fácilmente. Es una poesía hermética y con figuras rebuscada y hasta osadas, en algunos casos.

LAS NOVELAS DE CABALLERÍA Y LA PARODIA

De la poesía épica medieval y de los romances heroicos nacen las novelas de caballería en prosa. Este tipo de novelas cuenta las hazañas fantásticas de héroes inventados, no históricos ni legendarios. Estas novelas se hacen inmediatamente populares y seducen al pueblo de forma que se evadan de la realidad.

La novela de Cervantes se trata de parodiar a las novelas de caballería. La parodia es una forma artística por la cual, tomando los mecanismos del objeto parodiado, y sus procedimientos estilísticos, se busca burlar a dicho objeto, provocar comicidad e irreverencia.

Uno de los reproches que Cervantes hace a estas novelas es la falta de ejemplaridad, ya que éstas sólo buscan deleitar y no enseñar, su forma es disparatada y tienen el único propósito de evadir al lector. Otro de los reproche es la falta de historicidad. Frente a hazañas como las del Cid, las hazañas de las novelas de caballería son absolutamente sobre naturales.

Estas novelas tenían la costumbre de citar fuentes ficticias que dieran aspecto de verdad a sus historias alocadas. Estas fuentes a veces eran tomadas como verdaderas por algunos lectores ingenuos. De la misma manera, y parodiando este procedimiento, Cervantes inventa a Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo y manchego que permitió con sus escritos continuar la historia de Don Quijote.

Otro de los procedimientos que Cervantes imita parodiando es la falta de unidad interior que tenían las novelas de caballería, así nuestro autor incluirá novelas enteras dentro de la novela, y llegará a complicar la situación, dejando hasta trunco algunos episodios.

La artificiosidad del estilo también es uno de los defectos parodiados por Cervantes. Y para ello jugará con el lenguaje en el habla de Don Quijote que intentará imitar siempre el decir de los caballeros que admira.

TÍTULO

Desde el título se puede ver el tema central de la novela. Cervantes llamó a su obra: “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. Vemos en su título la transformación del hidalgo en el personaje de ficción que él quiere ser: Hidalgo/Don Quijote. Es esta transformación el tema central. Un hidalgo es el título de nobleza más bajo, es un “hijo de algo”, pero es a través de su ingenio que se transformará en “don”, título que estaba reservado a los caballeros o a mayor alcurnia. Si tenemos presente la palabra “ingenio” veremos que esto es el don de invención, la posibilidad de crear mundos de ilusión.

Así que pasa de hidalgo a Don, y pasa de alguien sin un nombre claro, tal vez Quijana a Quijote. Pero pasa de un nombre que no merece ser mencionado a uno que se inventa a partir de ese nombre que no merece conocerse claramente. Se toma algo de su persona y se la transforma, se la sublima, manteniendo la raíz de la palabra y cambiando el final de ella. De la misma manera, este personaje mantendrá la esencia de su ser, y cambiará el final de su historia. Esta parece ser la clave de la mirada del personaje: la realidad tosca, vulgar, mediocre puede ser transformada por la mirada, en una realidad digna, bella, sublimada dependiendo de cómo se haga. Y también la lectura contraria es posible: en una realidad sublime, embellecida, digan, existe siempre algo de mediocridad que la sostiene. Pero esta lectura, sin duda, no es la que tiene nuestro personaje, sino la que puede hacer cualquier lector dado los campos que la obra abre.

ESTRUCTURA

La novela está estructurada en dos grandes partes: hay dos Quijotes, que incluso fueron publicados con diez años de diferencia.

En el primer Quijote tenemos dos salidas del personaje. Una muy corta que llega hasta el capítulo V y la otra que va hasta el final del primer libro. En este primer Quijote tenemos un personaje que cree en la realidad que inventa y que busca hazañas con que poder alagar a su Dulcinea del Toboso. El personaje confía en su creación, es optimista, siendo Sancho quien cumple la función de presentarle la realidad, a la que él considera transformada por encantadores que sólo quieren su mal.

En el segundo Quijote tenemos la última salida del personaje. Ahora tendrá otras motivaciones, dado que Sancho encanta a Dulcinea en el capítulo X. A partir de allí, el Quijote andará sólo para desencantar a Dulcinea. En esa gran aventura, vive innumerables aventuras. Ya el personaje se muestra más desconfiado. No está tan seguro de la presencia de los encantadores, e intenta creer en su creación, que se le ha ido de las manos.

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viernes, 7 de enero de 2011

Análisis del Canto III - La puerta y los Indiferentes

La puerta del Infierno y los Indiferentes

Este canto se abre con la inscripción de la puerta del Infierno. Con ella nos introduce el autor en el ambiente de la desesperación y de dolor que caracteriza el mundo de los condenados. Luego se describe el tormento de los indiferentes y por último el pasaje por el río Aqueronte.

La atmósfera de este canto estará determinada por las sensaciones psicológicas del personaje. Dirá Mornigliano: “…la del tercer canto está dada por el primer contacto con la eterna oscuridad del infierno y la desolación que ésta produce en el alma”.

El canto comienza abruptamente. Antes de llegar a él, la única información que teníamos estaba dada por el canto II, en una extensa conversación entre Virgilio y Dante en la cual el primero le explica al segunda la razón por la que está allí y adónde irán ahora, quién lo envió y con qué fin. Pero no hay mayor explicación. El canto tres comienza con estas palabras que sólo después de leer los tres tercetos, nos enteramos que quien está hablando no es ninguno de los personajes, sino la puerta misma, que se encuentra personificada a través de las palabras “por mí…”. La puerta parece hablar, advertir a todo aquel que llega a ese lugar, que no existe esperanza, que están en el lugar tan temido en vida, que este es el reino del dolor eterno.

Dante no sabrá dónde está, Virgilio debe explicarle, y el lector, al igual que el personaje parece asombrarse, estremecerse con tales palabras que no tienen ninguna explicación hasta que Virgilio la dé. Es la búsqueda del impacto. La inscripción golpea al lector y al personaje a la vez, porque son palabras duras e implacables, por su sobriedad y solemnidad sobrecogedora. Ese Dios amoroso, también es justo y quien llega allí lo ha hecho por los actos de su vida y su falta de arrepentimiento.

“per me si va nella cittá dolente,
Per me si va nell’ eterno dolore,
Per me si va tra la persuta gente”

(“Por mi se va a la ciudad doliente
Por mi se va al eterno dolor
Por mi se va a la perdida gente”)

Este terceto está formado por un triple paralelismo. No olvidemos la importancia esotérica que tiene el número tres en la obra de Dante. La obra está escrita en tercetos, y esta inscripción también tiene la forma de tres tercetos. Toda la obra de Dante está estructurada con la misma precisión que tendría un edificio eclesiástico de la época. Nada está librado al azar. Incluso el paralelismo, que es la figura literaria en la que se repiten la misma estructura gramatical, es una figura utilizada comúnmente en la Biblia.

La puerta es el único acceso al mundo signado por el dolor eterno, es la ciudad del dolor, es donde habita la raza perdida, es la decir la “desgraciada”, la que ha quedado fuera de la gracia de Dios, pero no porque Dios lo haya querido así, sino por sus obras y por su falta de fe. Los perdidos son aquellos que han elegido darle la espalda a Dios. En estos tres versos se muestra implícitamente la metáfora bíblica de la vida del justo como el camino recto y la del pecador cuyo camino se pierde.

En Mateo 7:13 , Jesús dice: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.” Esta es la referencia que inspira a la visión de esta puerta. Es ancha, grande porque muchos entran por ella, porque es mucho más fácil perderse que salvarse, pero además, a través de esa inscripción la puerta parece hablar, por lo tanto se transforma en una inmensa boca que traga “víctimas”.

Este primer paralelismo, acompañado por la anáfora “per”, es un paralelismo sintético porque cada uno de los versos va agregando algo nuevo a lo anterior. La anáfora refuerza la idea de perdición, ya que quien entre por ella no podrá contar con la esperanza de salir. El castigo es eterno y la esperanza en este mundo infernal está muerta. La salvación sólo es posible en vida, y estas almas han perdido su tiempo.

Primero “la ciudad doliente”, el lugar en el que habitan sólo es esperable el dolor. Esto recuerda aquellos castillos amurallados de la Edad Media, en que sólo cabía el dolor y la desesperación de la amenaza de una invasión bárbara. Esta característica del dolor se repetirá en los otros dos versos, de una u otra forma. Una vez que el alma llega al infierno pierde toda su libertad, sólo le resta obedecer y sufrir. El dolor y el odio son los únicos sentimientos posibles en este mundo. El primero es porque el pecado cometido trae como consecuencia el castigo eterno. Ellos saben que están allí por justicia divina. El odio es hacia Dios, tal como lo tuvieron en vida al despreciar su palabra.

La segunda característica es el “eterno dolor”. Aquí hay una nueva idea: la eternidad de ese dolor. No existe el principio ni el fin de ese dolor. Es constante, permanente y eterno. No se detendrá jamás, sólo habrá una excepción, cuando Dante quiera conversar con algún alma para enterarse de la historia del personaje que entrevistará. Ese es el único momento de descanso de estas almas y son un instante ante la eternidad. Este momento que detiene a la eternidad por un instante es un acto amoroso de Dios, porque le permite algo que ellos no merecen, en primera instancia, y en segunda instancia porque le da a Dante la oportunidad de escribir lo que ve para aleccionar a la humanidad del peligro que corre si no se arrepiente. Dante es un privilegiado, un elegido para esta actividad, por la sola gracia de Dios y la insistencia de Beatriz que fue quien pidió a la Virgen para que intercediera por Dante y le diera esta oportunidad. Dante coloca a Beatriz en el lugar más alto, en el paraíso, al lado de la Virgen, lo que nos recuerda a la “donna angellicata” tan mentada en el Dolce Stil Novo.

El último paralelismo; “la perdida gente”, no sólo insiste en la esperanza perdida, sino en el dolor eterno, existe la posibilidad de salvación para ellos. Es gente rechazada por la gracia de Dios. Quien allí entre ya está perdido. La palabra gente refiere en realidad a las almas que no han olvidado lo que eran cuando tenían cuerpo. Esto es muy importante, porque es lo que explica el sufrimiento físico. Lo que subsiste es el sentimiento de cuando estaban vivos, y es por esa forma de pensar que siguen aferrados al dolor. Ellos están perdidos porque sabían que estaban pecando, con lo cual ya estaban perdidos aún en vida, y nunca se arrepintieron, ni siquiera un instante antes de morir, lo que los hubiera puesto en el Purgatorio. Ellos sabiendo la diferencia entre el bien y el mal, escogen el pecado, eso es libre albedrío. La única excepción en el Infierno es el primer círculo: el limbo. Allí la gente que se encuentra no tiene un castigo físico, sino una eterna sensación de que les falta algo: Dios. Esto se debe a que ellos murieron antes de conocer a Cristo, por lo tanto no pudieron ver la redención, ni conocer a Dios. Así estarán condenados al infierno, pero sin un castigo físico, sino más bien una eterna melancolía que no podrán explicarse.

El segundo terceto alude a la Trinidad divina:

“Giustizia, mosse il mio alto Fattore:
Feceme la divina potestate,
La somma sapieza e’ il primo amore”

(“La justicia movió a mi alto Hacedor:
Soy la obra de la divina potestad,
La suma sabiduría y el primer amor”)

Dios es el único hacedor y se manifiesta en sus tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, aludidas en el terceto como “la divina potestad, la suma sabiduría y el primer amor”. Estas categoría también se pueden encontrar en la Biblia, Dios como el Hacedor, todopoderoso, que creó al mundo y al hombre y también fue capaz de crear el Infierno. Este no fue creado para el hombre, pero por la perdición del hombre, allí se encuentran las almas pecadoras. El infierno fue creado para el Diablo y aquellos ángeles que se rebelaron con él, pero la intención de Dios era que todo hombre se salvara, aunque el hombre no lo quiso así, y como Dios es Justo también, debe cumplir con este castigo. El infierno es obra de la divina justicia, y de la sabiduría, a la que los proverbios asocian con Cristo, aquel que clama por la sensatez del hombre, y por el Espíritu Santo también definido como amor. En la concepción de Dante, el amor mueve su mundo. Movió a Beatriz a salvar a Dante, y mueve todas las cosas, Dios es amor, lo definirá una de las epístolas de Juan, así aunque resulte difícil de entender, el Infierno es obra del amor, como lo es permitirle a Dante descubrirlo y dejarlo plasmado en su obra para lección moral de la humanidad.

“El autor juzga con severidad y condena fácilmente al hacer concordar siempre la voluntad con la justicia divina de la que actúa como portavoz. El personaje en cambio sufre y se rebela, compadece, llora, no comprende. A medida que vaya recorriendo el mundo infernal, su espíritu irá acompasándose a la voluntad divina, a medida que se va desarrollando en él la catarsis. Toda La Divina Comedia es el proceso de purificación de las pasiones vivido por Dante.” Dirá Carriquiry.

El Infierno es obra del amor, porque Dios le dio al hombre la posibilidad de elegir a través del libre albedrío. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, tiene, al igual que Él, la posibilidad de elegir. Pero esa elección también tiene sus consecuencias. Es precisamente el libre albedrío (la opción de elegir entre nuestra propia voluntad o la voluntad de Dios) la ley que rige el universo. Quien pervierte esa ley queda esclavo del mismo vicio, tanto en la vida como después de muerta. La ley es eterna, y quien ingresa en el mundo del mal o del vicio debe perder toda esperanza, a no ser que haga un verdadero arrepentimiento, única posibilidad de salvación. Esta es la razón por la que se escribe este texto, para que la humanidad se arrepienta. Quien no lo haga pasará a ser parte de “la perdida gente”, cada acto del hombre tendrá sus consecuencias, si sigue su propia voluntad, asumirá solo esas consecuencias, sino quien responderá será el mismo Dios. Estos son los principios de amor del mundo cristiano.

El tercer terceto subraya la eternidad del castigo.

Dinanzi a me non fuor cose create
Se non etterno, el io etterna duro.
.Lasciate ogni speranza, voi ch’ entrare”

(Antes de mi no fue nada creado
Sino lo eterno y yo eterna permanezco
Dejad toda esperanza los que aquí entreís)

.Este mundo ha sido creado antes del hombre para castigar a los ángeles rebeldes, y no tendrá fin. La dureza del verso resume el sentimiento que domina a todos los condenados, la desesperación de saberse culpables, sin poder arrepentirse, y tal vez, sin querer hacerlo aún sufriendo los castigos, y por supuesto, sin aspirar al perdón. La atmósfera asfixiante proviene de la continua rebeldía, de la permanencia del odio y la blasfemia contra Dios. En varios pasajes bíblicos se define a este lugar como aquel en que se escucha el crujir de dientes, lo que puede llevarnos a pensar en esa falta de arrepentimiento, en esa blasfemia constante, en esa elección que en vida hicieron de darle la espalda al amor de Dios.

Dante muestra el temor por estas palabras “oscuras”, por su sentido tan severo e implacable, que parece contradecirse con el amor de Dios. Es Virgilio quien asume la actitud paternal de dureza y calidez a la vez. Le dice que debe perder el miedo, y abandone su rebeldía, confiando plenamente en él. Esto va acompañado de un gesto: toma su mano, como forma de consuelo.

Estas almas que verán no son dignas de compasión, son aquellas que han perdido el bien del intelecto, máxima aspiración renacentista (recordemos que el Renacimiento es un período que valora la razón y el equilibrio). La máxima aspiración de la inteligencia humana es la visión de Dios, y estas almas han perdido esa oportunidad, estarán condenadas a la oscuridad absoluta, al dolor, y la condenación. La oscuridad, obviamente es símbolo de la falta de Dios.

Una vez consolado Dante personaje, el Dante narrador afirma que Virgilio lo introdujo en “las secretas cosas”. La voluntad de Dios es inescrutable, escuchamos decir muchas veces. Incluso en la Biblia, en el Deuteronomio 29:29 leemos: “Las cosas secretas pertenecen á Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”. La Divina Comedia es una revelación paulatina de las secretas cosas, sin embargo hay aspectos de ésta que quedarán en la oscuridad. ¿Por qué un pagano de la dimensión moral de Virgilio permanece en el Infierno, mientras un pagano como Rifeo está en el Paraíso? Dante autor, quien determinó ese juicio, parece jugar a Dios manteniendo en secreto tales decisiones.

Al entrar al vestíbulo, lo primero que Dante reconoce es que éste es un “cielo sin estrellas”. Esta expresión es simbólica en toda la obra. La luz de las estrellas representan la presencia de Dios. El paraíso será la luz de las almas formando una rosa mística cuyo centro es Dios mismo. Las almas en el paraíso son luz, y es lo que vemos desde la tierra. Las estrellas son esas almas. Por lo tanto decir que el cielo no tiene estrellas es decir que allí no llega la bondad de Dios. Estas almas no pueden verlo, ni siquiera nombrarlo. La oscuridad absoluta es característica del infierno. Vale decir que cada vez que Dante sale de un reino, hay una referencia a las estrellas, porque ellas son el propósito de la obra: la redención de la humanidad a través del arrepentimiento. Es entonces necesario recordar la presencia divina en todo.

El infierno es un mundo sin tiempo. Al no haber estrellas, tampoco hay ni día ni noche. El tiempo está paralizado, es eterno. Pero en el Infierno, los condenados están paralizados en un gesto, que es en el instante mismo en que sellaron su destino. No habrá allí trascendencia, como sí lo hay en el Purgatorio, quedan fijados en su pecado y sufriendo eternamente su condena.

Una vez constatada que el sentido de la vista está disminuido en este reino a falta de luz, es el sentido auditivo el que adquiere mayor preponderancia. El oído crea en el hombre, cuando este es caótico y apabullante, una sensación de impotencia y fragilidad. La indefensión es lo que asalta a Dante quien escucha los ruidos que provienen de todas partes y que no puede identificar, por lo tanto lo atraviesan, y lo confunden. La vista tranquiliza, por más difícil que sea lo que veamos, el ruido desespera, no por casualidad Dante autor utiliza el sonido para mostrar el clima del Infierno (“resonaban suspiros, quejas y profundos gemidos”). Esto confusión se manifiesta con el llanto del personaje. Dante irá evolucionando como personaje a medida que recorra los reinos. En este canto llora, se desmaya. En el segundo círculo, también se desmayará, pero ya en el noveno círculo su discurso será más duro y despreciativo hacia los condenados. A medida que vaya acercándose a la posibilidad de redención su alma va expiando sus culpas.

“Diverse lingue, orribili favelle,
Parole di dolore, accenti d’ira” (v.22-23)

Una enumeración de sonidos caracteriza esta entrada al vestíbulo. Esta enumeración caótica está acompañada también por una aliteración (reiteración de sonidos) de los sonidos “i” y “o”. La unión del sonido agudo y grave de estas letras dan una sensación de confusión que Dante personaje sufre, y que el lector experimenta a través de la lectura. Landoni, en su comentario de la Commedia (Ed. Biblioteca Universal Rizzioli) afirma que Dante deja en claro que el lector no puede limitarse a una historia, sino que será obligado a hacer una experiencia personal. Un ejemplo de esto es la forma en que éste es colocado frente a la inscripción de la puerta sin ninguna explicación anterior. Toda la obra está centralizada en la experiencia personal tanto del personaje como del lector. Cada vez que Dante pregunte a Virgilio algo que no comprende, éste lo remitirá primero a la experiencia, a la constatación de esta experiencia: “Y él a mí: “contestado habrás de verte/ cuando del Aqueronte en la ribera/ hayas, al par que yo, de detenerte” (v.76-78). Así no resulta extraña la utilización de la aliteración para ponernos a nosotros lectores dentro de este lugar, como lectores peregrinos que acompañan el viaje del personaje guiados ambos por Virgilio.

Estas almas producían “un tumulto que va rodando siempre por aquel espacio eternalmente oscuro, como la arena impelida por un torbellino”. Las almas del infierno no tienen cuerpo, pero el recuerdo del dolor existe, así como el recuerdo permanente de su pecado cuando estaban vivos. No existe el arrepentimiento, sino más bien la blasfemia permanente a Dios, tal como la Biblia lo afirma “el llorar y el crujir de dientes”. Estas almas sienten dolor, incluso son despedazadas, como pasa con el tercer círculo, el de la gula, por Cerbero. Pero el mayor castigo no es el dolor físico, sino el recuerdo de lo perdido, como sucede con Paolo y Francesca (Canto V) cuando ambos amantes, tienen “un cuerpo” que fue tomado por el amor en vida, y que hoy están condenados a no poder tocarse jamás, aunque permanecen juntos, como parte del castigo.

Hay una comparación que apela tanto a lo auditivo, lo táctil y lo visual cuando se habla del tumulto de las almas como “la arena impelida por un torbellino”. Estas almas son muchas, tantas que asombran a Dante que no puede creer que el Infierno sobrecoja a tantos. Por eso se las asocia a un tumulto. No están organizadas, son muchas y no se reconocen individualmente. Esta es la primera visión que Dante tiene al entrar al reino. Y la mantendrá en toda la obra. Cada vez que llegue a un lugar, verá una especie de tumulto castigo, y luego se concentrará en una historia que inmortalizará con su relato. Las palabras “eterno” y “oscuro” definen su condición infernal, como hemos explicado anteriormente. Tanta es la cantidad de estas almas que se las compara con la arena, algo que resulta incontable y no identificable en su individualidad. Estas almas, de forma desordenadas están en un constante movimiento inexplicable. El vestíbulo es un lugar de pasaje. Por allí entran las almas que van a ser transportadas a los círculos del infierno, por eso la visión que Dante tiene del vestíbulo es, de alguna forma, la visión de la cantidad de almas que pueden pasar por el Infierno en un momento dado. Lo que hace que la visión sea más terrible por su inmediatez. Si en un solo momento están esa cantidad de almas: ¿Cuántas habrán pasado ya y cuántas pasarán aún?

Frecuentemente los cantos del Infierno tienen una estructura similar: primero se describe el paisaje, luego el castigo, y por último algún condenado llama la atención del protagonista que antes de dialogar con él, recurrirá a Virgilio para que le explique quiénes son los que allí penan y cuál es su pecado. Una vez que obtiene la respuesta, Dante mantendrá una conversación que le permitirá conocer la historia personal del alma condenada. Esto inmortalizará al alma, ya que su historia quedará grabada en la obra. Esto es una forma de continuar viviendo en la tierra, una forma de no morir realmente. La fama mundana es la tercera forma de vida según la concepción medieval, ya que la primera es la terrenal, y la segunda la del alma. Incluso dentro de la concepción antigua, ser tema para el canto, es una forma de trascender al tiempo. Así mismo lo dice Helena en el Canto VI de La Ilíada que sus desgracias sólo tienen el fin de la inmortalidad a través del canto: “a quienes Zeus nos dio mala suerte a fin de que a los venideros les sirvamos de asunto para sus cantos.”

La estructura sufre en el canto tercero una modificación: Dante no dialogará con nadie. Esto se explica como forma de mostrar su desprecio a estas almas. Seleccionar a un personaje y contar su historia es un privilegio que Dante concede, ya que las reivindica ante el mundo a pesar de la condena que pesa sobre ellas. Sin embargo los indiferentes no merecen ser recordados, es una forma más de castigarlos, ya que su castigo será múltiple.

Además del silencio, estas almas están condenadas a ser odiosas tanto para el Cielo como para el Infierno, por eso quedan en el vestíbulo. No merecen mezclarse con las almas buenas: “el Cielo los lanzó de su seno por no ser menos hermoso; pero el profundo Infierno no quiere recibirlos por la gloria que podrían reportar los demás culpable”. Esto que en apariencia parece ser que el Infierno no los quiere para que no le den gloria a las otras almas, es en realidad un nuevo desprecio. Pero esto también es parte del castigo.

¿Por qué tanto? ¿Qué significa en realidad ser indiferente? En el italiano, la palabra que se usa es “cobarde”, lo que explica todo una visión y un comportamiento con respecto a la vida misma. Son almas insignificantes moralmente porque “vieron sin infamia y sin gloria” (v.36). No fueron “ni rebeldes ni fieles a Dios”(v.39). “Expúlsalos el cielo y tampoco lo profundo del infierno los recibe” (v.41). “Misericordia y justicia los desdeña” (v.50). “Desagradables a Dios y a sus enemigos” (v.63). Esta insistencia se debe a que el autor, que tiene un carácter apasionado, que supo de las amarguras y los peligros de una vida políticamente comprometida, considera uno de los mayores pecados la Indiferencia y la Cobardía. Dante los castiga duramente, pero los ubica en el vestíbulo como demostrando que existe un criterio de justicia superior a él, no afectado por su subjetividad. Estas almas no se comprometieron, no tomaron partido, vivieron para sí misma, para su comodidad. No tuvieron la valentía de hacer el mal, ni tampoco el bien, por eso no existen ni para Dios ni para el Diablo, ni tampoco para el mundo. Son almas que no supieron jugarse por nada, más que por ellos mismos. Toda la humanidad actual podría encontrarse en este vestíbulo, dado que la Indiferencia y el egoísmo es parte de nuestra época de manera alarmante.

Elena Landoni afirma, en su comentario de este canto, que la palabra cobardía se opone la ética del amor cortés, amor que nace en los círculos de los caballeros, donde la valentía se lleva al extremo bajo la forma de las relaciones de vasallaje. El caballero, por su señor y por su dama debía entregar su propia vida. Dante, influido por el pensamiento cortesano, no es ajeno a esta idea, y la suscribe también dentro del ideal cristiano. No olvidemos que este viaje por los reinos de ultratumba, no sólo son para salvar a la humanidad y revelar parte de las “secretas cosas”, sino también es motivado por el amor de Beatriz, que tampoco ha sido indiferente a la condición de Dante. Es por ello que la idea de Cobardía e Indiferencia adquieren para Dante una doble repulsión, por su vida personal, por su visión del mundo, por el amor que lo acongojó, y por el que él se jugó tanto, escribiendo esta obra.

La indiferencia con que Dante y Virgilio los mira es un castigo tan desesperante para los condenados que prefieren el castigo del infierno mismo a esta vida en la que permanecerán anónimos (“ciegos”). (“Estos no esperan morir; y su ceguera es tanta, que se muestran envidiosos de cualquier suerte. El mundo no conserva ningún recuerdo suyo”).

El castigo físico de estas almas consiste, en primer lugar, en correr tras una bandera sin insignia, sin poder detenerse jamás, y sin poder alcanzarla nunca. Las banderas, que normalmente representan un ideal, acá no representa nada, y esto es lo que importa del castigo. En su vida no fueron capaces de perseguir ningún ideal, como castigo ahora deberán seguir algo que no simboliza ningún ideal, lo que hace que su carrera eterna sea inútil. Vivir es tomar partido. Estas almas vivieron físicamente, pero nada más.

En segundo lugar; están desnudas y por lo tanto expuestas a todo sufrimiento. En la vida eligieron no comprometerse para no sufrir ninguna consecuencia. Prefirieron la comodidad del no jugarse, ya que tomar decisiones implicaría sufrir. Ahora tendrán que pagar sufriendo sin ningún motivo.

La tercera parte del castigo son los tábanos y las avispas que los persiguen picándolos. Esto podría verse como símbolo de aquellos incentivos que se presentaron en la vida y que ellos prefirieron ignorar.

La última parte del castigo tiene que ver con sus lágrimas y la sangre que se desprende de sus heridas. Las dos se mezclan y parecen caer al suelo, pero ni siquiera son merecedoras de regar la tierra. Las lágrimas y la sangre – símbolos del dolor- forman parte del castigo que Dios le dio al hombre a la salida del Edén. El hombre peca, y Dios condena “maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo; En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; (Génesis, 3:17-19). De la tierra recibirá el fruto con dolor y trabajo. En este caso, su sangre y sus lágrimas no reciben nada de la tierra, y ni siquiera volverán a la tierra, porque han sido indiferentes a todo, han desperdiciado la vida que Dios les ha ofrecido, y por lo tanto, a Dios mismo. Recordemos que entre estas almas cobardes también están aquellos ángeles que cuando se produjo la rebelión contra Dios no tomaron partido, ni por él ni por el diablo.

En la multitud reconoce algunos rostros pero no los identifica para el lector, manteniendo el silencio que debe pesar sobre ellos. Sólo hace una mención “vi la sombra de aquel que por cobardía hizo la gran renuncia”. Este verso resulta oscuro al pesar sobre él el silencio de la identificación de esta alma. Algunos críticos aventuran que puede tratarse de Poncio Pilatos, quien se negó a defender a Jesús y decidió “lavarse las manos” cuando el pueblo pedía la cruxificción. Otros creen que podría ser Esaú, que renunció a su progenitura a favor de Jacob, cuando este lo engañó por un plato de comida, y sabiendo que había sido engañado, renuncia sin problema a tal honor en el pueblo hebreo. Por último se piensa en un personaje contemporáneo a Dante, Celestino V que abandonó el papado poco después de haber sido asignado en el año 1294, y fue sucedido por Bonifacio VIII quien determinó el exilio de Dante.

Se llama “contrapasso” a la simetría entre el castigo y el pecado; y en este caso se aplica de forma casi perfecta. A la indiferencia de los condenados, corresponde la indiferencia del cielo, el infierno y la poesía; a la pasividad corresponde el movimiento constante; a su egoísmo corresponde el dar sangre y lágrimas para nada.

“Las correspondencias simétricas no son más que un reflejo del hábito contraído en el estudio de la ecolástica. El contrapasso es uno de los motivos por los cuales La Divina Comedia se destaca entre todas las visiones medievales, uno de los temas de más rica poesía de todo el poema. Uno de los motivos religiosos más constantes, vinculados a esta simetría, es que en el cuerpo del pecador se lee como en un libro abierto su pecado y la sabiduría de la justicia divina” (Momigliano Ob. Cit. Pag 24).

Trabajo realizado por la profesora Paola De Nigris

Bibliografía:
- Biblia. Revisión Reina Valera. 1909
- Carriquiry, Margarita; Torres, Alicia: “Dante”. Editorial Técnica.
- Dante, Alighieri: Commedia. (Edición comentada). Ed. Biblioteca universal Rizzoli.
- Dante, Alighieri: Divina Comedia. Edición y notas de Ángel Crespo.
- Momigliano, Atilio: “La divina comedia Comentata da A. Momigliano”. Firenze, C.Sansoni.
- http://servisur.com/cultural/dante/comediainf/notdci0304.htm
- http://enciclopedia.us.es/index.php/La_Divina_Comedia











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lunes, 25 de octubre de 2010

Delmira Agustini - Un alma

UN ALMA


Bajo los grandes cielos
Afelpados de sombra o dorado de soles,
arropada en el manto
pálido y torrencial de mi melancolía,
con una astral indiferencia miro
pasar las intemperies

Ceños
de los reoncentrados horizontes;
aletazos del fuego del relámpago;
deshielo de las nubes;
Fantásticos tropeles
desmelenados de los huracanes;
Pórticos esmaltados de los iris
abiertos a fulgidas bonanzas:
Pasad!... Yo miro indiferente y fija,
indiferente y fija como un astro!

domingo, 29 de agosto de 2010

Felisberto Hernández - Muebles "El Canario"

MUEBLES 'EL CANARIO'


La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a una playa. Volvía a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un lugar que daba al pasillo. Como todavía hacia mucho calor, había puesto mi saco en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa era de manga corta. Entre las personas que andaban por el pasillo hubo una que de pronto me dijo:

- Con su permiso, por favor...

Y yo respondí con rapidez:

- Es de usted.

Pero no sólo no comprendí lo que pasaba sino que me asusté. En ese instante ocurrieron muchas cosas. La primera fue que aun cuando ese señor no había terminado de pedirme permiso, y mientras yo le contestaba, él ya me frotaba el brazo desnudo con algo frío que no sé por qué creí que fuera saliva. Y cuando yo había terminado de decir "es de usted" ya sentí un pinchazo y vi una jeringa grande con letras. Al mismo tiempo una gorda que iba en otro asiento decía:

- Después a mí.

Yo debo haber hecho un movimiento brusco con el brazo porque el hombre de la jeringa dijo:

- ¡Ah!, lo voy a lastimar... quieto un...

Pronto sacó la jeringa en medio de la sonrisa de otros pasajeros que habían visto mi cara. Después empezó a frotar el brazo de la gorda y ella miraba operar muy complacida. A pesar de que la jeringa era grande, sólo echaba un pequeño chorro con un golpe de resorte. Entonces leí las letras amarillas que había a lo largo del tubo: Muebles "El Canario". Después me dio vergüenza preguntar de qué se trataba y decidí enterarme al otro día por los diarios. Pero apenas bajé del tranvía pensé: "No podrá ser un fortificante; tendrá que ser algo que deje consecuencias visibles si realmente se trata de una propaganda." Sin embargo, yo no sabía bien de qué se trataba; pero estaba muy cansado y me empeciné en no hacer caso. De cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al público con ninguna droga. Antes de dormirme pensé que a lo mejor habrían querido producir algún estado físico de placer o bienestar. Todavía no había pasado al sueño cuando oí en mí el canto de un pajarito. No tenía la calidad de algo recordado ni del sonido que nos llega de afuera. Era anormal como una enfermedad nueva; pero también había un matiz irónico; como si la enfermedad se sintiera contenta y se hubiera puesto a cantar. Estas sensaciones pasaron rápidamente y en seguida apareció algo más concreto: oí sonar en mi cabeza una voz que decía:

- Hola, hola; transmite difusora "El Canario"... hola, hola, audición especial. Las personas sensibilizadas para estas transmisiones.. . etc., etc.

Todo esto lo oía de pie, descalzo, al costado de la cama y sin animarme a encender la luz; había dado un salto y me había quedado duro en ese lugar; parecia imposible que aquello sonara dentro de mi cabeza. Me volví a tirar en la cama y por último me decidí a esperar. Ahora estaban pasando indicaciones a propósito de los pagos en cuotas de los muebles "El Canario". Y de pronto dijeron:

- Como primer número se transmitirá el tango...

Desesperado, me metí debajo de una cobija gruesa; entonces oí todo con más claridad, pues la cobija atenuaba los ruidos de la calle y yo sentía mejor lo que ocurría dentro de mi cabeza. En seguida me saqué la cobija y empecé a caminar por la habitación; esto me aliviaba un poco pero yo tenía como un secreto empecinamiento en oír y en quejarme de mi desgracia. Me acosté de nuevo y al agarrarme de los barrotes de la cama volví a oír el tango con más nitidez. Al rato me encontraba en la calle: buscaba otros ruidos que atenuaran el que sentía en la cabeza. Pensé comprar un diario, informarme de la dirección de la radio y preguntar qué habría que hacer para anular el efecto de la inyección. Pero vino un tranvía y lo tomé. A los pocos instantes el tranvía pasó por un lugar donde las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que tocaban ahora; pero de pronto miré para dentro del tranvía y vi otro hombre con otra jeringa; le estaba dando inyecciones a unos niños que iban sentados en asientos transversales. Fui hasta allí y le pregunté qué había que hacer para anular el efecto de una inyección que me habían dado hacía una hora. Él me miró asombrado y dijo:

- ¿No le agrada la transmisión?

- Absolutamente.

- Espere unos momentos y empezará una novela en episodios.

- Horrible - le dije.

Él siguió con las inyecciones y sacudía la cabeza haciendo una sonrisa. Yo no oía más el tango. Ahora volvían a hablar de los muebles. Por fin el hombre de la inyección me dijo:

- Señor, en todos los diarios ha salido el aviso de las tabletas "El Canario". Si a usted no le gusta la transmisión se toma una de ellas y pronto.

- ¡Pero ahora todas las farmacias están cerradas y yo voy a volverme loco!

En ese instante oí anunciar:

- Y ahora transmitiremos una poesía titulada "Mi sillón querido" soneto compuesto especialmente para los muebles "El Canario".

Después el hombre de la inyección se acercó a mí para hablarme en secreto y me dijo:

- Yo voy a arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara honrada. Si usted me descubre pierdo el empleo, pues a la compañía le conviene más que se vendan las tabletas.

Yo le apuré para que me dijera el secreto. Entonces él abrió la mano y dijo:

- Venga el peso.

Y después que se lo di agregó:

- Dése un baño de pies bien caliente.

sábado, 24 de julio de 2010

Herrera y Ressig - Amor sádico

Amor sádico


Ya no te amaba, sin dejar por eso
de amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo, el beso
de la repulsión nos unió un instante...

Agrio placer y bárbaro embeleso
crispó mi faz, me demudó el semblante,
ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
como una virgen en un bosque espeso.

Y ya perdida para siempre, al verte
anochecer en el eterno luto,
mudo el amor, el corazón inerte,

huraño, atroz, inexorable, hirsuto,
jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!

lunes, 28 de junio de 2010

Martí - Análisis del Poema V

Análisis del Poema V de “Versos Sencillos” de Martí

Tema

El tema de este poema es la misma poesía. El yo lírico intenta explicar qué significa para él la poesía que él escribió. No es un arte poético para todos los poetas. Es sólo el intento humilde de definir su propia arte poética. No está dando reglas para todos los poetas, sino explicar en qué consiste su poesía.

Esto se encierra dentro de la concepción del modernismo. Ruben Darío decía “mi poesía es mía en mí”, por lo tanto sólo escribe para él, comienza y termina en él. En el caso de Darío no interesa el receptor. En el caso de Martí es todo lo contrario. Él es un revolucionario y para él las palabras son parte de la revolución. En “Nuestra América”, ensayo poético en el que él plantea sus ideas sobre la América que nace a finales del siglo XIX, dice: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”. Las palabras, las ideas son su lugar en la lucha, son su puesto revolucionario en una Cuba que recién está logrando liberarse del dominio español a sólo cinco años de comenzar el siglo XX. Cuba fue una de los primeros territorios en ser dominado por los españoles y uno de los últimos que logra librarse de este dominio.

La diferencia de Martí con la expresión de Rubén Darío es el compromiso social. No existe poesía sin esa idea. La poesía debe ser el motor ideológico de la revolución porque si no existe un cambio radical de formas de pensar, de nada sirve hacer una revolución. Para qué liberarse por las armas si los hombre seguirán sintiéndose presos de sus estructuras mentales de dominación.

Así el libro “Versos sencillos” tiene el propósito de llegar a todos, de forma sencilla y clara para que todos los hombres puedan reflexionar sobre su conducta moral, sobre lo que significa el ser un nuevo hombre, la actitud que debe tener el hombre frente al tirano, frente al enemigo, frente a la vida misma. “Cultivo una rosa blanca”, tanto para el amigo como para el enemigo, porque ambos son hombres y merecen la rosa blanca. Dice el poema I “no me pongan en lo oscuro/ a morir como un traidor/ yo soy bueno y como bueno/ moriré de cara al sol”, la sinceridad como valor, la ética del hombre bueno que nada tiene que ocultar, que vive, ama y muere, como debe ser simplemente la vida de un hombre.

Estructura externa

El poema está dividido en cuatro cuartetos (estrofas de cuatro versos). Estos versos son octosílabos con una rima consonante, lo que hace que el poema tenga una gran sonoridad. Los versos octosílabos son los más sencillos y utilizados en la poesía oral. Lo mismo sucede con la rima consonante. Esto está en concordancia con la idea de hacer una poesía clara y que llegue a todos los hombres.

A su vez, el esquema estrófico es abba. Si juntamos las palabras que coinciden podremos, al finalizar el análisis encontrar algunas ideas interesantes:

Espumas – plumas
Ves – es
Puñal – coral
Flor – surtidor
Claro – amparo
encedido – herido
Agrada – espada
Sincero – acero

Esta unión de palabras podría dar una nueva línea de interpretación si así lo quisiéramos.

La musicalidad del poema es una herencia que llega al Modernismo del Simbolismo. Esta última es una corriente del siglo XIX en Europa. Ésta intenta buscar la relación que existe entre la música y la poesía. Por eso los poemas modernistas tienen, generalmente, una estructura muy rígida, donde la musicalidad está jerarquizada.

Estructura interna

La estructura interna del poema es la forma en que este poema puede ordenarse según el contenido. En este caso podemos ver que de las cuatro estrofas, tres están cargadas de imágenes en las que el yo lírico intenta demostrar a través de ellas, cómo es su poesía. Cada imagen que plantea no parece terminar de satisfacer sus deseos, como cuando uno quiere expresar algo que resulta inefable, es decir que no hay palabras para definirlo, entonces movido por la emoción busca imágenes que logren su propósito.

Recién en la última estrofa deja de lado las imágenes y llega a una conclusión clara que sintetiza toda su poesía, rematando el final con una nueva imagen que relaciona a ésta con la lucha.

Así podríamos ver dos grandes núcleos de acuerdo al contenido.

Las imágenes son una herencia del parnasianismo que toma el modernismo. El parnasianismo es un movimiento del siglo XIX en Europa que intenta buscar la conexión de la pintura con la poesía, y por eso su poesía está cargada de imágenes pictóricas.

Estrofa I

Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves,
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.

El poema comienza con una imagen que es una metáfora impura o una comparación sin nexo. Se relaciona al monte de espuma con el verso. La imagen tiene dos características interesantes. El monte sugiere la altitud, la grandeza, lo natural. El verso, entonces tiene grandeza, es natural, nace del poeta sin artificialidades, nace como lo siente, y busca la altura, lo ideal, aquello que el hombre subleva, lo sublime, lo que el hombre no puede alcanzar si no logra salir de su egoísmo y su cotidianeidad.

Esta imagen del monte esta acompañado por “de espumas”, así que el monte no sólo tiene todas las características mencionadas sino también es blanco, puro, volátil, sutil, ya que adquiere colores muy suaves cuando el sol se posa en ella. El poema es también puro. Sale de sus entrañas sin engaños, buscando la claridad, la luz, sin violencias, sino lleno de hermosura. Si es un monte de espuma, cualquier viento podría hacerla volar, llegar lejos, así su poesía también se esparce, no queda quieta, tiene un movimiento según el viento. Si a esta imagen le agregamos la siguiente imagen “abanico de plumas” podemos imaginar la idea del movimiento. El verso es las dos cosas: el monte de espumas y el abanico de plumas. Las dos imágenes se caracterizan por el movimiento y la belleza, lo que se llama “preciosismo”. El abanico de plumas sugiere el colorido que también abunda en su poesía. El color, a su vez es símbolo de vida, por lo tanto la poesía del yo lírico es vital, y trasmite vida. Está íntimamente asociado a ella.

Es interesante ver cómo la idea del Parnasianismo aparece planteada en esta estrofa a través de la unión del verbo ser y ver.

“Si ves un monte de espuma
Es mi verso lo que ves”.

Los dos verbos quedan al principio y al final del verso, unidos por la idea de la poesía. Su poesía es lo que ves, por lo tanto es la imagen, así de sencillo y así de profundo también, ya que muchas de las imágenes que este yo lírico presenta no existen, por lo tanto tampoco se pueden ver, sino es por la imaginación. Así la poesía es lo que ves en tu imaginación.

Estrofa II

“Mi verso es como un puñal
Que por el puño echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.”

Esta estrofa presenta dos imágenes, unidas por la anáfora (repetición al principio del verso) que será, a partir de este momento una de las figuras más reiteradas: “Mi”. Esta anáfora no sólo marca la singularidad de su verso, sino que también hace que el ritmo del poema se vaya haciendo más intenso, ya que la anáfora nos hace volver al principio y esa insistencia nos permite pensar en la emoción que va creciendo en este yo lírico que intenta transmitirnos lo inefable, ese sentimiento que crece desde sus profundidades y surge con la fuerza del acto creativo, de forma altruista, sin buscar nada a cambio, más que un sentir común, un ideal común, una lucha común.

Justamente la idea de lucha se manifiesta en la imagen del puñal. A través de esta comparación “mi verso es como un puñal”, el yo lírico expresa su hondo sentir libertario. El puñal, que sirve para matar, para herir, también sirve para liberar, y exige de quien lo empuña la valentía de verse cara a cara con el enemigo, donde medirá sus fuerzas. No es un arma, no dispara de lejos, sino que ve al problema de frente. Es el que empuña el puñal el que hace surgir la vida, y es una lucha de hombres y no de máquinas.

Pero este puñal tiene una característica: “por el puño echa flor”. Es en este verso que vemos la idea de revolución. No es un puñal para herir, es para liberar. En el puño de quien lo empuña está la idea de la flor que crece. Este puñal no mata, sino que da vida. Imaginemos la revolución cubana contra la dominación española. Imaginemos los años de opresión del pueblo cubano por fuerzas de España. Las injusticias, la doblegación de este pueblo acostumbrado a ser esclavizado, que ha visto morir a todos sus hermanos indígenas, ha visto llegar la esclavitud de África, y ha visto las aberraciones más terribles sin poder detenerlas, hasta que la impotencia se transforma en rabia, y la rabia en acción. Ese es el puñal que por el puño echa flor.

“Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.”

La siguiente imagen es la del surtidor. Un surtidor es un chorro de agua que nace de lo profundo de la tierra y sube hacia arriba, buscando la altura. Esto sugiere que su poesía nace de lo profundo del poeta, de sus mismas entrañas, como agua fresca, que alimenta y da vida. Un regalo de la tierra a los hombre, un regalo del poeta para el pueblo. Busca la altura. Otra vez la idea de la altitud, lo sublime, lo ideal, lo supremo. No es una poesía que queda en las pequeñeces del mundo, sino que sale de ellas para sublimarlo todo. Pero esta agua, además de ser símbolo de vida, da “un agua de coral”, es decir tiene un perfume especial, bello. Se junta la imagen visual con la olfativa, una sinestecia. Su poesía apunta a despertar todos los sentidos del hombre: el gusto, la vista, el olfato, el tacto y el oído. Esta agua de coral sale y moja a todo aquel que esté cerca, así nadie puede salir sin ser afectado por esta circunstancia. Quien escuche su poesía no puede ser pasivo, no puede mantenerse al margen.

Estrofa III

Mi verso es de un verde claro
Y de un carmín encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.

En esta estrofa aparecen las contradicciones. El verso está cargado de antítesis. Así como sucedía con el puñal, que es un arma que se asocia a una flor, y que simboliza la vida, acá la antítesis está dada por los colores que son esencialmente opuestos en la escala cromática, incluso son opuestos en su intensidad, uno es claro, el otro encendido. El verde podría sugerir la esperanza, la naturaleza. Así también es su verso, esperanzador y natural. Tiene el propósito de alentar, de dar nueva vida a los hombres. Pero también es claro, es sereno, sin dejar de ser apasionado. Dos sentimientos que podrían nunca encontrarse, sin embargo en su poesía se encuentran, la pasión de la profundidad y firmeza. Esta pasión también se ve en el color “carmín”, que de por sí es un rojo encendido. Acá está más intensificado. Este es un “carmín encendido”, más intenso que lo que comúnmente es. La pasión que trasmite su poesía debe levantar el espíritu del hombre para luchar contra las injusticias. Martí dirá en “mis versos”: que ama el verso que es “ardiente y arrollador como una lengua de lava”. La imagen de la pasión asociada a la lava que quema y arrolla con todo lo que hay a su paso.

La siguiente imagen es la del ciervo herido. Un animal indefenso, que no daña a nadie, ni es agresivo. Su poesía es como ese animal. Una víctima de la barbarie y la injusticia de los hombres. El yo lírico siente esto y le duele, lo hiere ver a su pueblo oprimido. El monte, ahora aparece como tal, como lo natural. Este ciervo busca la soledad y el cuidado de la naturaleza para salir sano. Así su poesía se encierra en lo natural, buscando su salud cuando la injusticia sobrepasa al poeta. Vemos el compromiso social, no es un poeta indiferente al mundo que lo rodea, no puede serlo. Lo que pasa a su alrededor lo afecta, es sensible a ello, se siente impotente y necesita recordar su lugar, lo natural, para poder seguir vivo.

Estrofa IV

Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Conque se funde la espada.

Es en esta última estrofa que el yo lírico logra concretar su idea. Ha buscado imágenes que expliquen su sentir, ahora sintetiza todo en los dos primeros versos de esta estrofa. “Mi verso al valiente agrada”, no sólo es popular, no sólo quiere que llegue al pueblo y a todos, también apela a una forma de escuchar su verso. Ahora se refiere al receptor. Hay una actitud del yo lírico que escribe, que lo hace identificarse con el receptor: los dos son valientes, por eso el verso agrada al valiente, al luchador, al que es capaz de reconocer la actitud de lucha, que no se acobarda, no sólo en la pelea, sino en la búsqueda de su interioridad. El valiente, que es capaz de reconocer a otro valiente. Su poesía está hecha con valentía, y no habla del amigo, sino del valiente, que también puede estar en las filas enemigas. Aquel que pueda reconocer la actitud de lucha, es aquel que gustará de su verso, y esa es la actitud con la que se aprecia la poesía de este yo lírico.

Concreta su idea con dos adjetivos “breve y sincero”, dos cualidades que este yo brinda en su poesía. Breve para no aburrir, para no cargar al receptor, y porque las grandes verdades no necesitan muchas palabras. Se dicen en máximas cortas que uno puede recordar siempre. Esa es la clave de su poesía. Es una poesía moralizante, así que debe estar en el corazón de su pueblo, y debe ser recordada. El adjetivo “sincero” también nos habla de una conducta ética del yo lírico. Es una poesía confiable. No miente. Dice lo que siente y como lo siente. No hay artificios engañosos. Tampoco hay rebusques para no decir lo que hay que decir. Dice sinceramente lo que piensa. Esta actitud del yo lírico es la que aprecia un valiente, esté o no de acuerdo con quién lo dice. Lo importante es que sabe reconocer la valentía de quien no esconde sus palabras.

La última imagen refuerza las ideas anteriores: “Es del vigor del acero/ con que se funde la espada”. Esta última es una síntesis perfecta de todo lo que ha intentado expresar. Su poesía es la materia con la que se hace la espada. Es fuerte, es firme, no se quiebra, no se vende, es la materia prima para la lucha, “la espada”. Así sus versos son parte de la ideología de una verdadera revolución. Las armas de nada sirven si las cabezas no cambian.

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
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