viernes, 25 de noviembre de 2011

Idea Vilariño - Ya no (Análisis)

Ya no (Análisis) – Idea Vilariño

Tema:

Este es un poema de despedida, una despedida amorosa, pero al fin una despedida de la vida misma, porque lo que esconde es la angustia de un despojamiento casi total, ya que el otro es también testigo del yo lírico. Es decir, existe un yo, porque hay un tú que la mira y es testigo de su existencia, una vez desaparecido ese tú, pues lo que queda es la soledad más existencial, la certeza de lo no vivido y de lo que no será. La muerte en contraposición con la vida que terminó, y unido a la experiencia amorosa que ahora no es más que una negación rotunda, inapelable, como la muerte misma.

Estructura externa:

La métrica es irregular, y la rima es libre, no existe. Sin embargo el poema no deja de tener musicalidad, y es la musicalidad del alma, la interior, la que surge de la angustia y la desolación, la desesperanza de lo que ya no es, ni será. Por ello el yo lírico intercambia versos de siete sílabas con otros de dos o tres, sin importar si eso es racional, sino más bien se trata de una lógica interna, la lógica del sentimiento.

Estructura interna:

Si bien el poema no se divide en estrofas, podríamos llegar a encontrar algunos momentos en el mismo que podríamos evidenciar por las escasas pausas que el mismo tiene. Si bien no usa casi signos que pausen la lectura, no es necesario hacerlo, por lo dicho anteriormente, el poema sigue el ritmo del sentimiento. Sin embargo, emblemáticamente podemos encontrar cinco puntos; lo que nos permitiría dividir el poema en por lo menos cuatro partes.

1. El yo expresa a través de situaciones cotidianas lo que “ya no será”. Aquello que se pierde en el devenir cotidiano de la vida.

2. El yo parece ir más profundo, no sólo se pierde lo cotidiano, también lo que fue en un pasado parte de la intimidad, lo que sintieron y se dijeron y lo que podrían haber sentido y haber sido.

3. En esta tercera parte aparece la separación desgarradora de una relación que era más que una relación amorosa, era una relación humana simbiótica, por una intimidad mucho más profunda, fundada en el conocimiento del otro, casi como si fuera uno mismo.

4. La última parte no es más que una conclusión desgarradora, que constata lo físico, pero también lo trascendente de la pérdida, “ya no te veré morir”, porque en realidad está muriendo ahora, en un lugar más profundo que el mundo físico.

Título:

En el título se presenta el adverbio “ya” que nos coloca en un presente permanente e incambiable, lo que aumenta la desolación y la desesperanza de que la situación se revierta. “Ya”, ahora, es lo mismo que nunca más. El presente se vuelve eterno, y esa eternidad es un “no”, la negación de la relación pero también del yo cuya unión con el tú era de una profundidad existencial.

Análisis de la primera parte

El yo lírico comienza el poema desde el título, y lo repite agregándole el verbo “ser” en tiempo futuro. Ser también implica existir, por lo tanto lo que se niega es la existencia de la relación, pero dado que esta implica una identificación profundamente unida, lo que se está negando no sólo es al tú, sino también al yo. Ambos desaparecen al desaparecer la unión. Sin embargo, la voz femenina que emite la poesía, queda allí, existiendo, pero en una existencia vacía, solitaria, angustiante, y tan muerta como la relación que terminó.

La reiteración del “ya no” ahora despojada del verbo reafirma la angustia, pero ahora en su intimidad, no hace falta decir, nombrar, el sentimiento comprende lo desolador y angustiante que significa esa negación, y como si fuera un embudo en el que va cayendo su existencia, el verso se acorta, como ella se va desintegrando al pensar en todo lo cotidiano que se pierde al morir la relación.

Ya no será
ya no

La anáfora (repetición de una palabra al principio del verso) crea en el poema el ritmo circular, siempre se vuelve al mismo punto: lo que no será, a través de una enumeración descriptiva de todo lo que se han perdido. Este “no” está acompañado de verbos, que implican acción, así que unidos al “no” refuerzan la inmovilidad total, la inacción, lo que no podrá ser jamás. A partir de este momento la vida proyectada terminó, y una relación y la vida misma se sostienen de los proyectos.

Las acciones planteadas son las proyectadas en un mundo cotidiano, vivir juntos, criar al hijo del otro, coser su ropa, tener al otro en la noche, besarlo al irse. El tú que se repite insistentemente, también bajo la forma del “te” termina siendo una forma también del yo, ya que los verbos están conjugados en primera persona. Es la voz femenina la que no tendrá la oportunidad de cumplir con las tareas, no sólo de mujer, sino de amor que llenan el vacío de su ser.  “La tranquilidad, la permanencia, es algo que no tiene lugar en esta forma de amor. Como el deseo es absoluto, se quiere todo, y se siente esta ausencia como añoranza o se la vive angustiadamente como lo perdido, pero de una manera que también alimenta la pasión (…) apunta a una manera de vivir la pasión que es inherente a la visión poética de Vilariño. El amor se vive a término. La conciencia del fin está siempre (…) la ausencia se proyecta en otras dimensiones: no es una circunstancia, es una dimensión del amor (…) La soledad de la mujer en esta poesía no tiene nunca un sentido de debilidad. La voz convoca al otro, lo nombra, hace presente el amor en la ausencia” (Carina Blixen, “Una poética de la Intensidad”)

no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

Lo cotidiano se comienza a mezclar con lo emocional: “nunca sabrás quién fui/ por qué me amaron otros”. De esto también se pierde el tú lírico, la esencia del yo no podrá llegar a su conocimiento en toda su profundidad, pero eso también implica que el yo tampoco podrá llegar a conocerse en la experiencia con el tú. Si el tú es un espejo que permite descubrir la profundidad de su propio conocimiento, ahora ambos han perdido esa posibilidad, aún cuando otros la sigan amando, ninguno podrá descubrirle al yo su esencia, porque para ella sólo el tú era capaz de darle esa información.

Análisis de la segunda parte

Esta segunda parte está marcada por la profundidad del ser. El yo lírico habla de su ser fusionándose con el tú. Una vez que se instala la ruptura, ya no existe la posibilidad de conocerse, y eso es lo que crea la mayor angustia, ya que el otro es el espejo en el que ella se refleja. La ausencia del otro implica la ignorancia de sí misma, el no saber, y la imposibilidad de conocerse en el futuro. Los “por qué” ni los “cómo”, aún cuando no se continúe la pregunta, no tendrán respuesta posible, porque esas preguntas van acompañadas de un implacable “nunca”.

El amor planteado por ellos tenía la profundidad de comunicación necesaria para llegar a la intimidad no sólo de los “por qué” y los “cómo”, sino también de “quién fuiste” y de “qué fui”. No hay roles definidos, no hay más que la entrega total de uno al otro, eso es lo que exige este amor, que no se cimienta en la convencionalidad de la fidelidad (“por qué me amaron otros”).

Lo angustiante es no saber, más aún que lo que no será. Porque no se sabrá nunca lo que hubiera sido “vivir juntos / querernos / esperarnos/ estar”. Estos verbos en infinitivo parecen ir creciendo en intensidad de manera sencilla, simple, desnuda, incluso hasta ir de versos de cuatro sílabas, a tres y luego a dos, como si fuera tan simple y profunda la espera que ese yo pretendía de ese otro. Vivir termina siendo simplemente estar, mientras que en el medio está el quererse y esperarse, los cimientos de la relación. No sólo transcurrir juntos, estar en toda la dimensión de la palabra existir. Estar el uno para el otro, el uno con el otro, con todo su ser.

Una vez las anáforas, ahora del “ni” van cargando los versos de mayor angustia, porque además del adverbio “no” está incluida la conjunción “y” como si fueran agregándose angustiosamente aquello que se pierde.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Análisis de la tercera parte

La ruptura final está en esta parte. La simbiosis de esa relación se rompe, quedando el yo solo con su yo y el tú sólo con su tú. ¿Qué significa en realidad eso? Tal vez sólo será un recuerdo que permanecerá en ese eterno presente, pero que no podrá jamás volver a ser. Por esa razón esta ruptura es comparable a la muerte, aunque no necesariamente se hable de una muerte física, hasta el final, que también será planteada en un futuro. Es la expresión “para siempre” lo que vuelve la situación irremediable.

El yo lírico se vale de los encabalgamientos (continúa las ideas en el verso siguiente) para mostrar como su interior, su sentir se va destruyendo con esta ruptura. Ruptura que será igual de inapelable, ya que el yo se plantea una especie de aislamiento con respecto al tú. La ignorancia de sí misma la llevará también a ignorar todo lo que se refiere a él respecto a su futuro-presente “dónde vives/ con quién”, y llega hasta la terrible desconfianza de ni siquiera saber si habrá sido una huella importante para él, si será capaz de recordarla. Aún cuando ella no olvide jamás. Pero el recuerdo de ella no será un motivo que pueda subsanar esa pérdida, y esto es lo que muestra la fuerza del yo. No olvidará aquel abrazo, personal, particular, único, pero eso no cambia la situación porque está dispuesta a quedarse con ese dolor, aún cuando no sepa siquiera si el otro recuerda. La separación es total, ella quedará con su parte, y aceptará no saber qué pasa con el otro. Sabiendo, además que el tiempo vivido es único, por eso deja sólo en el verso la palabra “nunca”, porque no existe la posibilidad de volver atrás jamás.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

Análisis de la última parte

Los últimos dos versos son la conclusión de todo lo antedicho. La ruptura se da en dos planos, en el físico, pero también en lo emocional, ya que “no te veré morir” que implicaría la muerte física, implica la soledad más absoluta (ruptura emocional), en el momento en que el hombre más solo puede estar. La muerte es un acto en soledad, aun cuando estemos junto a alguien en ese momento, pero el yo lírico se niega hasta esa posibilidad. No lo verá morir porque la muerte real, para ella es en ese instante, en ese ya, presente en el que se tomó la decisión.

No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

3 comentarios:

  1. Avevo postato questa poesia sul mio blog. La lettura che Lei ne dà è illuminante.
    C.A.Amoruso
    Italia.

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