miércoles, 19 de enero de 2011

Espínola - Rodríguez (Análisis)

ANÁLISIS DE "RODRÍGUEZ"

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

Título

El título del cuento es epónimo, porque refiere al nombre de uno de los personajes, el protagonista. Es el protagonista porque lleva la acción, si bien no hace mucho, más que seguir su camino, su no accionar mueve la acción del cuento a través de reacción del otro por movilizarlo, de esta manera, la acción general va creciendo.

Es interesante captar que el apellido Rodríguez es un apellido común, que tiene el sentido de emparentar al Hombre con este personaje. No es un apellido que realmente sirva para destacarlo de los demás, sino para generalizarlo. Esto no es común, ya que el nombre de las cosas y las personas (lo mismo se puede decir de los apellidos) sirve para darle identidad a las cosas. Si no las nombramos, éstas no existen como individualidades. En este caso se nombra, pero mostrando la generalidad y de esta manera quitando la identidad del personaje. Esto también tiene relación con la actitud del personaje en todo el cuento. De Rodríguez se sabe poco y nada, lo único que se puede decir es que es inamovible de su objetivo.

Estructura

La estructura de este cuento podría verse de esta forma:

1. Introducción: Presentación de personajes; del entorno espacial y temporal; y del conflicto que incluye los ofrecimientos del personaje fantástico.

2. Desarrollo: Las pruebas del hombre de poncho rojo.

3. Desenlace: La frustración del hombre de poncho rojo y el abandono.

Narrador

El narrador cuenta en tercera persona, con lo cual se puede deducir que no forma parte de la acción, sino que está contando los sucesos que otros vivieron. Este narrador es omnisciente ya que conoce lo que piensa Rodríguez, así como lo que piensa el otro personaje. Sin embargo, este narrador asume un punto de vista variable. El punto de vista es el lugar desde el que cuenta el narrador, y estos puntos de vista coinciden con la estructura del cuento. En la primera parte asume el punto de vista de Rodríguez, en la segunda del personaje fantástico, y en la tercera intercambia entre uno y otro.

El narrador de este cuento no juzga la acción, deja que esta transcurra y que el lector sea quien enjuicie. Si el juicio aparece en su narrativa, habitualmente es a través de los ojos de algún personaje.

La narrativa de Espínola, encuadrada en un mundo convulsionado, plantea personajes que son prototipos sin realmente serlo. Los gauchos que presenta en sus obras, ya no son típicamente regionales, sino universales. Y los conflictos que lo aquejan no corresponden a su condición de gauchos, sino a su condición de Hombres. Por lo tanto su narrativa invita a un cuestionamiento del lector. Rodríguez es un hombre cansado de la vida, sin expectativas, sin pasado y sin futuro, por lo menos no lo presenta en el texto. Un hombre vacío e indiferente ante el mundo. Esta lectura del personaje como un hombre en el medio de un viaje nocturno, del que no se presenta nada, y al que no le interesa nada, puede relacionarse con el hombre “muerto” en vida de principio de siglo. Aquel que ha perdido las ganas de pelear por la vida a causa de su desepción y la angustia que sobrevuela este principio de siglo.

También podemos ver a Rodríguez, como aquel hombre que ya no cree en la política, ni en soluciones, ya que el personaje fantástico podría relacionárselo con un político en el contexto uruguayo, ya que lleva un poncho “más que colorado”, pero esto lo explicaremos más adelante.

Tema

La temática del cuento se comprende a través del conflicto. Y el conflicto se entiende en la medida que somos capaces de determinar qué simboliza cada uno de los personajes involucrados en la historia.

Hay autores que ven en "Rodríguez", una alegoría entre el bien y el mal, y cómo el mal intenta sacar del camino al bien, y cómo el bien siempre gana. Si así fuera, entonces Rodríguez representa el bien, y el otro representaría al diablo que intenta seducirlo para ganar su alma. El encuentro con el diablo ha sido un topos en la literatura gauchesca y fantástica. Por lo tanto el cuento se transformaría en una alegoría. Seguir el camino recto es lo que se debe hacer, y no dejarse tentar por el diablo que siempre está escondido para hacernos detener.

Sin embargo, tomando en cuenta la actitud inconmovible de Rodríguez, incluso frente a la magia, podemos deducir que el personaje no tiene ningún interés por estar vivo, y que nada absolutamente lo conmueve. Cualquier ser humano normal le asombraría las pruebas sobrenaturales que hace el personaje de colorado, sin embargo Rodríguez no se inmuta. No hay en él una pizca de curiosidad. Por otra parte, no tiene ambición, ni buena ni mala, frente a las cosas que se le ofrecen, con lo cual no tiene interés de progresar. No se sabe hacia dónde va Rodríguez, ni de donde viene, ni por qué viaja de noche, con lo cual no podríamos, simplemente, pensar en Rodríguez como el Bien, y de esta manera, el tema se complica, mostrándonos que ya no existe una sola verdad para leer un cuento. Recordemos que estamos bajo la era del Relativismo, así que la verdad absoluta empieza a cuestionarse. También en este caso, la lectura del cuento se puede complejizar.

Si es así, el hombre de poncho colorado tampoco sería el Mal, sino una fuerza que intenta tentar a Rodríguez con cosas que comúnmente serían las más deseables. Este personaje necesita, para lograr su propósito, alguien que quiera a la vida, sino es imposible tentarlo, sin embargo se encuentra con Rodríguez que no tiene metas, ni interés en estar vivo, es por ello que este personaje fracasa.

Así lo que parece malo y bueno resulta discutible, y es necesario mirar el cuento desde otro punto de vista, tal vez como la lucha entre la tentación y la indiferencia, que resulta una muerte en vida. Por lo tanto, este personaje fantástico podría verse como un mago, que intenta asombrar y seducir, y a Rodríguez como un hombre descreído e indiferente.

Una tercera lectura del tema se asoma en el cuento cuando el narrador habla del poncho “más que colorado”. Decir “colorado” y no rojo, en este país tiene algunas connotaciones. El partido Colorado, gran enemigo del autor, podría estar simbolizando a este personaje fantástico. No olvidemos que esta patria se hizo a partir de la lucha de hombres con ponchos y divisas blancas y coloradas. Así este hombre podría ser un político que intenta ganar el voto de Rodríguez, tal como era habitual en la época. Hay una crítica así a los partidos políticos que son capaces de ofrecer cualquier cosa por el apoyo electoral, y hacer cualquier acto de “magia” para conseguirlo. Rodríguez, sería de esta manera, un hombre que ya está mas allá de estas manipulaciones políticas. Es un hombre de campo, que poco le importa como se muevan “allá”, en el lugar que está muy lejos de su realidad. Ya no cree en nada, ni en nadie, y mucho menos en alguien que tutea o habla con voz melosa.

En realidad, estas tres lecturas que parecen contradecirse, no lo son tanto. Las tres pueden coexistir. Las tres pueden articularse perfectamente, porque parten del mismo texto. Así el lector elegirá cuál quiere para llevar a cabo su lectura. Dependiendo de la que se elija, algunos símbolos del cuento podrían variar en su interpretación.

Primera parte: Entorno, presentación de personajes, las ofertas

Se nos presenta el momento del día en que se va a desarrollar la acción: la noche, teniendo en cuenta todas las connotaciones que a la noche se refiere. Es el momento del día en que suceden las cosas inexplicables o irracionales para el hombre. Pero esta noche es particular, ya que la luna inmensamente blanca, da a la misma la apariencia de ser de día. Este contraste entre la luz y la sombra, nos plantea, ya, una circunstancia no habitual que anuncia una situación anormal. En la noche suceden las cosas oscuras y misteriosas del hombre, pero la presencia de la luna, y su luminosidad, nos presenta un contraste que dará lugar a una lucha, ya que la noche, con todas sus connotaciones, no podrá imponerse.

La antítesis luz/sombra se irá desarrollando durante todo el cuento. Simbólicamente podríamos pensar en la sombra como el mal y la luz como el bien, si siguiéramos la primera lectura plateada en el tema. Pero si nos aferramos a la segunda, la luz de la luna no necesariamente simbolizaría la claridad en la noche, sino la muerte, ya que el color de la luna se parece al color de un cadáver. Así la noche, asociado a la pasión desenfrenada, estaría en perfecto contraste con “la muerte” simbólica con la que asociaríamos a Rodríguez.

La ubicación espacial del personaje extraño ya nos muestra algo de lo que sucederá. Este personaje se encuentra en un lugar opuesto a Rodríguez, y lo está esperando. Durante todo el cuento, Rodríguez y el de poncho colorado serán diametralmente opuestos, y eso está reflejado en la ubicación espacial del comienzo. Serán opuestos en todos los sentidos: El hombre extraño tentará, tendrá emociones fuertes, hará magia, rebosará de vida, mientras que Rodríguez expresará muy poco, jamás emociones fuertes (precisamente eso será lo que descontrolará al hombre), no creerá en nada, no espera nada más de la vida, no le interesa nada, no va a aceptar nada, más que seguir caminando hacia un rumbo desconocido para el lector.

La primera acción de Rodríguez nos habla de un personaje desconfiado, alerta física y mentalmente para cualquier peligro, y preparado para enfrentarlo, sin medir consecuencias, ni dudar. Si Rodríguez es un hombre desconfiado es porque la vida lo ha decepcionado, o le ha enseñado que existe el daño mal intencionado. Rodríguez no parece dudar de su decepción, ni cuestionarse su desconfianza. El mundo amenazante es algo absolutamente aceptado para él, y frente a esa circunstancia, su actitud resulta absolutamente egoísta, ya que no plantea la posibilidad de cambio, sino simplemente cuidarse, y cuidar sus cosas (su zainito por ejemplo); tal vez este sea uno de los pocos intereses que Rodríguez muestra.

La grafopeya (presentación de rasgos físicos) del personaje antagonista nos ubica frente a un personaje que no corresponde a este ambiente del campo, tal vez sí al de la noche. Éste está vestido con un poncho colorado, que además de llamar la atención, resulta inadecuado para la circunstancia. Es el primer indicio de anormalidad en el personaje, y el segundo en el cuento, ya que el primero está en la luna. No es esperable que un hombre de campo ande con un poncho colorado y por lo tanto, demasiado llamativo. Si tomamos en cuenta este aspecto, podríamos decir que este personaje rebosa de vida y de pasión, algo de lo que carece absolutamente Rodríguez. También aquí podemos afirmar que estamos frente una lectura política del cuento si tenemos en cuenta que es un uruguayo, y que Espínola fue blanco, hasta cerca de su muerte que se hizo comunista.

La acción de sonreír y acercarse al protagonista muestra también algo extraño. El personaje lo estaba esperando e intenta seducirlo. La sonrisa es símbolo de acercamiento y amistad, pero dadas las circunstancias extrañas, tal vez, otra persona podría haberse asustado: alguien espera en la noche, no es común su forma de vestirse, sonríe y se acerca para trotar con él.

El narrador plante una grafopeya del personaje extraño, mientras que de Rodríguez no nos da ningún dato físico. No dar datos sobre Rodríguez implica no darle relevancia a ese aspecto, porque de esta manera contrasta antitéticamente con el otro que le da una importancia sustancial a su aspecto físico, ya que retuerce “esmeradísimamente” sus bigotes. Nótese como el narrador utiliza una palabra tan larga, no sólo para referirse a la importancia que le da el seductor a su aspecto (algo obvio si hablamos de seducción y tenemos presente que la seducción entra por los ojos) sino también para que imaginemos esos bigotes en toda su largura y su ridiculez. Este personaje no sólo contrasta en apariencia con Rodríguez, también contrasta en lo que a cada uno le interesa cuidar: a Rodríguez su zainito y otro su apariencia.

Por otra parte, esta descripción tiene el sentido de mostrarnos cómo cualquiera podría ver lo extraño del personaje y sentir, aunque más no sea miedo, mientras que Rodríguez no siente nada, más que cuidado, y sólo en un principio.

Los datos que se nos da del personaje mago/diablo/político (o como se lo llama en el texto: cargoso, pegajoso, seductor, etc) son su flacura, su altura, su barba negra que contrasta con el poncho colorado, y los bigotes. En su descripción predomina el sentido visual y con él el contraste cromático, rojo y negro, que nos sugiere la presencia de algo apasionado y oscuro. De allí que pensemos en el mago como el Mal, sumado a la tentación que intenta promover en Rodríguez y entonces concluyamos, según una de nuestras posibles lecturas, que este personaje es el Diablo.

Así que este personaje está desubicado en su intento de seducir desde el primer momento, ya que va de poncho colorado y con una figura preocupada por su apariencia, algo lógico de un hombre de ciudad, pero que contrasta hasta lo más profundo con un hombre curtido por la vida, un hombre de campo, como lo es Rodríguez. Esto resulta más que ridículo, y el mismo narrador lo explicita a través de los ojos de Rodríguez, hombre práctico que no comprende que se le de tanta importancia a los bigotes y no a algo tan esencial como es comer y estar “puchereado” para poder encarar los trabajos del campo.

“A Rodríguez le chocó aquel no darse cuenta el hombre de que, con lo flaco que estaba y lo entecado del semblante, tamaña atención a los bigotes no le sentaba”.

La preocupación por el aspecto físico, tiene sentido si pensamos que el mago debe ser, por sobre todas las cosas un seductor. Un seductor es quien persuade, incita con promesas o engaños a hacer algo, debe fascinar, o sea, retener la atención del otro. Y nada mejor para eso que tener un aspecto fuera de lo común.

Sin embargo, la esmerada figura del mago para retener su atención, no funciona en Rodríguez, con lo cual ya tenemos el primer indicio de un posible conflicto que se ira agravando a medida que transcurra el cuento.

Quien primero acciona es el mago, quien tiene como objetivo retener la atención de Rodríguez, en primera instancia, para lograr luego tentarlo y conquistarlo. Siendo que Rodríguez, ni siquiera entra por el aspecto físico, y siendo que la imagen es lo primero que "se compra", este mago estará condenado al fracaso desde este primer momento, algo que el lector atento ya podrá anunciar, y que el personaje del mago ni se entera, por eso sigue adelante, aún a pesar del rechazo que él no verá.

El proceso de seducción empieza con la mirada, luego la sonrisa, el acercamiento, y por último la palabra. El “diablo/mago/político” sigue las todas las etapas pero nunca espera la reacción del otro para pasar a la siguiente. Lo hace, dando por sentado que él es irresistible.

La acción del mago tiene ya una extrañeza en su tono de voz: "con melosidad". Esta palabra viene de miel, y trata de una excesiva amabilidad que parece falsa, impostada. Con lo cual Rodríguez pierde cualquier temor frente a él e interés, frente a lo extraño o desconocido. Sólo le interesa su seguridad personal y esta ya no está en riesgo. Tampoco tiene ninguna curiosidad, toma la decisión de seguir adelante. Esta falta de curiosidad es lo que nos lleva a la lectura de la apatía de Rodríguez. ¿Es la curiosidad, el deseo de saber una señal del mal o del bien? La respuesta de esta pregunta nos llevaría a un largo tratado teológico.

Frente a la pequeña acción de Rodríguez, de mantenerse fijo en su camino, el mago vuelve al ataque, pareciendo que es él quien maneja la acción, pero desde el momento que su objetivo es dominar al otro, su acción estará irremediablemente atada al otro, y lo que parece ser Poder, en realidad es Esclavitud. Mientras intente conquistar a Rodríguez, este último tendrá siempre el poder de la acción del otro, de ahí su necesidad de acercarse y hablar.

En el habla el “meloso” comete un error con el que espera sorprender a Rodríguez y es “el tuteo”, exceso de confianza, invasión de la intimidad de un hombre tan reservado como Rodríguez. Así que además de irresistible, se cree con derecho a invadir pensando que así caerá bien, tratando con esto de romper las barreras de Rodríguez.

La lucha de miradas que se plantea entre ellos es una prueba de lo inútil de su proceder, y de la pérdida de su poder, a pesar de que el extraño no se da por enterado de ello. La metáfora "Le clavó un ojo Rodríguez" enfrentada a la expresión “que era un cuchillo de punta” refiriéndose a la mirada del extraño, nos muestra la lucha de poder que plantean los personajes. Basta un ojo de Rodríguez, para hacer que este mago se contraiga en su intención de lucha y quede cual “un cordero”. Aunque parecería que un cuchillo es más fuerte que un “clavo”, la mirada de Rodríguez planteada de frente supone un límite claro para el extraño. El mago mira de costado, tratando de crear un clima de misterio y superioridad, que se corta frente a la franqueza de Rodríguez que nunca entra en su juego. Esta lucha perdida por el mago, es una especie de anticipación del final.

“-Por eso, por eso, por ser vos, es que me voy al grano, derecho. ¿Te gusta la mujer?... Decí, Rodríguez, ¿te gusta?”. El mago nunca se enteró o no quiso ver que el tuteo no había logrado su propósito. Pero él aún insiste en su apuesta, y ahora lo hace más fuerte, lo llama por su nombre. Esto debería asombrar a Rodríguez, sin embargo ni se inmuta, como si le pareciera que eso es esperable y natural de este pesado. Pero cualquiera podría pensar en algo “extraño”, tal vez mágico, si nos llama por nuestro nombre alguien a quien no conocemos.

La primera oferta que le hace es la mujer, porque supone que es lo más común, lo que cualquier hombre quisiera tener. Todas las ofertas que le haga tendrán esa impronta: mujeres, oro, poder. Pero Rodríguez no es cualquiera, y si conoce su nombre, ¿no conoce a Rodríguez lo suficiente como para saber que estas ofertas no son para él? Para que la seducción funcione tenemos que realmente ver al otro, y este personaje no ve a Rodríguez, lo ofrece lo que a él no le interesa. Entonces: ¿cuánto poder tiene realmente o es que no se toma el trabajo de individualizar su oferta?

Además de todo esta primera oferta es para Rodríguez una interesante “piedra en el zapato”. Analicemos la reacción de Rodríguez: “Brusco escozor le hizo componer el pecho a Rodríguez, mas se quedó sin respuesta el indiscreto. Y como la desazón le removió su fastidio, Rodríguez volvió a carraspear, esta vez con mayor dureza. Tanto que, inclinándose a un lado del zaino, escupió”. Tal vez sea esta la única muestra de conmoción del personaje. El narrador no nos dice por qué esta conmoción, pero si miramos las palabras que utiliza podemos descubrir algo interesante de Rodríguez. La palabra escozor tiene dos significados que arrojan luz: sensación dolorosa, como la que produce una quemadura o sentimiento causado por una pena o desazón. Por lo tanto a Rodríguez lo asalta una pena cuando se le habla de la mujer, posiblemente porque se sienta traicionado por alguna que aún ama, y que también desprecia, como le pasa al hombre con sus contradicciones. Este “escozor” ataca su pecho, donde está su corazón, lugar metafórico de los sentimientos. Pero aún así no le responde al “indiscreto” quien se ha metido en un lugar íntimo al que Rodríguez no piensa darle lugar. Pero continuando en esta línea de análisis, la “desazón le removió su fastidio”, siendo “desazón” una inquietud interior, una pesadumbre, un disgusto. Rodríguez se perturba frente a esa inocente pregunta, y termina haciendo una de las mayores muestras de desprecio que es escupir.

Esto que parece tan obvio y que debería ser para el seductor una alerta de que su propósito no se cumple, no es realidad nada para él, que torpemente deja pasar este gesto y vuelve a ofrecerle la mujer, pero ahora de sus sueños. Una mujer que obviamente para Rodríguez es una pesadilla. No le ofrece la mejor mujer del mundo, sino la de sus sueños, que por lo que vemos no es precisamente lo mejor.

Algo parecido pasa con las otras ofertas, ya que todas tienen un techo. Le ofrece oro, pero no todo el oro, sino el que él pueda cargar luego de haber conseguido latas o recipientes en qué cargarlos. Así que si consigue diez recipientes, serán diez, y si consigue dos, serán dos. Y por último lo mismo pasa con el poder. Le ofrece de General para abajo. Cualquier cargo que quiera pero no el más alto. Si pensamos en la figura del diablo, acá tenemos otra ironía del autor, los cargos políticos militares más altos, no los da el presidente, sino el diablo.

El orden de las ofertas también es interesante porque van de lo menos importante a lo más importante, según el interés estandarizado del hombre común.

Pero todo esto que para cualquiera sería lo más llamativo, para Rodríguez es el “cargoso” quien se lo ofrece. La forma en que en la primera parte del texto el narrador utiliza para nombrar al mago/político/diablo, resulta interesante de ver, ya que éste utiliza el punto de vista de Rodríguez, por lo tanto la forma de llamarlo tiene relación directa con la forma en que Rodríguez ve a su antagonista. Revisando la lista en el orden que aparece podemos ver la evolución interna de Rodríguez: el otro, el desconocido, el hombre, el importuno, el interlocutor, el indiscreto, el ofertante, el cargoso, el pegajoso, el seductor. Cada uno de estos nombre tiene que ver con un momento de la narración en que el antagonista interactúa con Rodríguez.

Cada una de las partes de este cuento termina con una intervención de Rodríguez, ya sea directamente o en el pensamiento. La primera es en el pensamiento: “pucha que tiene poderes, usted”. Esto que no llega a decir Rodríguez es adivinado a través del silencio por el antagonista que está esperando atentamente una respuesta y no puede entender que Rodríguez no de ninguna luego de todos los ofrecimientos que le hizo.

El narrador termina esta parte asumiendo el punto de vista del extraño, quien en un solo gesto muestra su desazón, se toca la barba pensativo, agacha la cabeza desolado, ante la indiferencia de Rodríguez. Ahora este personaje extraño que creía ser tan fuera de lo común, viene a darse cuenta que Rodríguez tampoco tiene nada de común.

Segunda parte: las pruebas

Esta segunda parte del texto comienza con un narrado que asume ahora un punto de vista externo, y presenta la imagen de los personajes como si fuera un cuadro, mirado a distancia y casi sin movimiento. La luna blanca, otra vez, aparece para mostrar nítidamente las imágenes de los caballos y sus jinetes, y se destaca el silencio. Ya no hay más para decir. Sobran las palabras, y no aparecen las acciones que sirvan para el propósito de seducción. Cada uno está sin poder interactuar con el otro, aunque obviamente a Rodríguez no le interesa, porque su único propósito es no desviarse del camino.

Rodríguez no necesita nada, y en la medida que no necesita, nada le interesa tampoco. De esa manera el seductor no tiene posibilidad de inferencia en él.

La acción ahora la comienza Rodríguez, se arma un cigarro, no como un acto de confianza, sino como una expresión de paciencia e indiferencia, como si dijera: “bueno, esto va para largo”, ya que el “diablo” no parece haberse dado por vencido, sino todo lo contrario, ya que la acción de Rodríguez lo invita a volver a la lucha. Parece encenderlo, parece darse creer que lo que Rodríguez necesita es una prueba de su poder. La pasión del extraño irá creciendo a partir de este momento del cuento. Tan ansioso se pone, tan deseoso de mostrar su poder y sorprender a Rodríguez que comete el error de casi darse contra unos arbustos del costado del camino. Este acto ridiculiza la figura de quien quiere y cree tener el poder. Si pensamos en la figura del diablo, podríamos ver aquí la ridiculización de su imagen, y aún si queremos trasladarla a un político importante. Ambos poderes están ridiculizados.

Necesita separarse un poco de Rodríguez para que éste pueda ver la prueba que va a realizar. Pero no sólo resulta ridícula la imagen del seductor porque casi se choca con los espinillos, sino también porque Rodríguez no lo espera, así que aún cuando casi se cae tiene que hacer lo posible para no perder el trote.

“-¿Dudás, Rodríguez? ¡Fijate, en mi negro viejo!” interpela el extraño. Es interesante ver la metonimia que utiliza “negro viejo” para referirse a su caballo. Una metonimia es cuando se hace una transposición de sentido, y entre las palabras transpuestas hay una relación de contigüidad, o sea de inmediatez. Normalmente usamos esta figura cuando tomamos una parte para referirnos a un todo. En este caso se toman las cualidades para referirse al caballo. Pero esta elección no es inocente. El mago quiere que Rodríguez se fije especialmente en esas cualidad porque serán las que cambiará. Necesita que Rodríguez lo vea, sino la seducción no tendrá sentido, no podrá asombrarlo, no cumplirá su propósito. Y justamente Rodríguez ganará esta lucha porque no quitará la mirada de delante del camino, así que no le prestará ninguna atención. La lucha se concentra cada vez más en su mirada, y si observamos, el otro estará haciendo referencias cada vez más desesperadas a la atención de Rodríguez: “Fijate”, “-¡Mirá!”, “¡Servite fuego, Rodríguez!”, “¿Y esto?”, “¡Mirá qué aletas, Rodríguez!”.

Pero comienza tranquilo, a pesar de incidente de los espinillos, y su primer prueba será convertir al caballo de negro en color leche y de viejo en joven. Para esto hará un juego quiásmico: “negro viejo” / “tordillo como leche”. El quiasmo es una figura poética que consiste en entrecruzar los términos, formando de esa manera una estructura de espejo. Así “viejo” y “todillo” que hacen referencia a su edad, quedan unidas, y en los extremos quedan las cualidades “negro” y “leche”. Estos términos antitéticos refuerzan la idea del poder que tiene este personaje antagónico. Puede controlar las cualidades de los animales, lo que nos introduce en el elemento fantástico, en lo sobrenatural e inexplicable.

Este acto debe sorprender a cualquiera porque escapa del poder de lo humano. Pero no así a Rodríguez, y aunque no lo sabemos aún, el extraño sigue basándose en lo que comúnmente sorprendería a cualquier mortal; así que está seguro de haberlo sorprendido y no quiere darle tiempo a pensar para que la sorpresa sea aún mayor.

Pasa entonces así a la segunda prueba: transformar una rama en víbora. Es interesante como la rama parece una prolongación de su brazo, ya que este es “puro hueso”. Esto que debería alertar a Rodríguez, de que no está con un hombre común.

Otro elemento que nos acerca a la lectura del diablo es pensar, no sólo en lo huesudo del personaje, sino también en que transforma esa rama en víbora y la domina, la oprime y la tira cuando quiere. Recordemos que la víbora es símbolo del diablo en el jardín del Edén, y recordemos que si hablamos de la figura del diablo, hablamos de la cosmovisión bíblica. Así que dentro de esta lectura maniquea de la presencia del bien y del mal, esta lectura de la supremacía del personaje sobre la víbora, encuadra perfectamente con la lectura del diablo. Otro elemento que apoya esta teoría es el contraste entre el brillo de la víbora y el color negro de la noche. Recordemos que este contraste es eje de toda la narración.

La oportunidad realmente llega cuando este “diablo” descubre que a Rodríguez le falta algo, es decir tiene una necesidad, una carencia, y esta es el fuego para encender su cigarro. No la pierde, sino todo lo contrario, le excita pensar en las posibilidades de asombro que le da la falta del yesquero. Pero este “diablo” tiene mucho de humano, y debe apelar a la calma para poder hacer su prueba dando a entender su superioridad. Es interesante percibir esta contradicción entre lo sobrenatural y lo humano que el mismo personaje encierra, y que si bien vemos es igual que Rodríguez pero proporcionalmente contrario. Rodríguez es un hombre común, pero su indiferencia y su falta de asombro lo hacen casi sobrenatural.

La tercera y última prueba será frotar la yema del dedo gordo y sacar de eso fuego, presentándola en la uña del pulgar. Esto obligará a Rodríguez a mirar, la obsesión del mago. No sólo tendrá que mirar sino acercarse para prender el cigarro, incluso hasta inclinar la cabeza ante él. Pero nada de esto sale como lo piensa el extraño, ya que Rodríguez lo hace como si fuera algo común, que todos los días pasara. El extraño, ansioso, pregunta la opinión de Rodríguez y es la primera vez que este habla, la que marcará el final de la segunda parte o del desarrollo y comenzará el desenlace.

Rodríguez contesta “esas son pruebas”, minimizando todo el esfuerzo que este extraño había hecho para sorprenderlo. ¿Qué diferencia hay entre este ser y un hombre de circo? Es más, el narrador vuelve al punto de vista de Rodríguez, que tenía abandonado, y nos enteramos, junto con el mago de esta falta de asombro, cuando lo llama “el pegajoso”. Así que mientras todo esto pasaba, Rodríguez veía al mago como un pegajoso, y no como alguien capaz de hacer cosas asombrosas, sino que en lo único que pensaba era en sacárselo de encima.

El desenlace: el descontrol del extraño

Una vez descubierto el pensamiento de Rodríguez, por primera vez para este hombre, este resulta ser totalmente inesperado, así que quien buscaba sorprender termina estupefacto. Ahora las palabras de Rodríguez son “un baldazo de agua fría”. Si al diablo le habían “fulgurado” los ojos cuando pensó en darle fuego con el dedo, si la pasión y el ardor subían a él cuando pensaba que estaba ganando, ahora todo termina apagado por ese “baldazo de agua fría”, como para apagar su pasión. Pero lejos de hacerlo, el extraño retoma este sentimiento con mucho más fuerza, ahora mezclado con ira e indignación. Antitéticamente, el agua fría ahora se sustituye por “la mente hecha un volcán” dando lugar a la idea de explosión incontrolable, de desorden, de caos, de descontrol.

También se descontrolan las imprecaciones, las súplicas para que lo mire, y las pruebas de magia que se transforman en prodigios (sucesos extraños que exceden los límites de la naturaleza).

El primer prodigio será transformar su caballo en toro. Este toro estará lleno de fuego, como si la ira del extraño hubiera pasado también a él. El narrador, ahora en el punto de vista de Rodríguez parece burlarse de la situación cuando irónicamente dice “presentado con tanto fuego en los ojos que milagro parecía no le estuviera ya echando humo el cuero”. Tanto ira causa gracia a Rodríguez que ve el despropósito de este acto sugiriendo que lo extraño no es el acto sino que el toro no se estuviera quemando. Pero a Rodríguez sólo le importa que su zaino no salga lastimado, otra vez aferrado a su mundo, cuidándose él y sus objetos que es lo único que tiene en esta tierra, y por lo único que él cree que debe alarmarse. Su mundo empieza y termina en él. ¿Podemos pensar que esta es la imagen del bien? No lo sé.

El segundo prodigio ya resulta un absoluto despropósito que rompe con el horizonte de expectativa del lector, quien debe releer varias veces esta expresión “mirá que aletas, Rodríguez” para lograr comprender de qué está hablando el mago. El horizonte de expectativas es aquello que el lector considera dentro de lo posible en el cuento, dentro de lo verosímil. Cuando esto se rompe, el asombro del lector puede llevarlo incluso a desestimar el texto. Pero si el cuento ha generado los principios necesarios para lograr este asombro sin que se rompa la verosimilitud, todo será posible dentro de este contexto ficcional. Así, este cuento, ha ido creando la posibilidad que haga que este delirio del bagre sea posible en este contexto. Si uno lo piensa racionalmente es casi imposible imaginar un bagre, fuera del agua, del tamaño de una persona, cabalgando por la tierra. Pero en este contexto de descontrol y de magia todo esto es posible, aunque el lector termine absolutamente asombrado. Pero no así Rodríguez, quien no se inmuta. Un bagre, por más que de vueltas “como luz” no es un peligro para su “zainito” y eso es lo único que puede hacerlo reaccionar.

La desesperación del extraño lo lleva a pedir “por favor, fijáte bien”. Aquel personaje altanero, creído, confiado, termina pidiendo por favor la atención y el asombro de Rodríguez. Resulta inhumano que no lo tenga.

Rodríguez prácticamente se burla del personaje, de su desesperación y su descontrol. “¿Eso? Mágica, eso”. El error gramatical de Rodríguez, que en vez de decir magia, dice mágica, refuerza la idea de un personaje sin mayor cultura pero con mucha experiencia en lo mundano. No sabe cómo decirle a estos prodigios descontrolados, pero seguro no tienen ninguna importancia para él, no significan nada, no le proporcionan nada, ni le demuestran nada. Nada puede un hombre como este darle a Rodríguez.

El extraño termina como corresponde a este conflicto. Comenzó confiado y termina en el suelo, “caído del caballo”, humillado, “clavado de cola”. La derrota del personaje sólo puede terminar en el insulto, justificado, y totalmente uruguayo.

Pero esta exclamación sale de un ahogo, de lo más profundo de su ser y de su cansancio, se ha pasado todo el tiempo tratando de llamar la atención de Rodríguez quien no ha hecho más que menospreciarlo, no creerle, no considerarlo importante. Así terminan ambos personajes tal como empezaron. Rodríguez sigue su camino, tranquilo “bajo la blanca, tan blanca luna”. Una vez más la reiteración del principio “como aquella luna había puesto todo igual, igual que de día,” pero ahora se repite la palabra “blanca” que es la que acompañará a Rodríguez. La luz, el color blanco está siempre del lado de este personaje. Mientras que el otro termina también como empezó, “el oscuro” que es el caballo del extraño, termina mostrando los dientes, en señal de ira y vuelve a los sauces del paso, para esperar a otro candidato. Así la estructura del cuento se vuelve circular, es decir, todo termina como empieza.

22 comentarios:

  1. che paola SS UNA GENIA AGUANTE VS :)

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  2. gracias por la ayuda!!!

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  3. muchisimas grax Pao!!!

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  4. muy bueno, pero si lo pudieras resumir un pokito gracias jeje

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  5. Muchas gracias por tomarse la molestia de publicar estos trabajos son muy utiles Ana, Madre cansada

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  6. Me sirvio Un Montonaso TODO Gracias(:

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  7. Gracias Paola, siempre leo tus análisis! Me ayudan muchísimo en el liceo.

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  8. muchas gracias el jueves tengo escrito y ya me ayudaste mucho

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  9. Gracias por el análisis... me alludó mucho para poder terminar un trabajo.

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  10. mee re hizo util para un escrito!!! graciiias!!

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  11. la verdad exelente, espero que me vaya bien en mi escrito!

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  12. Gracias loca, no sabes de lo que me salvaste

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  13. SOS UNA GENIAA!!! Gracias desde Uruguay

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  14. Gracias, me sirvió mucho

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  15. gracias.... me sirvió mucho =D

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  16. GRACIAS ME SIRVIO DE MUCHO!!

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  17. muy buena información...
    me sirvió mucho...
    graciassssssss =D

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