lunes, 2 de marzo de 2009

Baudelaire - Textos

EL EXTRANJERO

- Hombre enigmático, dime a quién amas más: ¿a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
- No tengo padre ni madre, ni hermano ni hermana.
- ¿Tus amigos?
- Usa una palabra cuyo sentido me es desconocido hasta hoy.
- ¿Tu patria?
- Ignoro bajo qué latitud está ubicada.
- ¿La belleza?
- Con gusto la amaría, diosa e inmortal.
- ¿El oro?
- Lo odio tanto como usted a Dios.
- ¿Qué amas entonces, extraordinario extranjero?
- Amo las nubes... las nubes que pasan... allá... allá... ¡maravillosas nubes!

LA DESESPERACIONDE LA VIDA

La viejita apergaminada se sintió muy feliz ante el hermoso bebé al que todos hacían fiesta, a quien todos querían gustar; un hermoso ser, tan frágil como ella, la viejita, y también como ella sin dientes ni pelo.

Y se le acercó para hacerle sonrisas y mimos.

Pero el bebé asustado se debatió bajo las caricias de la decrépita mujer y llenó la casa de chillidos.

Entonces la pobre vieja se retiró a su eterna soledad y lloró en el rincón diciéndose: "-Para nosotras, viejas desdichadas, ya pasó la edad de gustar... siquiera a los inocentes; ¡horrorizamos también a los bebés que queremos amar!"
EL PERRO Y EL FRASCO
"Mi lindo perro, mi buen perro, mi querido pichicho, acércate y huele el excelente perfume comprado al mejor perfumista de la ciudad".

Y el perro, meneando la cola, que es, para estos pobres seres, el signo de la risa o la sonrisa, se acerca y pone curioso su nariz húmeda sobre el frasco abierto; luego, retrocediendo de repente con temor, me ladra como reprochándomelo.

-"¡Ah! perro miserable, si te hubiera ofrecido un montón de excrementos lo hubieras husmeado con delicia y hasta lo hubieras comido. Tú también, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, al que jamás hay que ofrecerle perfumes delicados que lo exasperen, sino basura cuidadosamente seleccionada."

EMBORRACHENSE

Hay que estar siempre ebrio. Eso es todo: la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del tiempo quebrando la espalda y doblándonos hacia la tierra, hay que emborracharse sin tregua.

¿Pero con qué? Con vino, poesía, o virtud, como gustéis. Pero emborráchense.

Y si alguna vez, en las escalinatas de un palacio, sobre la hierba verde de un parque, en la taciturna soledad del cuarto, despiertan ya disminuida o desaparecida la borrachera, pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a lo que gime y rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregunten qué hora es y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, responderán: "¡Es hora de emborracharse! ¡Para no ser mártires esclavos del tiempo, emborráchense; emborracharse sin cesar! Con vino, poesía o virtud, como gustéis."
Textos de "El Spleen de París" de Baudelaire

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