lunes, 17 de enero de 2011

Generación del '20 en la narrativa uruguaya

GENERACIÓN DEL '2O EN LA NARRATIVA URUGUAYA
Información general sobre Espínola, Morosoli y Felisberto Hernández

Desde hace tiempo, la narrativa se encontró dividida en dos grandes grupos: narrativa ciudadana, y narrativa del campo. Sin embargo, a nivel de cuentos, dos grandes precursores se encuentran en el '900: Quiroga, en el cuento ciudadano, aunque luego haya variado sus rumbos; y Javier de Viana con el cuento del campo.

A nivel histórico, tenemos que marcar algunos incidentes mundiales y particulares que han influido en la literatura de la época. A nivel mundial, por un lado en necesario recordar que nos encontramos ya con el final de la Primera Guerra Mundial que impactó tremendamente la forma de ver y sentir el mundo. La Primera Guerra hizo reflexionar al hombre sobre la brevedad de su vida y la razón de su existencia. Con lo cual la literatura se hará dueño de esta clase de temas, tratando de explicar al hombre y su comportamiento, buscando aquello que lo diferencia de los animales y los separa de la bestialidad, que la guerra había dejado al descubierto. En suma, buscando una ética de lo humano.

Por otra parte, a principios del siglo XX, Freud, el padre de la psicología, había expuesto ya sus teorías, que habían revolucionado, en todos los aspectos, la visión del hombre. Hay, en el hombres, zonas oscuras que éste no puede explicar racionalmente, y para horror de ellos, esas zonas son mayoría, con lo cual la mayor parte de su comportamiento es inexplicable. Lo que lleva a la literatura y al arte a investigar y tratar de expresar aquellos aspectos irracionales o inexplicables del hombre.

Y por último, la aparición de la Teoría de la Relatividad de Einstein, hizo con la época y el arte, su parte. La Teoría de la Relatividad hizo pensar al hombre que la realidad ya no es una sola, sino que todo depende del lugar desde donde se mire. Con lo cual, la idea de una verdad única, se quiebra, y todo se vuelve ambiguo o relativo.

A nivel nacional, tenemos que tener en cuenta que estamos en un Uruguay que avanza a pasos agigantados, lo que hace que el hombre se encuentre, muchas veces perdido frente a los cambios vertiginosos de la época. Esto sucede, tanto a nivel ciudadano como en el campo. Dado que Espínola se dedicó a la narrativa del campo, es necesario detenernos allí. La tecnología agrícola que ha venido avanzando durante el siglo, ha hecho que el hombre de campo se convierta en peón, y a su vez, en desocupado, lo que provocó una inmigración masiva a la ciudad y despoblamiento de los campos, y con ello nuestros valores tradicionales.

Ésta es una de las razones por las cuales, la literatura de Espínola, como la de Morosoli, tiene esa mezcla de rescate de valores tradicionales, con un ahondamiento en los requiebres psicológicos de los personajes que se hacen tremendamente profundos, y con una postura ética y moral del hombre. Ya no vamos a estar frente a un narrador como los creado por Quiroga, que no juzga la acción, sino que permite que el lector lo haga, a través de la presentación de los hechos. Ahora estaremos frente a un narrador, que no sólo juzga, sino que también da su postura ética del mundo.

En cuánto a la literatura ciudadana heredada por Quiroga encontramos a Felisberto Hernández, que merecería algunas explicaciones especiales.

Felisberto tiene en su narrativa influencias de una de las corrientes de vanguardia más reconocidas en el siglo XX, que es el surrealismo. Esta vanguardia que nace en Europa es una de las que más perdura en el tiempo.

Pero ¿qué son las Vanguardias? Se llamaba así a los movimientos artísticos nacidos a principio del siglo XX. Estos movimientos son consecuencia directa de un mundo convulsionado por la primera Guerra Mundial. Los hombres pierden identidad, se mueren los jóvenes, el mundo se tecnifica y el entorno que rodea al hombre cambia de forma vertiginosa. Y ¿qué ha hecho el arte frente a esto? Nada. Ha seguido anquilosado en su mundo del siglo XIX, en su torre de marfil, indiferente a lo que pasa. No está en contacto con la realidad, sino más bien con lo que cree que debe su verdad, que no se involucra. Más allá de si esto es cierto, los jóvenes de principio del XX criticaban así al arte del siglo XIX que se mantenía desconectado, desilusionado de la realidad hipócrita y superficial en la que vivían.

Así las Vanguardias, formadas por grupos de jóvenes entusiastas, y profundamente golpeados por la realidad que los circundaba, deciden provocar al mundo, sacudir al arte de su modorra, mover las cimientes de toda la cultura occidental, hasta, incluso, dinamitarlas. Así nacen los manifiestos provocadores, el arte que provoca escándalo, la búsqueda de “espantar al burgués”. Podríamos citar montones de ejemplos en que estos grupos trasgredieron las “buenas costumbres” de esa sociedad hipócrita y pagana, tal como ellos la entendían.

El arte se volvió algo que debía realizarse en cinco minutos, o que no tenía el propósito de trascender. Así nacieron las “performance”, especie de obras teatrales y plásticas, que duraban cinco minutos y cuya finalidad era escandalizar. Pero estos movimientos no duraron mucho. Terminaron concluyendo en dos grandes corrientes: el cubismo, el surrealismo y el expresionismo. Todas con cosas en común y con principios diferentes. La primera profundamente arraigada en la razón. Los cubistas no pintaban lo que veían, sino lo que la razón veía. Así si una figura humana tiene dos ojos, y está de perfil, deben pintarse no lo que se ve, sino lo que es racionalmente: la cara de costado con sus dos ojos de frente. Algo que deformaba la realidad, pero que explicaba cómo veían ellos el mundo.

El expresionismo trató de pintar el mundo cómo lo sentía, de forma exasperada, horrorizada por la crueldad a la que el hombre podía llegar. Sus obras son más parecidas a la realidad, y su profundidad artística pone al hombre frente a su condición y su esencia. Son un espejo de lo que no quieren ver, en sus rasgos más esenciales, y más exasperantes.

La tercera vanguardia es la más complicada de explicar, y es en la que podemos encuadrar algunos aspectos de Felisberto, pero no todo. El surrealismo, al contrario del cubismo, no piensa en la razón, sino en la “sinrazón”. Ellos basan su arte en el “inconciente” descubierto por Freud. No escribirán en forma racional, sino en un clima onírico (sueño). Sus asociaciones serán irracionales, y su mirada del mundo no será la de la lógica común, sino la que rige nuestro más profundo inconciente, al que no sabemos cómo llegar. Su obsesión es descubrirlo. Trabajarán tratando de anular la razón, dejando fluir las asociaciones más locas.

Felisberto toma del surrealismo su mirada psicoanalítica del mundo. Él crea un narrador en primera persona, siempre desde su punto de vista. Y este narrador no verá lo que todo el mundo, sino que tendrá siempre una mirada tan parcial, tan infantil, que retrotraerá al lector a un mundo inocente, inexplicable, en un clima onírico, donde las cosas nunca quedan del todo claras.
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
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