viernes, 11 de febrero de 2011

Biblia - Información sobre Evangelios

Introducción a los Evangelios

Trabajo realizado por la Profesora Paola De Nigris

Cuatro son los Evangelios que pertenecen al canon bíblico. Decimos que pertenecen al canon porque dentro de la cosmogonía cristiana son textos “inspirados por Dios”. Esto no quiere decir que nos hayan escrito hombres, sino que Dios los ha utilizado para transmitir su mensaje, respetando la forma en que los hombres se expresan. Los Evangelios cuentan sobre la vida de Jesús, el Mesías esperado por el pueblo hebreo, pero que ellos mismos no reconocieron como tal. Mesías significa el ungido, ya que el pueblo hebreo solía ungir a sus reyes o sumos sacerdotes. Pero también se le llamaba Mesías al salvador y liberador que ellos esperaban, que fue prometido por Dios durante el antiguo testamento. Este sería rey, profeta y sumo sacerdote, y renovaría el pacto pero ahora con toda la humanidad y especialmente con aquellos que lo aceptaran como salvador. La Biblia habla de dos pactos: el primero es con Abraham y por lo tanto con el pueblo judío, y el segundo con la humanidad toda, a través de la figura de Cristo Jesús, el Mesías prometido.

La “buena nueva” que significa la palabra Evangelio es que “Dios está con nosotros”, y ese será el mensaje de los cuatro Evangelios. Estos fueron escritos por los apóstoles (enviado o mensajero). Este nombre también se le dio a Jesús por ser enviado de Dios, pero a su vez se usó para nombrar a aquellas personas que el mismo Jesús envió a dar el mensaje de salvación. De los cuatro apóstoles que escriben los Evangelios, sólo uno no conoció a Jesús y fue precisamente Lucas.

El primer Evangelio es escrito por Mateo que fue un publicano (aquellos que cobraban los impuestos para el imperio romano, y que solían quedarse con una parte importante de lo recogido). Este hombre sigue a Jesús desde la primera vez que lo ve, cuando Él le dice que deje todo lo siga. Su Evangelio presentará a Jesús como el Rey de Reyes, y para eso presentará toda la genealogía de Jesús demostrando así su linaje real.

El segundo Evangelio es el de Marcos. Este es más corto que los otros pero tiene un propósito claro y es presentar a Cristo como un siervo, alguien que está al servicio y no como alguien que busca poder.

El tercer Evangelio es el de Lucas, que fue un médico y que no conoció a Jesús. Sin embargo su testimonio se acepta porque es muy parecido al de los otros tres que sí conocieron directamente al Mesías. Lucas presenta a Cristo como hombre, tratando de mostrar sus actos lo más fielmente posible, para que podamos creer en los milagros que realiza. Dejando en claro su propósito, su Evangelios comienza así: “Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de  las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, como lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; me ha parecido también a mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo”. Recordemos que Teófilo significa amor a Dios, así que Lucas intenta poner en orden todos los hechos para los amantes de las cosas del Señor.

El último Evangelio esta escrito por Juan que ha sido el más amado por Jesús, es quién recuesta su cabeza en la última cena, el más cercano a él. Su Evangelio tiene por propósito presentar a Jesús como el Hijo de Dios, “aquel era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Jn.1:9), o también lo presenta como el Verbo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn.1:1). Así que para él no cabe duda que Jesús no sólo es enviado por Dios, es Dios hecho hombre, es el Hijo de Dios y así lo presenta en su Evangelio, por eso es considerado el más teológico de los cuatro.

jueves, 10 de febrero de 2011

Fontanarrosa - Viejo con árbol (video)

Fontanarrosa - Viejo con árbol (texto)

Viejo con árbol


A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo. Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos. Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
—Ojo con la vía alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
—No pasan trenes - casi tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
—¿No vino la hinchada? ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava? Y se reían. Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores.
Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
—La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá bromeó alguno.
—Por ahí es amigo del referí —dijo otro.
Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors.
Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha —casi a desgano, aprovechando para desperezarse— cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción
.—¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? —medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso.
El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.—No sonrió.
Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.
- Música - dijo después, mirándolo de nuevo.
- Algún tanguito? —probó el Soda.
—Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
—Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
—Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
—Mire usted nuestro arquero —efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra— La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales —se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba—. Bueno... Eso, eso es la escultura...
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
—Vea usted —el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner— el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
—Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
—Y escuche usted, escuche usted... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
—Y vea usted a ese delantero... —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro.
El Soda se tomó la cabeza.
—¿Qué cobró? —balbuceó indignado.—¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo.
Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha.
—¿Qué cobrás? —gritó después, desaforado—. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
—...¿Y eso? —se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
—Y eso... —vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra—...Eso es el fútbol.

Roberto Fontanarrosa

lunes, 24 de enero de 2011

Delmira Agustini - Un alma (Análisis)

Análisis de "Un alma"

Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
Lo Formal

Este texto pertenece al género lírico aún cuando no contenga una rima o una métrica regular. Lo que lo hace poético es el lenguaje condensado en imágenes, lenguaje metafórico y oscuro que por momentos se hace hermético, y sugiere más de lo que en realidad explicita.

Tal vez la razón por la cual su métrica es irregular y prescinda de una rima, tenga que ver con el título del poema: "un alma". No se habla de cualquier alma, sino de una particular y original, y es esperable, entonces, que la forma de expresión de esa alma también sea individual y única.

Estructura

El poema, desde su forma, está dividido en dos grandes estrofas, también irregulares. La primera estrofa habla del yo lírico, su condición y circunstancias físicas, anímicas y sociales: el estado en que se encuentra esa alma y en el lugar en que esta "decide" colocarse.

La segunda estrofa habla del mundo exterior y cómo es sentido por el yo lírico. Este mundo es visto a través de imágenes fragmentadas, oscuras, herméticas que muestran la particular forma en que este yo percibe y "comprende" al mundo.

Tema y título

Estamos frente a un alma particular, original, que desea diferenciarse del mundo en que vive, ella dice ser "indiferente" a ese mundo, elige marginarse de él, automarginarse. Desprecia a ese mundo por ser superficial, por no tener "alma" y valerse sólo de apariencias, en una palabra, condena la hipocresía de la sociedad de su época. Rechaza así, su rol y aquello que el mundo dice que ella debe ser.

Sin embargo, este rechazo tiene sus particularidades. Cuando Delmira escribe este poema, está ya cansada del mundo, y no rechaza con la vehemencia de la juventud, sino con el descreimiento de quien ya no le interesa luchar. Este abatimiento de la autora se refleja claramente en la voz del yo lírico y en el sentir del poema. Esa automarginación le provoca soledad, tristeza y cansancio por no tener un espacio y estar condenada, también socialmente, a no pertenecer a este mundo.

Más arriba habíamos dicho que ella "elegía" la marginación pero en realidad esto no es del todo exacto. Ella dice ser indiferente al mundo superficial, lo que nos hace pensar en esta elección de aislarse. Pero ella mira a ese mundo, lo describe, por lo tanto no es tan indiferente a él. Ella desprecia y como consecuencia es depreciada. Salirse de la norma es algo que la sociedad del '900 no permite.

Por lo tanto, se podría decir que el tema del poema es la automarginación como consecuencia de la marginación del entorno.

El título habla de un alma, no de una persona ni de un cuerpo, porque el concepto de alma implica la trascendencia de lo material. Se considera al alma como la esencia de la vida, y por lo tanto se desprecia todo lo demás por superficial. Ella tiene alma y por eso se diferencia del resto del mundo que no parece tener vida, sino una apariencia de vida. De esta manera ella, por sentirse sola y única, se coloca en un lugar superior al resto del mundo . Esta actitud es típicamente romántica. Convengamos que Delmira Agustini tiene una fuerte influencia de Rubén Darío, y del modernismo.

El alma resulta difícil de definir, es la esencia de la vida, el suspiro divino, el aliento que nos dio Dios, en la cultura cristiana. Este aliento, suspiro, motor de la vida, parece ser la herramienta con la que el yo lírico dice su verdad.

Análisis

La primera estrofa del poema habla de la ubicación espacial y anímica del yo lírico. Toda ella debe ser vista como una unidad. Comienza dando una ubicación espacial, luego mostrándose en una imagen, y por último diciendo qué es lo que hace. Es decir comienza por lo general para terminar en lo personal. Va de lo exterior a su interior.

El único verbo que hay en esta estrofa es "miro", un verbo pasivo que habla de la pasividad de este yo lírico frente al mundo, solo lo contempla y lo desprecia, pero se encuentra derrotada. Lo único que le queda es mirar y describir lo que ve. En esa descripción, como veremos más adelante, se trasluce el desprecio que ella siente por este mundo. Ella está quieta y sin movimiento, ésta es la verdadera condena, la soledad que le imponen y que se impone ella misma. No es una soledad realmente elegida, es producto de la marginación social y personal y está cargada de melancolía.

Bajo los grandes cielos
afelpados de sombras o dorados de soles,

Comienza el poema con un adverbio de lugar ("bajo") que ubica al yo lírico. Esta ubicación está hiperbolizada por el plural de la palabra "cielo". No existen muchos cielos sino uno, por lo tanto, pluralizarla realza la idea de inmensidad que también está reforzada por el adjetivo pluralizado "grandes". Este yo lírico se ubica amparada por lo natural. La naturaleza la contiene y la protege, y esto es así porque precisamente ella se considera en relación armónica con lo natural, despreciando así a aquel mundo que de natural ya no tiene nada. Mundo superficial, cargado de formas, pero sin contenido sincero, real, verdadero, mundo de imágenes .Esta relación armónica con lo natural, esta valorización de la sinceridad y el rechazo a las formas superficiales también es un aspecto del romanticismo.

Estos "cielos" están caracterizados por dos imágenes contrapuestas: "afelpados de sombras o dorados de soles". Una imagen cargada de luz y la otra de sombra. El nexo "o", que implica la posibilidad de alguna de ellas, parece funcionar en el verso como el centro de una balanza que equilibra los días, a veces inclinándola para un lado y a veces para otro, pero la vida de este yo lírico maneja esa dualidad sin que por ello cambie nada en ella y en su forma de sentir. El día puede estar soleado o lleno de sombras, ella igual se mantendrá inmutable.

La primera imagen que cita tiene que ver con las sombras y lo hace a través de una sinestesia (Sinestesia: cuando se junta en una imagen dos palabras que parten de sentidos diferentes). El adjetivo "afelpados", para hablar de los cielos, es a su vez una catacresis (Catacresis: cuando se adjetiva impropiamente a un sustantivo). La palabra "sombra" parte del sentido de la vista, mientras que la palabra "afelpados" parte del sentido del tacto. La felpa, además de ser suave tiene la particularidad de ser una tela muy gruesa, con lo cual las "sombras" que este yo lírico experimenta en estos días, en que los cielos se ponen negros, resultan también espesas.

Así como los cielos pueden nublar la vista, también pueden estar brillantes, "dorados de soles", y permitir ver más claramente todo, ya que no hay un solo sol, sino muchos (entre ellos está ella).

Sea que los cielos inciten a la tristeza (sombras) o a la alegría (soles) a través de esta antítesis (imágenes contrapuestas), estos no pueden cambiar el sentir del yo lírico que es uno solo: la melancolía. La forma en que estos cielos se pongan no altera ese hecho.

arropada en el manto
pálido y torrencial de mi melancolía,

El participio pasivo "arropada" nos da la pauta de que la voz que enuncia este poema, o sea el yo lírico, es femenino. La acción de arroparse implica también protección cariñosa y pasividad absoluta. La expresión "manto de melancolía" es un zeugma. El zeugma es cuando se coordinan dos elementos que no se encuentran en el mismo plano semántico, o dos elementos que poseen semas opuestos, por ejemplo: abstracto/concreto. Hay entre ese "manto de melancolía" y ella, una relación de afecto. Su melancolía, su tristeza difusa y permanente, no le permite moverse y ella la sostiene también con afecto porque con él se siente protegida de ese mundo que ve hostil por ser tan diferente a ella y ser intolerante frente a lo diferente. Ella siente, profundamente, que jamás podrá ser parte de este mundo y ya no le interesa serlo.

Al sustantivo "manto" se le agregan dos adjetivos, uno propio y otro impropio. El primero, "pálido", falto de color, nos habla de la falta de vitalidad que provoca esta melancolía, que está corporeizada en el manto. A su vez, el adjetivo "torrencial" nos muestra lo constante y opresivo que puede ser este manto, y por lo tanto esta melancolía. Si bien hay una relación de afecto entre la melancolía y ella, hay también un precio que pagar por ese afecto, y esto es la inmovilidad, la opresión constante y la falta de vitalidad. Pero a este yo lírico no le importa pagar este precio porque se siente protegida y porque el mundo exterior tampoco tiene ningún interés para ella. Convengamos que existe una diferencia entre hablar de vitalidad y vida. La palabra vitalidad se relaciona con la acción más bien exterior, mientras que la vida de este yo lírico pasa por su interior, ella está quieta, tiene vida, pero no vitalidad a causa de ese manto (sentimiento) que la oprime. Esto se verá claramente cuando comience a criticar al mundo exterior.

con una astral indiferencia miro
pasar las intemperies...

Lo primero que aparece en estos dos versos es la forma y la actitud con la que mira: "con una astral indiferencia". El sustantivo "astral" es lo que nos emparenta al yo lírico con un sol (por ello anteriormente decíamos que ella estaba entre uno de esos soles) y al final del poema dirá que mira "indiferente y fija como un astro". Ella se compara, se identifica con el sol: brillante, imponente, poderoso, por encima de los demás, pero también lejos y solo. Mira, como un sol distante, con desprecio ya que se entiende superior al mundo que la rodea, y con "indiferencia" dice ella. Pensar en la indiferencia es pensar que a ella no le importa el mundo que mira, pero lo mira, y esto no habla verdaderamente de indiferencia. Si alguien es realmente indiferente a algo ni siquiera pierde su tiempo y energía en mirarlo, ese "algo" no existe para el que es indiferente. Si ella mira al mundo exterior, este mundo puede parecer no importarle, pero le importa. Si ella muestra su desprecio hacia el mundo exterior, como lo hará en la siguiente estrofa, entonces no le es indiferente, no es que no sienta nada por ese mundo, siente desprecio. Es de esta sutileza que podemos interpretar que la automarginación que ella dice plantearse, es producto de una marginación anterior del mundo que le ha provocado a ella dolor. Más allá de que ella pueda justificar su aislamiento con razón y sostenerlo, el mundo la ha aislado, y eso le duele. Su actitud parece casi revanchismo: "si el mundo es indiferente a mí, yo seré indiferente al mundo". Esta actitud, además de ser extremadamente romántica, se entronca con la actitud de una parte del modernismo, la esteticista que lideraba Rubén Darío y sostenía: "mi poesía es mía en mí".

Mientras el yo lírico se encuentra en una pasividad absoluta, impuesta (por el manto de su melancolía) y elegida (por su mirar indiferente), el mundo exterior se contrapone porque está en movimiento. Ella está quieta mientras el mundo "pasa", gira alrededor de ella que se siente el centro del mundo. El yo lírico, ella, nomina a las personas del mundo exterior como "intemperies", es decir, desprotegidos. Si ella está protegida por lo natural y la naturaleza, este mundo está desprotegido de estos elementos, y podrá estar al resguardo de un techo (algo artificial), pero desamparados de lo natural, y esto es porque ellos no son naturales, ni apasionados, sino artificiales, disciplinados por una sociedad que espera que todos se rijan por sus normas.

Los tres puntos suspensivos finales nos indica que comenzará a hablar de este mundo que pasa frente a sus ojos. A partir de ahora cambiará el lenguaje, éste se pondrá oscuro y hermético, y cargado de imágenes fragmentadas que sugerirán aspectos y actitudes de las personas que pasan.

Ceños
de los reconcentrados horizontes;

Cada punto y coma de esta estrofa nos indica un aspecto o actitud diferente de las personas que describe. La imagen se vuelve fragmentada porque estos seres no son seres completos sino pedazos de personas; y también se vuelve hermética y oscura porque para el yo lírico este mundo es impenetrable y artificial, rebuscado. Desde la forma de utilizar el lenguaje, ella ya está criticándolo. La forma, a su vez, de cómo deben leerse estos versos, es también antinatural. Para comprender estas imágenes, es necesario comenzar a leer del derecha a izquierda. De acuerdo a lo sugiera el último concepto, se le irá agregando connotación del concepto anterior. Con lo cual se rompe con la linealidad del lenguaje, se rompe con lo natural, de esta manera se refleja lo antinatural que es este mundo.

Por lo dicho anteriormente, debemos comenzar por la palabra "horizontes". El horizonte es aquella línea lejana e inmensa que une al cielo con la tierra. El horizonte para el hombre ha sido símbolo de las metas inalcanzables, que le sirven para guiar su camino en la vida, que lo trascienden de lo cotidiano y lo proyectan a un futuro inmenso e inalcanzable. Los horizontes son lo que invitan al hombre a soñar. Son los sueños inalcanzables.

Pero estos sueños, en estos hombres, están "reconcentrados". Un sueño recargado, deja de ser "mágico" para ser una obsesión. Ellos no son capaces de captar la belleza de lo inalcanzable, y de esa inmensidad que queda grande para el ojo humano, ellos tienen la necesidad de moldearla a su medida y los "reconcentran", perdiendo así el valor del sueño. Un sueño posible se desvaloriza como sueño y se transforma en una meta, perdiendo la cualidad de trascendencia, para transformarse en algo cotidiano.

Pero la idea de obsesión, de hombres que corren tensionados hacia una meta, (ya no un sueño porque son incapaces de soñar), está en la palabra "ceños". El ceño es ese lugar pequeño de la cara donde se juntan las cejas, la frente y la nariz. Con esta imagen, el horizonte se hace más pequeño aún, y se acerca a la cara de estos hombres que corren tras esa meta, dando así la idea de lo posible. La tensión surge de lo que sugiere la palabra "ceño", estas metas se han convertido en productos cerebrales, ya que el ceño es lo primero que se frunce cuando la tensión cerebral es mucha y se transforma en preocupación.

Convengamos que para una sociedad tan rígida como ésta, tener sueños se acerca más a la locura que a la cordura. El valor principal es trabajar para ser alguien socialmente aceptado y reconocido. El ocio que genera sueños imposibles, es algo inaceptable, es por ello que debe pensarse en metas porque estas son más "útiles para la vida". Pensar en sueños es perder el tiempo, y eso es condenable.

Dejando a la palabra "ceños" separada, en un verso aparte, del resto de la imagen se resalta esta tensión y la idea de que estas personas no son hombres completos, sino que se han convertido en "ceños" y nada más, a causa de la obsesión por las metas.

aletazos del fuego del relámpago;

De igual manera que los versos anteriores, debemos comenzar por la idea del "relámpago". Este concepto se caracteriza por la intensidad de su existir. El relámpago, visto por los románticos, es la pasión y la furia de la naturaleza. El relámpago es fugaz pero impacta por su intensidad. El primer movimiento con características románticas nació en Alemania y se llamó "Sturn um dram" que traducido significa "tormenta y pasión", relacionando así la pasión que sentían estos hombres con la pasión de la naturaleza dada por la tormenta.
Este relámpago está degradado por la preposición "de", que trasforma al sustantivo en adjetivo de otro sustantivo: "fuego". Si comparamos la intensidad que hay en estas dos ideas, vemos que el fuego es muchísimo menos intenso que el relámpago y a su vez de mayor duración, pero apacible y más controlable por el hombre. De aquella pasión tormentosa, incontrolable e intensa, no le quedan a estos hombres más que un pequeño fuego, apacible y controlable. Estos hombres van camino a desapasionarse, porque la pasión los emparenta con las bestias. Estamos en el mundo de la razón, y debemos diferenciarnos de los animales.

Pero tampoco estamos hablando del "fuego", porque este sustantivo también está degradado por la preposición "de", y transformado así en adjetivo del sustantivo "aletazos". El aletazo es un movimiento, apenas brusco, que sirve para mantener el vuelo, y que nos sugiere un aire suave. De la pasión natural e incontrolable, solo queda un viento suave, un simulacro de pasión, un pequeño sentir controlado y desapasionado, adecuado a las reglas del pudor y el decoro recomendadas por "las buenas costumbres" de este mundo.

deshielos de las nubes;

Lo mismo que ha sucedido con las imágenes anteriores, sucede con esta imagen. Partiendo de la palabra "nubes", éstas nos sugieren un elemento natural cargado de agua. Cuando las nubes cargadas se juntan provocan la lluvia, que metafóricamente se emparentan con el llanto de un hombre, la lluvia es "el llanto del cielo". El hombre que llora como la lluvia lo hace naturalmente, provocado por una angustia sincera y profunda y por lo tanto no controla su llanto. Pero estas nubes no son lluvia todavía, no son angustia profunda, son simplemente nubes, pequeñas sombras de tristeza, que surgen en estos hombres.

Pero el sustantivo "nubes", otra vez, está degradado a adjetivo por la preposición "de", "nubes" es complemento de "deshielo". El deshielo es el proceso por el cual el agua se va desprendiendo lentamente de la cosa congelada. Este proceso lento, relacionado con el llanto, implica que estas lágrimas salen lentamente, precisamente por ser muy controlado por la persona que siente la tristeza, o por ser esta tristeza poco profunda. Si la angustia realmente es profunda no existe manera humana de controlarla. Pero no es decoroso, para este mundo, sentir una angustia incontrolable, o no poder controlar lo que se siente. Un hombre racional lo controla todo, parece querer sugerir la ideología de la época, y por lo tanto sentir demasiado y descontroladamente no es de un hombre equilibrado.

fantásticos tropeles
desmelenados de los huracanes;

Los "huracanes" son esos vientos fuertes que arrasan con todo lo que tienen delante. Podríamos relacionar a los huracanes con la furia, la ira descontrolada de los vientos, y por lo tanto, también con la ira descontrolada de los hombres. Pero por el mismo mecanismo literario que ha venido usando este yo lírico, este sustantivo está degradado a adjetivo por medio de la preposición "de", y ahora complementa a la palabra "tropeles". El tropel es la muchedumbre que se mueve con desorden y gran ruido. Esta muchedumbre no tiene la fuerza de los huracanes, sino que son pura imagen de ellos. La referencia al aspecto estético está dada por la palabra “desmelenados”. Todo queda en la superficialidad, parecen libres, descontrolados por el simple hecho de mover sus melenas, pero no porque realmente lo sean. De aquella fuerza interior que puede implicar los huracanes, sólo queda una vulgar e hipócrita imagen.

Pórticos esmaltados de los iris
Abiertos a fulgidas bonanzas.

El yo lírico, ahora, presenta una imagen diferente. Está hablando de los ojos ya que menciona a los “iris”, y a través de la metáfora “pórticos”, nos sugiere los párpados. Estos son ojos pintados, con lo que podemos pensar en mujeres, bellamente maquilladas. Estos ojos se abren pero no reconocen lo importante, sino que se abren, se asombran, se embelezan con “fulgidas bonanzas” es decir con momentos superficialmente buenos, que pasan rápidamente, que son efímeros. Momentos que brillan, pero que son pasajeros.

¡Pasad... yo miro indiferente y fija,
indiferente y fija como un astro!

Los últimos versos nos remiten otra vez al final de la primera estrofa. Ella ordena que ese mundo hipócrita y superficial pase de ella. Nada tiene que ver con ella, ni jamás podrá entenderla, ni siquiera acercarse. Nada tiene que buscar de ella, porque ya que ese mundo nada le puede dar, ella tampoco le interesa brindarse a él. Por eso elige compararse con un astro, lejano, muy lejano, pagando el precio de la inmovilidad y la soledad. Pero al menos no estará siendo una hipócrita, superficial y hasta cínica como es ese mundo que ella ve. Ya hemos visto que en realidad no lo hace precisamente con “indiferencia”. Es que este mundo le duele, aunque no quiera parecerse en nada él. Se siente rechazada e incomprendida, y elige hacer lo mismo con él.


José Martí - Poema IX (Análisis)

Poema IX de "Versos sencillos"
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris

Tema: Muerte por amor. Una muerte que se da por un amor no correspondido, y porque el “desmemoriado” no toma en serio el sentir de la niña. No la considera capaz de amar realmente. Lo que se opone en este poema es un amor divinizado, idealizado, con un amor real, carnal, que lleva la niña hasta el suicidio por la incomprensión en primer lugar, del enamorado.

Rima: consonante

Métrica: octosílabos

El tema, la rima y la métrica están en función de lo que el yo lírico dice que es su voluntad: "contar este cuento en flor". Estamos frente a un poema narrativo. Es un poema porque el yo lírico se siente involucrado afectivamente con el suceso y lo expresa tamizado por su exaltación anímica. Esa "narración" no está desarrollada sino condensada en imágenes, y el sentimiento del yo lírico se trasluce en sus palabras. Se apela al origen de la narración, al cuento oral, guardián de la tradición. A pesar de ser planteado de forma escrita, la expresión "quiero, a la sombra de un ala" en tiempo presente, coloca al yo lírico en un tiempo y un espacio, junto a otros oyentes de la historia, lo que presentiza al poema narrativo. Remite al origen porque es así como se cuentan los cuentos que hacen la tradición de un pueblo. Ésta será una narración con aspectos míticos. La métrica y la rima están en función de este aspecto, ya que éstas son características de la poesía narrativa. Son formas poéticas sencillas, fáciles de retener al oído, tanto por su musicalidad como por la cortedad del verso. El tema también está en función de la narración desde su simplicidad y su popularidad.

En este poema, tanto la métrica como la rima son características del modernismo, ya que se busca una forma perfecta, musical. Esta forma estricta podría relacionarse con la influencia del simbolismo en esta corriente.

Estructura:

La estructura del poema será particular. La primera estrofa y la última funcionan como introducción y cierre de la anécdota, mientras que las estrofas intermedias irán intercalando episodios de un pasado inmediato, donde se describirá el entierro en imágenes; y la historia pasada (pasado mediato) que lleva a la niña a "morir de amor". Una y otra estrofa se diferenciarán por los puntos suspensivos al principio de la misma.

Análisis

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Esta es la estrofa introductoria. En ella se nos plantea la voluntad del yo lírico de contar un cuento, que ya dijimos tendrá características de mítico. Esto también podría relacionarse con el parnasianismo, ya que esta corriente solía tomar historias del pasado y actualizarlas para dejar un mensaje con ella, mensaje que explicara el presente.

Cuando se refiere a "la sombra de un ala", la palabra "ala" resulta enigmática. Podría estarse hablando del ala de un sombrero, lo que haría pensar en un yo lírico que se protege, no sólo la cabeza, sino también los ojos. La imagen de un hombre con sombrero genera cierto misterio, y esto podría relacionarse con lo involucrado que éste se encuentra frente a la situación que narra. El misterio de cuán involucrado está en esta situación, o de cuál es la relación entre el yo lírico y la niña, es algo que nunca se aclara en el poema. El yo lírico dirá "era su frente - la frente / que más he amado en mi vida", pero nunca se aclara si él es el "desmemoriado" o si él siente tal compasión por ella que se identifica con ella por haber pasado, alguna vez una situación parecida, o tal vez por el símbolo que ella representa.

Por otro lado, podríamos pensar en la palabra "ala" como lo que ésta sugiere: libertad, vuelo en libertad. Amparado entonces por la libertad con que este "cuento" debe volar y llegar a todos para formar la memoria colectiva, es que en ese lugarcito de sombra que da la sensación de protección, de acojo, de tranquilidad, este "cuento debe ser contado". Memoria que debe ser rescatada por todos, ya que en el mismo cuento se encierra el peligro de la "desmemoria", las consecuencias que ésta puede traer. La muerte de la niña es una consecuencia de la "desmemoria".

A su vez, la palabra "ala" nos remite a lo natural, y nos da la sensación de que este yo lírico se encuentra al aire libre con un auditorio que lo escucha. Es de esa forma que esta "historia" debe ser planteada.

Utilizar dos palabras con el mismo sema "contar este cuento" afirma la voluntad y importancia de contar. Este "cuento" tendrá un propósito: la memoria, como herramienta, como arma para los pueblos. Y esta memoria también está unida al concepto "amor", porque el amor necesita de la memoria. A través de la experiencia de la memoria individual (la de la niña, la del yo lírico) se trata de rescatar una memoria colectiva, y el cuento es una forma de hacer vigente esa memoria colectiva, por ello se redunda en estos semas. A su vez esta vigencia del cuento queda plasmada en la catacresis "cuento en flor". Se adjetiva de manera impropia al sustantivo "cuento". Esta adjetivación, que se transforma en una metáfora, habla de la plenitud, la vigencia, vitalidad y la belleza del cuento. También se habla de la capacidad de renacer. Decir "en flor" nos sugiere que este "cuento" es parte de un ciclo natural: todo nace, se reproduce y muere. Esto se relaciona con la niña, ya que ella también morirá, y a través del poema renacerá, y logrará estar "en flor" como no lo logró en vida. Por más que el tiempo pase, este "cuento" deberá seguir siempre en flor, desde el momento que exista la posibilidad de escuchar a alguien que enuncia "Quiero, a la sombra de una ala..." o que algún oyente recuerde esta historia.

Lo único que se nos dice de la niña es que el lugar de su procedencia, quedará así inmortalizada por su origen y no por su nombre. No importa quién es en realidad sino lo que le sucede y de dónde nace su mito. Resulta mítica su historia precisamente por esa expresión "la niña de Guatemala". Se trata de revalorizar, en este caso, un mito auténticamente americano, y con ella nuestra historia y nuestra tradición, sin necesidad de mirar a los mitos europeos que anularon nuestros propios mitos.

A su vez se nos recordará a esta niña, precisamente por su condición de niña. Hablar de una niña es también hablar de inocencia, candidez, ilusión, vitalidad y virginidad. Y es por estas cualidades que el yo lírico quiere que la recordemos.

El estribillo "la que se murió de amor" quedará marcado en la memoria de los oyentes del poema a través de su reiteración constante. No importa cuantos nombres técnicos y explicaciones racionales le podamos dar a esa muerte, existe detrás de ella algo inexplicable, que no pertenece al mundo de la racionalidad, sino al mundo de los sentimientos. El amor, como sentimiento, ha sido de los más difíciles de explicar durante toda la historia de la humanidad, y las conductas de los enamorados, han resultado, en la historia, un gran misterio para la razón. Es por ello que el yo lírico afirma conocer la causa de la muerte, y sin necesidad de explicarla, se la atribuye al amor, algo que cualquier persona conectada con ese sentimiento puede entender. El concepto de amor se puede ampliar, y puede ir mucho más allá que la idea del amor a una persona, lo que permite relacionar al yo lírico con esta niña. Este estribillo, que simplemente se plasma en esta introducción, se irá desarrollando a través del poema.

Eran de lirios los ramos,
y las orlas de reseda
y de jazmín la enterramos
en una caja de seda.

La primera estrofa, luego de la introducción, refiere a una descripción del funeral. Esta descripción está cargada de sensorialidad y de imágenes, tal como se podría plantear en un cuadro, es por ello que nos acercamos aquí a los aspectos parnasianistas que el modernismo adoptó. La imagen cargada de flores de diferentes colores: violetas, amarillas y blancas, dan vivacidad, colorido e importancia a este entierro. No es un funeral común, es el funeral de una virgen, de una niña. Es por ello que para él se toman tantas consideraciones, y hay en él tanto colorido.

Las flores puestas en estas circunstancias, el entierro, no tienen el mismo valor que arriba se había mencionado. Estas no son flores de vida, y vitalidad ("cuento en flor") sino flores para un entierro, flores que pretenden acompañar a la muerte que resulta demasiado dolorosa para el pueblo, por tratarse de una niña que jamás logró la plenitud de su vida, que no llegó, ni llegará a su madurez, que muere antes de ser mujer, pero que se pretende rescatar, a través de la historia ("cuento en flor"), y a través del colorido que expresa ese dolor. Esta condición de niña hace más patética, condenable e imperdonable la actitud del que la traiciona con su falta de memoria, porque faltar a la memoria también es una traición.

El yo lírico vuelve a utilizar una catacresis cuando dice "en una caja de seda", y suaviza así la imagen del cajón mortuorio. El cajón, algo duro, rígido, inquebrantable, queda suavizado por la seda, porque resulta doloroso aceptar la muerte, rígida, dura e inquebrantable, simbolizada en esa "caja", (y apréciese que no dice "cajón", sino que también suaviza la imagen hablando de "caja") para alguien tan frágil y vulnerable como esa niña. Esta es una Virgen americana que se relaciona con el amor, concepto que se completará en valores durante el poema.

... Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Comienza la historia, y el yo lírico pone los puntos suspensivos marcándonos que va a ir hacia un pasado mediato, para explicarnos el pasado inmediato. Pero elegirá de ese pasado, lo esencial, y no todos los hechos, jerarquizará aquellos que condensen la situación y den mayor efectividad e impacto. Esto resulta fundamental en el poema, porque el presente se explica siempre por la existencia de un pasado que nos ha colocado en este lugar, de allí la importancia capital de la memoria. La falta de memoria nos condena a una no comprensión del presente, y por lo tanto a la posibilidad de un error fatal. Por ello la historia que hoy se cuenta en este poema, tiene aspectos míticos, tiene la voluntad de rescatar de ella una memoria colectiva, a través de una memoria y una historia individual.

El hombre que traiciona a la niña, tampoco tiene nombre, se lo llama como el "desmemoriado", resaltando así la característica de este hombre como aquel que no tiene memoria. La memoria y lealtad son pilares fundamentales que sostienen al concepto de amor y los dos son traicionados por el desmemoriado. Desde el momento que no existe la memoria no puede existir la lealtad1. Su falta de memoria provoca, como consecuencia la muerte. La falta de memoria de un pueblo también puede provocar la muerte de la identidad de éste.

La acción de darle una "almohadilla de olor", se relaciona con las prendas de amor que suelen darse los enamorados. El amor se mantiene vivo, habitualmente, en la realidad y en la literatura, por medio de "prendas de amor", de regalos que los enamorados se dan para mantener viva la memoria en el otro. Habitualmente, ambos se intercambiaban prendas, como prueba de ese compromiso y esa lealtad que mantendrían con el otro. En este caso, sólo ella entrega su prenda de amor. Ella se compromete, pero no se aclara que él también se haya comprometido con ella, con lo cual es una doble traición, la indiferencia de él frente a este acto que no sabe valorar y la desmemoria.

La prenda que ella le entrega es un símbolo: "una almohadilla de olor". A través de esta sinestesia lexicalizada que reúne al sentido del tacto y del olfato, se quiere mostrar que el recuerdo, la memoria debe apelar a todos los sentidos posibles; este acto de amor busca enseñar esta verdad. Por otra parte, esta almohadilla encierra dentro de ella un secreto, el olor, que sólo descubre quien tiene en su mano la almohadilla, con lo cual es un objeto que llama a un compromiso y una intimidad. A su vez, el sentido del olfato es uno de los sentidos que más despiertan a la memoria. Sin embargo, la almohadilla de olor tiene un tiempo de vida, es decir, cuando transcurre mucho tiempo, esta pierde su esencia: el olor. Cada tanto debía renovarse la hierba que se introducía dentro de la almohadilla para que ésta conservara su olor. Esta renovación nunca se cumplió, con lo cual la pérdida del olor se relaciona con la pérdida de memoria del hombre. Nunca se renovó el compromiso, lo que demuestra la indiferencia de él hacia ella. Darle un objeto de efímera vida, muestra por un lado las expectativas de ella: la ausencia sería corta; y por otra lado la inocencia de la niña, ya que esperaba el compromiso de él.

El yo lírico utiliza tres versos para ella y uno para él. Los primeros dos versos marcan la acción de ella, el tercer verso, conciso y condensado, la acción de él, lo que nos resalta la indiferencia y lo que ésta provoca en ella. Esa indiferencia es como un golpe mortal para ella. A través de la forma de la estrofa se golpea a quien escucha la historia, haciéndolo cómplice del sentir de la niña, y haciéndose a su vez, cómplice el yo lírico con la situación de la niña. Esta estructura de las estrofas referidas al pasado se repetirán casi idénticamente, excepto cuando se suicida, en la cual se sustituirá el verso de él por el decir del doctor.

A la acción de ella (en dos versos) se le presta más atención contrastando con la indiferencia de él. Ella se mueve, ella hace, busca, desea, y él (en un solo verso) destruye con su vuelta, no sólo las expectativas de ella, sino su vida. Este verso "él volvió, volvió casado", es, por su característica de condensado, tan incisivo como un puñal, puñal que destruirá la vida de ella. La reiteración de la palabra "volvió" muestra la caída de la ilusión de ella: "él volvió", su expectativa parece cumplirse, y el verso, en su primera mitad llega al punto más alto, pero una coma corta el verso por la mitad (cesura), tal como su ilusión se corta por la mitad, y de ese punto más alto cae a lo más bajo a causa de su traición, "volvió casado", él vuelve pero no como ella espera, vuelve mostrándole todo lo indiferente que fue él frente al amor que ella le profirió, y es precisamente esta caída de su ilusión lo que hace que aparezca el estribillo, como la causa de su muerte. El poema parece decir que más allá de que ella haya tomado la decisión del suicidio, la causa de su muerte fue la desmemoria e indiferencia de él, algo que su amor no pudo soportar.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.

Otra vez aparece, intercalado con la historia, el pasado inmediato, mostrándonos como existe entre la historia y el presente una relación íntima, y tanto el presente como el pasado se intercalan en lo cotidiano. A su vez, esta estrofa referida al entierro funciona como dilatador, se busca bajar la tensión que se había provocado en la situación presentada en la estrofa anterior. La imagen, que vuelve a recordarnos la influencia parnasianista, se hiperboliza3 en este rito funerario. En este caso, la hipérbole está en que quienes lloran y acompañan el entierro, no son curas solamente, sino uno de los grados más altos de autoridad de la iglesia, igual sucede con la autoridad política, esto nos muestra la repercusión que tuvo esta muerte. Estamos frente a la muerte de una niña, una virgen, como habíamos planteado anteriormente.

Lo mismo sucede con el pueblo que acompaña en el llanto. El colorido de las flores parece vestir al pueblo, y simbolizan aquí como anteriormente el llanto y el dolor que es unánime, por ello la palabra "todo" que potencia, en cantidad, a la palabra "pueblo" y la expresión "en tandas", ya que da la idea de multitud que nunca termina. Este funeral está revestido con la idea de popularidad que tiene esta historia, y es por ello que debe mantenerse viva. Ha sido una historia que ha conmovido a un pueblo entero, en un pasado y debe seguir conmoviendo en un presente.

... Ella por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador:
él volvió con su mujer;
ella se murió de amor.

Una vez más se vuelve al pasado mediato para aclarar el pasado inmediato.

Se utilizan aquí verbos relacionados desde el aspecto fónico, así como desde el aspecto semántico, en los tres primeros versos: "volverlo", "ver", "verlo", "volvió". El primer verbo incluye, fónicamente, al verbo "ver", porque lo único que esta niña puede hacer es verlo, no podrá tocarlo, ni estar con él. Esta imposibilidad nos remite a un amor que sólo se limita a admirar a distancia, como un sino trágico en la historia. Siempre la niña amará a este hombre en la distancia, y en ese amor, que exige mayor compromiso que la presencia, es donde este hombre falla. No amará, ni amó jamás, con la intensidad y el compromiso que amó ella. Apoyando esta idea, se nos habla de un "mirador", un lugar adecuado para mirar y nada más, ya que los miradores de la época solían ser cerrados, con un vidrio que imposibilitaba lo audible. Un mirador, a su vez, nos sugiere la idea de altura, ella se encuentra en un plano superior a él, aun cuando él tenga una mujer. El amor de ella es superior al amor terrenal, y eso se ve en este contraste de planos físicos. Pero también esta altura implica distancia y soledad. Amar de esa manera también distanciamiento de lo terrenal y soledad. Hay en ella una divinización del objeto amado, que al volver con una mujer al lado, muestra un amor terrenal que rompe con la ilusión de lo divino.

A su vez, hay un contraste entre "mujer" y "niña". El concepto de mujer implica otra madurez y plenitud, es otro estado de la vida humana y tiene relación con el encuentro sexual. Este hombre ha hecho con esta mujer lo que jamás hizo con esta niña.

Hay una aliteración0 de sonidos fuertes como la "r" y la "v", que relacionado con esta imagen, nos muestra la impotencia que el yo lírico, casi con ira, sugiere, arrastrando estos sonidos. Es un sonido fuerte ("r"), que se apaga, y se reprime con el sonido bilabial ("v").

Se utiliza una estructura paralelística4: "el volvió con su mujer/ ella se murió de amor", sujeto - verbo - complemento. Cada verso se refiere a uno de los personajes de la historia, y el verbo "volvió" se homologa con "murió", porque uno es consecuencia del otro. Igual sucede con los complementos "con su mujer" / "de amor", que él vuelva con una mujer no implica que conozca el amor (tanto él como su mujer), por ello se contraponen. Como uno es consecuencia del otro y los versos se complementan de manera condensada en la historia, estamos frente a un paralelismo sintético. La utilización del recurso paralelismo tiene también un sentido semántico, la vida de ellos es paralela, nunca podrán juntarse, no solo en el concepto amoroso son distintos y "paralelos", sino también por el impedimento físico (el mirador/ la calle, la muerte de ella/ la vida de él)

Como de bronce candente
al beso de despedida
era su frente - ¡la frente
que más he amado en mi vida!

Cuando el poeta vuelve al pasado inmediato, la mayor parte de la historia, y la razón de la muerte ella ya está esbozada, con lo cual, el yo lírico ya ha involucrado al auditorio con la historia y está pronto para mostrar su opinión y sentimientos frente al suceso. Esta conmoción interna que siente el yo lírico, se deja ver, ya, en el hipérbaton5 que se produce en los tres primeros versos. El orden lógico de la oración sería: su frente era como de bronce candente, al beso de despedida. En primer lugar, el yo lírico muestra su afectación emotiva frente al hecho que lo hace retorcer los versos, tal como cuando la emoción nos obliga a no ser claros con lo que decimos. En segundo lugar, este hipérbaton resalta la imagen con que se compara la frente, y permite juntar luego la frente del pasado inmediato, la frente de la muerta, con el sentir íntimo del yo lírico, dejando en el medio, protegido, el momento del beso, que resulta ambiguo: ¿a qué despedida se refiere? ¿estamos en el pasado mediato o en el inmediato?. Por los aspectos formales, suponemos que estamos hablando del funeral, y que el yo lírico es uno más del pueblo, que se identifica, emotivamente con la historia de la niña, al punto tal de enaltecerla y admirarla, y por lo tanto amarla por sus valores heroicos, tan necesarios, según su visión, para el concepto de lo humano. Este acto heroico, sobresale al común de los hombres, y por eso se transforma en un mito que nos enseña el valor de la heroicidad. Podría pensarse que el yo lírico ama a esa niña como símbolo del amor. Lo que nos conecta con el aspecto simbolista del modernismo.

Pero si dejáramos de lado el aspecto formal y tomáramos esta estrofa como una estrofa particular, ya que el yo lírico expresa, por primera vez, abiertamente su emoción, podríamos sugerir que esa "despedida" se relaciona con la despedida del "desmemoriado". Pasado mediato e inmediato se unen, y esto nos abre un camino diferente de interpretación: el yo lírico podría pensarse como el "desmemoriado" que reconoce, a través de esta historia, las consecuencias de sus actos. Pero si la despedida de la que se habla es la del "desmemoriado", entonces la traición se hace más profunda, ya que llegó a darle "un beso candente" y por lo tanto su indiferencia al volver es mucho más condenable.

Es interesante reparar en este encuentro entre el pasado y el presente, a través de esta estrofa tan ambigua, dado que esta relación entre pasado y presente es un eje temático en el que gira constantemente el poema. Lo pasado siempre está presente, y uno explica al otro, con lo cual es nuestra responsabilidad el no olvidar, no para castigar, sino para entender, y ser capaces de sentir y conmovernos para no cometer los mismos errores.

La comparación6 de la frente con el bronce candente nos llena de colorido la imagen. A su vez hay en el término comparante una sinestesia7, en este caso se relacionan lo visual con lo térmico. El bronce que sugiere el color vivaz del metal y el adjetivo sugiere el calor de esa niña, calor que a su vez está hiperbolizado, y tiene relación con el amor. Si esta estrofa se refiere al momento del funeral, si el beso es dado cuando ella está ya muerta, el milagro, el misterio, está en que el amor de ella continúa presente aún después de la muerte, lo que hace más vigente su historia. Si luego de que la sacan del río, fría, ella sigue con su frente caliente, ¿por qué no seguirá así, aunque pasen los siglos? El yo lírico sugiere, entonces, que un amor con esta intensidad (a través de la antítesis: frío / calor) continúa vivo en el cuerpo, aún cuando no haya vida en la persona. El amor entonces trasciende la muerte física y queda en la materia, con más razón aún debe quedar en nuestra memoria.

... Se entró de tarde en río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío:
yo sé que murió de amor.

Luego de haber explicado las circunstancias de su decepción, el yo lírico hablará de las circunstancias de su muerte, porque la decepción y la muerte son conceptos que se relacionan íntimamente. La decepción es la muerte de una ilusión, y dependiendo de la intensidad de esa ilusión, podrá tener las consecuencias de la muerte física. Pero siempre es bueno recordar que la ilusión no es la realidad.

La forma en que se relata la muerte de ella nos sugiere que ha sido una acción pensada, producto de una reflexión y un deseo, y no una acción por reacción. No se tira rápidamente, sino que entra lentamente en el río.

Esta entrada lenta, también coincide con la hora del día en que se mata: al atardecer, cuando el día muere. De esta manera, la niña, llena de luz, de vida, muere tan lentamente como la tarde. La acción de ella es acompañada en este paralelismo psicocósmico8, recurso tan utilizado por los románticos.

La acción del doctor es planteada de manera rápida y concreta, pero más allá de su rapidez, no es efectiva, porque ya la saca muerta, lo que nos tiñe al poema de fatalidad. El doctor, encarnación de la última esperanza en un mundo moderno, se ve aquí como inútil frente a estas circunstancias, lo que patetiza la tragedia. La ciencia encuentra una explicación racional para dar las razones de la muerte, y esta explicación resulta insuficiente para dar cuenta de esta muerte. "Dicen que murió de frío", los otros, los demás pueden aventurar una respuesta racional, y en un paralelismo antitético, el yo lírico demuestra su certeza "yo sé...", mostrando que su explicación de por qué murió, es algo que escapa a la racionalidad. A su vez, el verbo "dicen" nos habla de lo difuso del comentario, que se contrapone con la certeza de él. Él puede saber la causa de su muerte, ya sea porque es un testigo sensible de la historia, o porque es él mismo el "desmemoriado", y por ello la historia le resulta tan íntima. Sin duda el yo lírico es alguien especial en este "cuento", no solo por su conducta en todo el relato, frente a lo que sucede, sino porque el enterrador lo llama especialmente. Pero eso se mantendrá en un misterio durante todo el poema.

Este paralelismo tendrá esta construcción: "Dicen que murió de frío/ Yo sé que murió de amor"

"Dicen" se contrapone con "yo sé", es decir, el mundo exterior se contrapone con el mundo interior, lo que hace más fuerte y creíble su certeza, por esa condición de anteponerse al mundo. También se contraponen "frío" y "amor". Si bien se mira, en estas circunstancias, estos dos conceptos se relacionan desde diferentes planos, el frío del "desmemoriado", provoca la muerte por amor. Murió a causa del frío del desmemoriado, murió a causa de su amor no correspondido.

El estribillo, el leit motiv9 de la muerte de ella tiene el propósito de descubrir una verdad por más cruda que sea. Martí dirá en su prosa poética "mis versos", que ama la sinceridad, y se juega por ella, aún cuando ésta sea cruda.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos,
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Se vuelve al presente con la imagen del momento en que la colocan en la tumba, que el yo lírico describe como "bóveda helada". La imagen de la bóveda nos habla de un espacio inmenso y frío, pero también nos hace pensar en la religiosidad del acto. Las bóvedas se encuentran habitualmente en las iglesias, lo que se suma al símbolo virginal de esta niña. De esta bóveda se resalta, a través de una sinestesia, su condición de "helada", y el parecido fónico entre "bovéda" y "helada", da la sensación que este adjetivo es inherente a la bóveda y al hiperbolizarse así el frío nos acercamos más a la idea de la muerte como algo inevitable. Esta antítesis entre el frío del lugar y el calor del amor que esta niña sintió en su vida genera un contraste entre vida y muerte, y a su vez una sensación de impotencia e injusticia frente a este suceso.

Otra vez, el yo lírico utiliza una estructura paralelística para mostrar su sentimiento frente a este suceso, en este caso un paralelismo sinonímico. Utiliza el verbo besar, y de esta forma, a través de la acción nos deja ver su desesperación y afecto hacia la muerta. Dice que besa dos partes de su cuerpo, su mano y sus zapatos. De esta "mano afilada", nos deja ver la delicadeza y la fragilidad de esta niña. El besar la mano de una persona es muestra de respeto y es una forma de comprometerse a servirle. Este yo lírico, que no puede servirle en vida, tratará de servirle a pesar de su muerte, manteniéndola viva con la historia. Compromiso que él parece hacer en este gesto.

El beso hacia sus "zapatos blancos" también es una muestra de respeto y devoción, se puede pensar en la expresión popular "besar los pies" para dar muestras de este respeto. Si este yo lírico es el desmemoriado, como vimos que podía interpretarse, esta acción de besar su mano y sus pies nos sugiere la humillación y el arrepentimiento frente a lo que ha provocado su acción, con lo cual, este gesto se transforma en una especie de reparación de su indiferencia.

El adjetivo "blanco" nos da una pauta de que la niña fue enterrada vestida de blanco, tal como una novia, lo que nos muestra su pureza y nos conecta violentamente con lo que nunca podrá ser. A diferencia de otras muertes que nos conectan con nuestra vida, y nuestra inevitable muerte, (todos pasaremos por esta instancia), esta muerte nos conecta con la impotencia y lo que nunca fue.

Callado, al oscurecer,
me llamó en enterrador.
¡Nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor!

La estrofa final funciona como cierre de la historia. Aparece el personaje del "enterrador" que es quien cumple la función de "enterrar" aquella parte material de la historia, pero no podrá enterrar, ni está en su voluntad enterrar el recuerdo, es por ello que llama a este yo lírico, que está empeñado en mantener el recuerdo vivo. La forma en que este personaje llama al yo lírico ("callado") habla, precisamente, de un acto que va en contra de su función.

La referencia al momento del día en que éste llama al yo lírico, también tiene relación con esa "ilegalidad" de profanar su tumba. Por otra parte, la noche es un momento misterioso, y esta estrofa resulta, también misteriosa, dado los últimos dos versos: "Nunca más he vuelto a ver / a la que murió de amor". ¿A qué se refiere? ¿La niña ha resucitado y ya no se encuentra en su tumba? Esto nos llevaría a pensar en las características virginales y misteriosas que rodearon a esta historia que ha perdurado y movido a todo un pueblo.

Por otra parte, estos dos últimos versos tiene otra lectura válida y que se complementa también con el misterio. Si uno piensa en esta expresión ambigua, podría pensar que este yo lírico nunca más volvió a ver una historia, y a una niña capaz de morir de amor como lo hizo ésta. Esta niña, única, jamás se repetirá en otra, tal vez porque los tiempos son otros, tal vez porque el concepto de amor ya no es el mismo, tal vez porque la heroicidad y nobleza de esta niña no es algo fácil de ver. Ella se mantiene fiel a sus creencias, firme en su deseo, y es capaz de dar la vida si piensa que nunca lo alcanzará. De la misma forma, José Martí, fiel a sus creencias e ideales, firme en su deseo de ver a su país libre, fue capaz de dar la vida, no sólo a través de su poesía, sino también a través de la lucha armada, aun cuando él fuera un muy mal combatiente. Sin confundir al yo lírico con el autor, podemos suponer que este yo lírico y Martí tienen muchas razones para identificarse con esta niña.

Vocabulario de recursos literarios:

- Sinestesia: cuando se juntan dos imágenes que apelan a sentidos diferentes. En este caso el tacto y el olfato.

- Hipérbole: exageración.

- Aliteración: Es una figura de dicción, o elegancia por combinación, que consiste en repetir una misma letra en la cláusula, con el fin de hacerla armoniosa, con una armonía imitativa particular. "El ruido con que rueda la ronca tempestad" (Zorrilla).

- Paralelismo: consiste en un procedimiento por el cual se divide el período poético en dos partes, en la segunda repite la idea contenida en la primera, amplificándola, sintetizándola o contraponiéndose a la misma (sinonímico, antitético, sintético). Construcción paralela de los versos.

 -Hipérbaton: desorden gramatical de la oración, provocado con fines estéticos.

- Comparación: es cuando dos términos se relacionan entre sí por una similitud, a través de un nexo compartivo "como". Los dos términos (comparante y comparado) se encuentran presentes en esta figura literaria

- Paralelismo psicocósmico: es cuando el personaje y el paisaje o clima están en armonía o se relacionan uno con otro, mostrando de esta manera el sentir del personaje a través del ambiente físico.

- Leit motiv: motivo que se repite durante todo el poema.
Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.

José Hernández - Martín Fierro. Canto VII (texto)

Marín Fierro
Canto VII. Pelea con el moreno

188

De carta de más me vía
sin saber a donde dirme;
mas dijeron que era vago
y entraron a perseguirme.

189

Nunca se achican los males,
van poco a poco creciendo,
y ansina me vide pronto
obligado a andar juyendo.

190

No tenía mujer ni rancho
y a más, era resertor;
no tenía una prenda güena
ni un peso en el tirador

191

a mis hijos infelices
pensé volverlos a hallar,
y andaba de un lao al otro
sin tener ni qué pitar.

192

Supe una vez por desgracia
que había un baile por allí,
y medio desesperao
a ver la milonga fui.

193

Riunidos al pericón
tantos amigos hallé,
que alegre de verme entre ellos
esa noche me apedé.

194

Como nunca, en la ocasión
por peliar me dio la tranca.
Y la emprendí con un negro
que trujo una negra en ancas.

195

Al ver llegar la morena,
que no hacía caso de naides,
le dije con la mamúa:
va–ca–yendo gente al baile.

196

La negra entendió la cosa
y no tardó en contestarme,
mirándome como a un perro:
más vaca será su madre.

197

Y dentró al baile muy tiesa
con más cola que una zorra,
haciendo blanquiar los dientes
lo mesmo que mazamorra.

198

!Negra linda!– Dije yo.
Me gusta– pa la carona;
y me puse a champurriar
esta coplita fregona:

199

a los blancos hizo Dios,
a los mulatos san pedro,
a los negros hizo el diablo
para tizón del infierno.

200

Había estao juntando rabia
el moreno dende ajuera;
en lo escuro le brillaban
los ojos como linterna.

201

Lo conocí retobao,
me acerqué y le dije presto:
po–r–rudo que un hombre sea
nunca se enoja por esto.

202

Corcovió el de los tamangos
y creyéndose muy fijo:
¡más porrudo serás vos,
gaucho rotoso!, Me dijo.

203

Y ya se me vino al humo
como a buscarme la hebra,
y un golpe le acomodé
con el porrón de ginebra.

204

Ahi nomás pegó el de hollín
mas gruñidos que un chanchito,
y pelando el envenao
me atropelló dando gritos.

205

Pegué un brinco y abrí cancha
diciéndoles: caballeros,
dejen venir ese toro.
Solo nací– solo muero.

206

El negro, después del golpe,
se había el poncho refalao
y dijo: vas a saber
si es solo o acompañado.

207

Y mientras se arremangó,
yo me saqué las espuelas,
pues malicié que aquel tío
no era de arriar con las riendas.

208

No hay cosa como el peligro
pa refrescar un mamao;
hasta la vista se aclara
por mucho que haiga chupao.

209

El negro me atropelló
como a quererme comer;
me hizo dos tiros seguidos
y los dos le abarajé.

210

Yo tenía un facón con s,
que era de lima de acero;
le hice un tiro, lo quitó
y vino ciego el moreno;

211

y en el medio de las aspas
un planazo le asenté,
que lo largué culebriando
lo mesmo que buscapié.

212

Le coloriaron las motas
con la sangre de la herida,
y volvió a venir jurioso
como una tigra parida.

213

Y ya me hizo relumbrar
por los ojos el cuchillo,
alcanzando con la punta
a cortarme en un carrillo.

214

Me hirvió la sangre en las venas
y me le afirmé al moreno,
dándole de punta y hacha
pa dejar un diablo menos.

215

Por fin en una topada
en el cuchillo lo alcé,
y como un saco de güesos
contra un cerco lo largué.

216

Tiró unas cuantas patadas
y ya cantó pal carnero:
nunca me puedo olvidar
de la agonía de aquel negro.

217

En esto la negra vino
con los ojos como ají
y empezó la pobre allí
a bramar como una loba.
Yo quise darle una soba
a ver si la hacía callar,
mas pude reflesionar
que era malo en aquel punto,
y por respeto al dijunto
no la quise castigar.

218

Limpié el facón en los pastos,
desaté mi redomón,
monté despacio y salí
al tranco pa el cañadón.

219

Después supe que al finao
ni siquiera lo velaron,
y retobao en un cuero,
sin rezarle lo enterraron.

220

Y dicen que dende entonces,
cuando es la noche serena
suele verse una luz mala
como de alma que anda en pena.

221

Yo tengo intención a veces,
para que no pene tanto,
de sacar de allí los güesos
y echarlos al camposanto.

Nicolás Guillén - Barlovento (texto)

Barlovento (Nicolás Guillén)

I

Cuelga colgada,
cuelga en el viento,
la gorda luna
de Barlovento .

Mar: Higuerote.
(La selva untada
de chapapote.)

Río: Río Chico.
(Sobre una palma,
verde abanico,
duerme un zamuro
de negro pico.)

Blanca y cansada,
la gorda luna
cuelga colgada.

II

El mismo canto
y el mismo cuento,
bajo la luna
de Barlovento .

Negro con hambre,
piernas de soga,
brazos de alambre.

Negro en camisa,
Tuberculosis
color ceniza.

Negro en su casa,
cama en el suelo,
fogón sin brasa.

¡Qué cosa cosa,
más triste triste,
más lastimosa!

(Blanca y cansada,
la gorda luna
cuelga colgada.)

III

Suena, guitarra
de Barlovento ,
que lo que digas
lo lleva el viento.

-Dorón dorando.
un negro canta,
y está llorando.

-Dorón dorendo,
ni yo me alquilo,
ni yo me vendo.

-Dorón dorindo,
si me levanto,
ya no me rindo.

-Dorón dorondo.
de un negro hambriento
yo no respondo.

(Blanca y cansada,
la gorda luna
cuelga colgada.)

Nicolás Guillén - La Muralla (texto)

LA MURALLA


A Cristina Ruth Agosti

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
Los negros, su manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel...
—¡Abre la muralla!

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel...
—¡Cierra la muralla!

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel...
—¡Abre la muralla!

—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés...
—¡Cierra la muralla!

Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;

al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;

al diente de la serpiente,
cierra la muralla;

al ruiseñor en la flor,
abre la muralla...

Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte...

Nicolás Guillén, 1958

.

José Hernández - Martín Fierro. Canto I (texto)

El gaucho Martín Fierro



Canto 1

Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que el hombre que lo desvela
Una pena estrordinaria,
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.

Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento,
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.

Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista;
Pido a mi Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien otenidas,
Y que después de alquiridas
No las quieren sustentar
Parece que sin largar
Se cansaron en partidas.

Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar,
Nada lo hace recular
Ni las fantasmas lo espantan;
Y dende que todos cantan
Yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir,
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pie del Eterno Padre;
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra;
El cantar mi gloria labra
Y, poniéndome a cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento;
Como si soplara el viento
Hago tiritar los pastos;
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuándo acabar
Y me envejezco cantando:
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman;
Naides me pone el pie encima,
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo
Y torazo en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar
Salgan otros a cantar
Y veremos quién es menos.

No me hago al lao de la güeya
Aunque vengan degollando;
Con los blandos yo soy blando
Y soy duro con los duros,
Y ninguno, en un apuro
Me ha visto andar tutubiando.

En el peligro ¡Qué Cristos!
El corazón se me enancha,
Pues toda la tierra es cancha,
Y de esto naides se asombre:
El que se tiene por hombre
Donde quiera hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiéndanló
Como mi lengua lo esplica:
Para mí la tierra es chica
Y pudiera ser mayor;
Ni la víbora me pica
Ni quema mi frente el sol.

Nací como nace el peje
En el fondo de la mar;
Naides me puede quitar
Aquello que Dios me dió:
Lo que al mundo truje yo
Del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre
Como el pájaro del cielo;
No hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir,
Y naides me ha de seguir
Cuando yo remuento el vuelo.

Yo no tengo en el amor
Quien me venga con querellas;
Como esas aves tan bellas
Que saltan de rama en rama
Yo hago en el trébol mi cama
Y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan
De mis penas el relato
Que nunca peleo ni mato
Sino por necesidá
Y que a tanta alversidá
Sólo me arrojó el mal trato.

Y atiendan la relación
Que hace un gaucho perseguido,
Que padre y marido ha sido
Empeñoso y diligente,
Y sin embargo la gente
Lo tiene por un bandido.

Delmira Agustini - El Intruso (texto)

EL INTRUSO


Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.

¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera!

Delmira Agustini - Explosión (texto)

EXPLOSIÓN


¡Si la vida es amor, bendita sea!
Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea.
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría...
rotas las alas, mi melancolía;
como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!

Juana De Ibarbourou - Vida Garfio (texto)

VIDA-GARFIO


AMANTE: no me lleves, si muero al camposanto.
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra,
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
yo subiré a mirarte en los lirios morados!

Juana De Ibarbourou - La hora (texto)

LA HORA


TÓMAME ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora , que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.

Después...¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

Romances medievales

  LOS ROMANCES Definición Se llama romance, en literatura, a la composición épico-lírica que consiste en una tirada larga de versos o...