jueves, 25 de junio de 2009

Garcilaso - Análisis del soneto XXIII

SONETO XXIII DE GARCILASO
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

TEMA

El tema del soneto está reflejado en el primer terceto, y en la expresión: “Coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto”. Esta idea ya estaba planteada en el poeta latino, Horacio, y él la había plasmado en la sentencia “carpe diem”, que significa “aprovecha el día”. La vida es corta, pasa más rápido de lo que el hombre cree, y en el Renacimiento, esa percepción era muy clara, porque sabían cuán maravilloso era todo lo que tenían para conocer. No hay tiempo para perder, si se quiere tomarlo todo. Por más que el hombre luche contra el pasaje del tiempo, este es implacable en su camino a la muerte, y aunque seamos sutiles en el Renacimiento al decir esto, igual no deja de suceder. Cuando se llegue al Barroco esta idea se va a gritar con mayor violencia y angustia.

ESTRUCTURA

Sabemos que la estructura formal está dada por dos cuartetos y dos tercetos, ya que es un soneto, de versos endecasílabos (once sílabas) con una rima consonante, tipo ABBA en los cuartetos y CDEDCE en los tercetos.

En cuanto a la estructura interna podemos ver que en los cuartetos tenemos la figura de una dama, presentada en forma armónica y ordenada, que vamos viendo desde su cara, sus ojos, su cabello, su cuello, en este orden. Esta imagen tiene un movimiento sutil y elegante, como si el yo lírico la viera de frente y luego viera su espalda porque esta dama pasó frente a él. Esta armonía, equilibrio y orden en la descripción resulta emblemático del Renacimiento. No es casual que se considere a este soneto como típico de la época.

En lo tercetos no sólo vemos el tema, vemos la advertencia de aprovechar la juventud, el momento en que se vive, y las consecuencias del pasaje del tiempo.

Si tomamos las primeras palabras de cada estrofa veremos que el yo lírico parece decirle a la amada: “en tanto” (mientras) tengas toda tu vitalidad, “coged”, aprovechad el día, porque se “marchitará” siempre la vida del hombre.

PRIMER CUARTETO

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;

En este primer cuarteto tendremos el gesto y la mirada de la amada y lo que esto provoca en el yo lírico.

Comienza el mismo con una referencia temporal “en tanto”, es decir “mientras”. Mientras pase esto, entonces has lo que el primer terceto sugiere u ordena. Esa es la idea del yo lírico, por eso todo el soneto está cargado de tiempo.

La hipérbaton del principio(desorden gramatical con fines estéticos) deja los flores “rosa y azucena” juntas y en primer plano, para luego relacionarlas con los adjetivos “ardiente” y “honesto”, en el mismo orden que había planteado a las flores, y aún para que concuerden con lo que provocan en él “enciende” y “refrena”. Estas flores son metáforas que reflejan el color del gesto de la dama. El rosado de la rosa puede hacer pensar en la vitalidad de la dama, pero también en la vergüenza de encontrarse con un mancebo que la pretende como el yo lírico. Por lo menos eso es lo que él quiere interpretar del gesto de ella, quiere pensar que su rosa es señal de una pasión oculta hacia él. Y el color de la azucena, que es el blanco, refleja la honestidad, la pureza, la virtud, la virginidad, la inocencia de la dama. Toda ella es delicada como una flor, suave como sus pétalos, y frágil como la vida de éstas, pero también efímera, fugaz, momentánea, perecedera, transitoria.

Con el color de estas flores se muestra el rostro de la amada, y él entiende que ella conlleva dentro de sí la duda que detiene el accionar de él. Es decir, él no sabe realmente cómo ella quiere actuar, pero siente que siente lo mismo que él: una pasión, pero se refrena porque no es decoroso actuar de otra forma.

Eso que aparece en su rostro, el yo lírico lo atribuye a su mirada, y en esa atribución, también le da una interpretación “ardiente” y “honesto”, porque la mirada es la ventana del alma, dice el imaginario colectivo, así el yo lírico supone en esa mirada al alma de la amada. Esto nos deja clara la antítesis que se había planteado sutilmente ya entre las metáforas “rosa” y “azucena”. Si el mirar es ardiente, no cabe duda de la pasión que ella tiene y que por supuesto provoca, pero si también es honesto, esa contradicción mantendrá en quietud el accionar del yo lírico.

Y eso es justamente lo que pasa en el último verso de este cuarteto “enciende el corazón y lo refrena”. Mueve al corazón del yo lírico, provoca fuego en él. Si miramos la palabras que siguen esta línea (“rosa”, “ardiente”, “enciende”) vemos como va subiendo de intensidad a medida la acción va llegando a él. Es el simple color rosa (sustantivo) que sirve de señal para que comience la interpretación de él a través de un adjetivo (“ardiente), hasta llegar al verbo “enciende” que implica la acción. Pero esta acción fogosa, y que quema al yo, se ve contrapuesta, detenida, anulada por la acción contraria “refrena” (otro verbo con la misma fuerza que “enciende”). Con la misma intensidad que fue aumentando la pasión, también irá aumentando la virtud, a través de “azucena”, “honesto”, “refrena”.

Pero hay un problema, en medio de estos dos verbos está “el corazón” de él, preso, rehén de la mirada de ella, del sentir y la contradicción que él ve en ella. Ese lugar en que se albergan todos los íntimos sentidos queda incapacitado de accionar, y sólo condenado a sufrir esa inmovilidad.

SEGUNDO CUARTETO

Y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello, blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena.

Ahora parecería que la amada se va alejando del yo lírico, y esto hace que él pueda verla a otra distancia, y por eso puede reparar en el cabello y decirle que mientras el cabello sea joven , vital, bello, aproveche a vivir a pleno. Este cabello, no sólo es bello, sale de la “vena del oro”, una metáfora que muestra la vitalidad del mismo. La palabra “vena” ya es una metáfora en la órbita de la minería, y con ella no sólo puede hacer referencia a la vitalidad, y a la importancia que tiene para la vida, sino también a la fineza con que surge el oro líquido, si viene un pequeño orificio, a eso se le llama vena, al lugar de donde nace el oro. Este pelo se ha escogido de esa vena, es decir, ha tomado, de ese lugar de donde sale el oro, lo mejor de él, transformándose así en un cabello fino, radiante y único. El hecho de utilizar la expresión “se escogió”, hace pensar que el cabello tuviera la voluntad propia de escogerse, es decir tiene una vitalidad que no sólo llega del movimiento, sino casi de una personificación. La metáfora del oro tiene relación directa con el Renacimiento español. No olvidemos que España ha conquistado América y se ha fascinado por el oro que allí se encuentra.

Este cabello, además de ser fino es liviano, vuela y tiene movimiento, como la vida misma, lo que nos hace ver su vitalidad. La aparición del “vuelo presto” irá intensificándose en el poema, y comenzará con esta sutileza, pasando por un viento que “mueve, esparce y desordena”, luego lo llamará “tiempo airado” y por último “viento helado” y “edad ligera”. De esta manera ese viento que ahora es suave y embellece, terminará en un “viento helado” que sugerirá la muerte.

Ante tanto movimiento y vitalidad aparece el cuello como algo firme, bello y que contrasta con todo esta imagen móvil. Este cuello blanco recuerda a la porcelana y por lo tanto habla de la belleza de la dama que parece una princesa de porcelana, intocable por su fragilidad y honestidad.

Este viento que ahora es favorable y la embellece, se intensifica para darle al cabello mayor esplendor, y por eso, por medio de una gradación, el yo lírico utiliza tres verbos, que tiene diferente intensidad: “mueve”, “esparce” y “desordena”.

PRIMER TERCETO

Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre

Este es el terceto que plantea el tema, y comienza con un verbo en modo imperativo, porque el yo lírico le aconseja casi en forma de orden, porque es imperioso, porque es necesario, porque es fundamental no dejar pasar el momento. Esta orden casi se transforma en un ruego apasionado, y desesperado. El tiempo es implacable, y no puede perderse, debe ser aprovechado. “Coged”, dice al tu lírico, a esa bella mujer que hoy tiene todo a su favor, belleza, juventud, todo lo que el hombre anhela, a ese tú lírico le dice que tome lo mejor de esa juventud que está metaforizada en la expresión “alegre primavera”. Siendo esta estación relacionada comúnmente con la vida que renace. Y tal vida tiene la primavera que parece personificada por el adjetivo “alegre”, todo en ella es felicidad y amor. Ese es el momento para tomar “el dulce fruto”.

Es importante aclarar que tomar el dulce fruto es recoger lo mejor de cada día. No estamos hablando de la mirada posmoderna del tiempo, en el cual el mismo pasa y debo vivirlo intensamente sin importar que quede de cada instante. Vivirlo hedonistamente, parece ser la máxima de estos tiempos, tal es así que ni siquiera importa si al día siguiente se olvidó. En los tiempos actuales la vida pasa con tal intensidad que el pasado ya no tiene mayor sentido, y lo único que importa es un presente constante que no va a dejar nada al día siguiente. No es este el planteo del “carpe diem”. En esta idea de aprovechar el día hay un fruto que recoger de ese día. Un fruto que es lo mejor que voy a tener para sentir en mi vejez que verdaderamente se ha vivido y que esa vida no ha sido en vano. Por eso hay un “dulce fruto” que hay que saber recoger. Esta metáfora implica que existe en cada instante un fruto que se brinda al hombre para que él lo recoja y lo saboree. Un fruto que debe ser tomado con todos los sentidos posibles, el gusto, el tacto, la vista y el olfato. Es necesario estar prendido a la vida en cada instante y con todo lo que el hombre tiene. A su vez hay un tiempo para recoger ese fruto, porque si este pasa de tiempo, madura y ya no es igual. No puede recogerse antes, tampoco, porque estaría verde y sería desagradable al gusto. Es necesario que sea en el tiempo justo, y para eso hay que estar atento.

La cesura (pausa a mitad del verso) deja esta idea del fruto separada del resto, para que el tú lírico capte su importancia. Y mitad del mismo verso aparece el “tiempo airado”, un tiempo que arruina las cosas. La palabra “airado” tiene dos acepciones: viene de aire, pero también refiere al enojo. Este tiempo se ha relacionado ya con el aire, por su movimiento constante, porque no lo vemos ni podemos palparlo, pero percibimos sus efectos en las cosas. Pero también es un tiempo enojado si lo miramos desde una óptica humana. Este tiempo parece ensañarse especialmente con el hombre. Es un tiempo que el hombre siente enojado porque no respeta, es implacable, no espera a nada ni a nadie. Avanza en ese andar constante e irrefrenable.

Este tiempo que se ensaña con el hombre, también deja secuelas en él. “cubre de nieve la hermosa cumbre”, llena de canas las bellas cabelleras. La metáfora de la “nieve” no sólo hace referencia a lo blanco de las canas, sino también a la frialdad de la muerte que va aproximándose al hombre y que comienza a dar señales de su presencia. Esta imagen de las cumbres de las montañas con nieve nos habla de una mirada natural de la vejez. No se trata de una aproximación de la muerte con recelo o angustia, sino como un proceso natural que el hombre debe aceptar que sucederá a su tiempo.

SEGUNDO TERCETO

Esta última idea es justamente la que se plantea en este último terceto.

Marchitará la rosa el viento helado
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

El verbo “marchitará”, consecuencia inevitable del tiempo, es un proceso natural. Toda flor, en su vida fugaz, comienza a arrugarse y así va acercándose al final de su vida. De la misma manera el hombre se va arrugando como señal irremediable de la presencia de un tiempo que pasa. Proceso que lleva a la muerte de la rosa, y es la metáfora del “viento helado” quien la sugiere precisamente por el adjetivo “helado”.

Los últimos dos versos del soneto son una sentencia y una definición del tiempo. El tiempo cambiará todas las cosas (“todo lo mudará la edad ligera”) pero una sola cosa no podrá cambiar jamás y eso es lo fatídico para el hombre, no podrá cambiar su condición de cambiar todas las cosas, no puede dejar de ser quien es. El tiempo se define por el cambio de todas las cosas y es a través de ellas que vemos que el tiempo ha pasado. Es por eso tan importante que tomemos el “fruto”, porque si no la vida no se diferencia de la muerte.

19 comentarios:

  1. MUY BUENO ME SIRBIO MUCHO!!.. GRACIAS :D

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  2. mañana tengo el examen de literatura y no tenia el analisis de este soneto completo. me re sirvio gracias!

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  3. Muchas gracias, tengo el examen de mi clase de literatura AP y me ayudo mucho. Gracias!

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  4. excelente trabajo, bien estructurado, ideas claras, de gran utilidad. Gracias
    Febrero,5,2012

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  5. gracias!!! esta muy buenoo

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  6. Es bueno a ver que saco mañana en el exameen

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  7. Perfecto! Muchísimas gracias.

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  8. Muchas gracias, me ha sido de gran utilidad, espero siga escribiendo y analizando más sonetos etc.

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  9. FELICITACIONES, BUEN ANALISIS, MUCHAS GRACIAS.

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  10. Gracias, excelente explicación y análisis. Sos muy clara!

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  11. ¡Así! es cómo analizar la literatura.

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  12. Muchas gracias por tan buen análisis!

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  13. Me ha servido mucho y pocos comentarios he visto como el tuyo, felicidades!

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  14. Buenisimo Que buena ayuda me dio

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